Estas Navidades, mi novia y yo nos hemos decantado por una mezcla de playa y montaña. Nos hospedamos en un hotel rural de
Níjar que se llama
Cortijo la Alberca; desde allí estuvimos haciendo excursiones por todas partes.
Una de las rutas que mas me gustó fue la subida a un pueblecito cercano, Huebro. Optamos por una ruta poco ortodoxa, ya que en vez de hacerlo por el camino que recorre la montaña, lo hicimos remontando una rambla cercana al hotel rural. En el trayecto se podía respirar el encanto árabe de los molinos de agua, donde se hacía harina en un tiempo en el que los habitantes de Al-Andalus, por muy musulmanes que fueran, no tenían problema a la hora de tomar vino.
No me puedo olvidar de los mejores amaneceres y puestas de sol que he podido ver en mi vida. La costa, al estar dentro de un espacio protegido, está plagada de lugares con encanto, y como en ningún otro sitio, la luz es un invitado de excepción.
Encontramos muchas de la rutas que seguimos en
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