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Tema: BRASIL. Relato de nuestro viaje (Leído 1605 veces)
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Brasil es un país de dimensiones continentales, conocerlo en las tres semanas de vacaciones que disponíamos para el viaje era una utopía, de modo que decimos seleccionar determinados lugares y aprovechando el sistema de “air pass” realizar varios vuelos internos que nos permitieran visitar zonas separadas entre sí por miles de kilómetros. Nuestra ruta partía de Río de Janeiro en el sudeste del país, donde además de “a cidade maravillosa” íbamos a recalar en la deslumbrante Ilha Grande, situada un par de cientos de kilómetros al sur del estado. La segunda etapa del viaje tenía como objetivo central las Cataratas de Iguazú, en la frontera con Argentina. De Iguazú atravesaríamos todo el país en dirección nordeste, dejando atrás unos cuatro mil kilómetros para disfrutar de las paradisíacas playas del archipiélago Fernando de Noronha, separado 500 km. de las costas de Recife. El último destino no podía ser otro que el Estado de Bahía, donde después de conocer la capital Salvador, navegaríamos en ferry hacia la incomparable Morro de Sao Paulo en la isla de Tinharé, siguiendo rumbo sur camino de la bulliciosa Porto Seguro. El enlace aéreo de Porto Seguro a Río de Janeiro, donde tomaríamos el avión de retorno, cerraría nuestro recorrido.
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CONSIDERACIONES GENERALES:
Moneda.- La moneda oficial es el Real. Después de cotizar a 3,7 por euro en marzo, se produjo una apreciación considerable, llegando a 2,8 con un cambio medio durante nuestro viaje de 2.9 reales por euro, lo nos que supuso un incremento notable de los precios. Cambiar divisa en Brasil no es muy recomendable, pues suelen hacerte el cambio a 2,7 por lo que recomiendo pagar con tarjeta siempre que sea posible e ir sacando dinero del cajero, aunque no es factible desde todos los bancos, recomiendo buscar oficinas de Banco do Brasil y HSBC. Los precios.- Existe oferta de alojamiento en zonas turísticas a precios excelentes, los transportes, salvo el avión, son muy económicos, además la comida, alquileres de vehículos, excursiones, regalos, copas son en general más de doble de baratos que en España, de modo que el dinero rinde mucho. Las cosas cambian si los servicios son contratados por medio de mayorista, que abusan de los turistas de “paquete” y los asustan con la inseguridad ciudadana para que no se escapen de sus garras. Idioma.- El gallego nos facilitó mucho las cosas, tanto que al final del viaje y después de aprender unas cuantas palabritas, hablábamos fluidamente y nos confundían con portugueses. Los castellanos hablantes se hacen entender, aunque hemos observado que entablar una conversación puede les resultar complicado, el empleo del inglés no está muy extendido entre el pueblo brasileño. Clima.- En agosto el mes de nuestro viaje es invierno. De Río hacia el Sur el clima puede ser algo frío, en Río llueve menos en invierno y las temperaturas que disfrutamos oscilaban entre los 32-26 grados de día y los 25-19 de noche, una delicia. Un Iguazú refresca por la noche (10 º), durante el día hace calor. En Pernambuco y Bahía hace calor, pero el sol se alterna con lluvias casi diarias. La Comida.- Es un atractivo más de Brasil, para los carnívoros el rodicio es la estrella de la gastronomía brasileña. El arroz, los frijoles y la farofa suelen servirse de acompañamiento con casi todos los platos. El pescado a mi juicio no es lo mejor de la oferta culinaria brasileña, entre el marisco destacan las sabrosas gambas (camarao). La bebida típica es la caipirinha, la más consumida la cerveza, Skol es la marca núm. 1, los zumos de frutas llaman la atención por su extraordinaria calidad y variedad. En un país tan grande existen diferentes cocinas regionales, siendo las más distinguidas y las de más personalidad la mineira ( zona de Belo Horizonte) y la nordestina, que es una cocina tropical con platos estrella como la moqueca o el bobó. La carne “o sol” típica del “sertao” es también muy solicitada. Existen diferentes tipos de restaurantes: de buffet de comida por peso, de tenedor libre, entre los que se incluye el tradicional rodicio, a la carta, los lanchonettes o cafeterías… todas son excelentes opciones a las que seguro recurriremos en un momento dado. La gente.- A pesar de ser un país conocido mundialmente por sus extraordinarias maravillas naturales, por sus Carnavales, lo que más nos llamó la atención de Brasil es la hospitalidad y la afabilidad de la gente, su nobleza, su maravillosa forma de vivir que contagia a todo visitante. La seguridad.- Siempre que se habla de Brasil aflora el tema de la seguridad, que nosotros no hayamos tenido ningún incidente no implica que por ello sea un país seguro, aunque puedo decir que tiene una mala fama injustificada. Durante nuestro viaje guardamos las normas de seguridad esenciales. En Río de Janeiro hicimos todos los desplazamientos con equipaje en taxi, salíamos a la calle sin reloj, sin joyas, sólo hicimos fotografías en el Pao de Azúcar y Corcovado y llevábamos la cámara escondida, a la playa acudíamos con 50 reales en el bolsillo del bañador y la “canga” , utilizábamos taxis de noche, por el día nos movíamos a nuestras anchas, caminando recorrimos kilómetros y kilómetros, cogimos un montón de veces el autobús y no tuvimos ni el más mínimo incidente. En Recife incluso paseamos de noche por la playa de Boa Viajem. En Salvador viajamos en bus a Bomfin, Barra, Itapoa sin problemas, en el Pelorinho no nos cortamos a la hora de mostrar la cámara pues en cada esquina hay un policía, algo que ocurre también en la zona histórica de Olinda. En Foz de noche hacíamos los desplazamientos largos en taxi y en resto de los sitios que visitamos o por los que pasamos: Ilha Grande, Angra, Noronha, Morro, Valença, Porto Seguro, Arraial, Trancoso actuamos con total libertad. Usos horarios.- Brasil tiene varios usos horarios, el cambio de hora no se realiza en todo el país, por lo que es conveniente consultar las diferencias horarias en las fechas del viaje. En agosto tienen 5 horas menos que en España en los lugares que visitamos del Brasil continental y 4 horas menos en Fernando de Noronha. Vuelos.- Los vuelos regulares intercontinentales son caros y en fechas puntuales se recomienda comprar el vuelo con unos 6 o 7 meses de margen. Los paquetes de vuelo y avión de una semana pueden resultar paradójicamente el doble de baratos que el vuelo. Nosotros pagamos 800 euros, viajamos con la VARIG, e hicimos el recorrido A Coruña-Lisboa-Río. Si el objetivo es visitar varios puntos de Brasil, debe considerarse la posibilidad de recurrir al avión para recorrer el país debido a las grandes distancias que se deben recorrer. Las líneas con más conexiones son VARIG y TAM, que también cuentan con un producto de airpass, que consiste en reservar desde el país de origen un mínimo de 4 vuelos a realizar en un máximo de tres semanas por un precio de 100 dólares el vuelo. Nosotros compramos el air pass con VARIG y sufrimos continuos retrasos, su falta de seriedad y hasta la cancelación de un vuelo. TAM funciona mucho mejor y no exige que el vuelo intercontinental se realice con ellos. Para vuelos internos sueltos GOL, es una excelente opción. En breve comenzará a operar una nueva compañía lowcost. El futebol.- No es una novedad la pasión de los brasileños por el fútbol, ni es el único país que sufre de esa fiebre, pero para los brazucas el gusto por el deporte rey tiene tintes peculiares. Basta con aproximarse por avión a cualquier ciudad brasileña cualquier día de la semana para advertir los numerosos campos de fútbol que se alternan en el paisaje, todos ellos con un partido en juego. En España como en otros países el fútbol es fundamentalmente un espectáculo que se observa, en Brasil además de ver por televisión y en campo a los profesionales los imitan en los barrios, en las playas y con bastante éxito por cierto. Una nota común une a las playas de Boa Viajem en Recife, a la orla desde Salvador llega a Itapoa, a las playas cariocas de Copa e Ipanema: cientos de balones rodando por la arena. La industria turística.- Afortunadamente Brasil no es un país colonizado por las grandes plataformas turísticas internacionales, existen obviamente hoteles de cadenas extranjeras en las ciudades, complejos de ocio de empresas extranjeras propietarias de grandes resorts en zonas del litoral, pero muy localizadas. Da la sensación que Brasil es un país aún por explotar. Existe infraestructura, pero no está colonizada, el sistema de pousadas reparte el pastel entre los lugareños y singulariza la oferta. En numerosos lugares aparentemente turísticos no existe la clásica maquinaria de resabio y explotación del turista, lo que se agradece. Guías.- Además de la inestimable colaboración de muchos foreros, utilizamos la Guía 4 Rodas 2005, Viajar bem e barato 2005 y Lonely Planet Brasil 2005. VARIG.- Apartado especial. La Varig presume de ser la compañía bandera de Brasil, sus aviones son cómodos, la comida es aceptable, pero su agenda de vuelos es un caos, algo que sufrimos en nuestras propias carnes y que fue la única nota negativa de nuestro viaje. En la salida de Lisboa hacia Río, tuvimos dos horas de demora. El vuelo de Río a Iguazú con parada en Curitiba, tuvo un retraso de una hora. De Foz de Iguazú debíamos llegar a Fernando de Noronha, mediante un vuelo a Sao Paulo con parada en Curitiba, luego de Sao Paulo debíamos tomar otro vuelo a Recife y por último volar de Recife a Noronha. Comenzamos saliendo tarde de Foz, más demora en Curitiba, no llegamos a tiempo para coger el vuelo Sao Paulo-Recife, así que nos metieron en el vuelo siguiente que para no variar salió con retraso y llegamos a Recife cuando el único vuelo diario a Noronha ya había partido. Nos alojan un día en Recife y al día siguiente el vuelo a Noronha sale con otra vez demora, pues habían decidido esperar al vuelo de Sao Paulo que llegaba para no variar con retraso, lo que no habían hecho el día anterior. Surrealista. De Noronha a Salvador, tuvimos un nuevo retraso de hora y media. El sábado 27 debíamos tomar el vuelo de Porto Seguro a Río a las 15.30, con llegada sobre a las 17.00 y salir hacía Europa a las 22.00. Hasta ese momento habíamos tenido bastante paciencia, pero cuando llegamos a las 14.20 al aeropuerto de Porto Seguro y nos dicen que el vuelo había sido cancelado hace un mes, que nos meterían en un vuelo de media noche a Salvador y de allí enlazaríamos con Río, embarcando hacia Europa un día después de lo previsto, armamos el show padre en pleno aeropuerto. Yo había llamado a la VARIG días antes y no me habían informado de la cancelación. Después de la patalera, conseguimos que nos metieran en un vuelo de la GOL destino Sao Paulo-Cogonhas, tendríamos que cambiar de aeropuerto en taxi pagado por la Varig destino Sao Paulo- Guarulhos y de allí tomar un vuelo de la Varig a Río con salida a las 18.50. En cuestión de tres o cuatro minutos consiguieron meternos en el vuelo de GOL que estaba punto de salir, el vuelo fue puntual y llegamos a Sao Paulo-Cogonhas a las 17.30, al aterrizar nos enteramos que el avión de GOL seguía tras una parada de 10 minutos hacía nuestro aeropuerto de destino en Río ( Galeao), sin embargo la Varig había preferido hacernos bajar en Sao Paulo, cambiar de aeropuerto con el tiempo justo y coger otro vuelo distinto. Cuando nos presentamos ante el personal de la Varig en Cogonhas, el responsable de traslados nos dice que el micro bus está lleno y que tendríamos que esperar hasta las 18.30, pero que no nos preocupásemos que en 20 minutos nos daría tiempo en cambiar de aeropuerto, facturar y embarcar. Quedamos de piedra. Tuvimos que enseñar otra vez los dientes en el aeropuerto para que una empleada de la Varig consultase con un superior nuestro problema, quien nos habilitó un taxi. Tras 40 km. de traslado a través de Sao Paulo, logramos coger el vuelo por los pelos y por que salió con 15 minutos de retraso. Cuando llegamos al aeropuerto de Galeao en Río y en el panel vimos que nuestro vuelo para Lisboa saldría a la hora prevista no nos lo podíamos creer.
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« Última modificación: Febrero 06, 2006, 03:17:00 por brancellao »
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ESTADO DE RÍO DE JANEIRO
Río de Janeiro
Antes de ir a Río de Janeiro había leído mucho sobre la ciudad y soñado todavía más con ella. Era el auténtico mito de nuestro viaje y la decepción ante las expectativas creadas sobre la llamada “cidade maravillosa” entraba dentro de lo probable. Sin embargo éstas no sólo se cumplieron, sino que se desbordaron. Durante la planificación de nuestro viaje habíamos ido reduciendo paulatinamente la estancia, dejándola en únicamente tres días. El temor a la inseguridad ciudadana había influido poderosamente en esa decisión. La llegada estaba prevista para las siete de la tarde del sábado, pero nada más llegar al aeropuerto de Lisboa vimos en los paneles que estaba previsto un retraso de dos horas, se iniciaba la penosa historia de los continuos retrasos de la Varig. Como contrapartida tuvimos la suerte de volar en business, pues el avión iba tan lleno que no había plazas en turista. El vuelo trascurrió sin incidencias y al llegar al aeropuerto elegimos un taxi blanco para nuestro traslado a Copacabana, más caro –decían que- más seguro, pagamos 50 reales tras de un pequeño regateo. Después de mi experiencia, recomiendo coger un taxi común, amarillo y regatear hasta los 30-40 reales a lo sumo por un traslado a Copa o Ipanema. Una vez instalados en el Che Lagarto de Copa, nos faltó tiempo para pedir un taxi que nos acercara a la noche de Lapa. Nunca olvidaré la intensidad de aquel momento, la llegada a los Arcos de Lapa, la sensación de estar medio perdidos en aquel ambiente. En pocos minutos nos hicimos dueños de la situación y disfrutamos plenamente la noche de Río. Nuestro primer lanche, nuestra primera Caipirinha por 2 reales en plena calle, la gente que fuimos conociendo, su sorprendente hospitalidad, la música de la Carioca de Gemma y aquel ambiente único… a las 3 de la mañana agotados por el viaje y medio mareados por la fuerte caipirinha retornamos al hotel, Río nos había recibido con los brazos abiertos. El domingo teníamos una consigna clara, si hacía buen tiempo deberíamos coger el autobús (583 si no recuerdo mal) de Cosme Velho hacia el Corcovado pues amenazaba con cambiar el lunes y el Corcovado no es un lugar agradable, ni adecuado para visitar con malas condiciones climatológicas. Nos levantamos temprano y pronto estábamos en Cosme Velho esperando la cola del bode (30 reales) que nos subiría a través de la Foresta de Tijuca hasta el Redentor. Había mucha gente, hacía mucho calor, pero el día era espléndido, un calor soberano. En la cima pudimos observar como la elevada temperatura hacía que las vistas sobre la ciudad no fuesen todo lo nítidas que debían ser para conseguir unas buenas fotografías, pero la panorámica era impresionante y la presencia de la mole del Cristo majestuosa. En un ataque de histeria colectiva las cámaras fotográficas trabajaban a toda velocidad, luego descubriríamos el porqué, pues salvo en el Pan de Azúcar y en el propio Cristo, era raro ver a un turista haciendo una fotografía en Río, entendimos entonces el deseo de la gente de inmortalizarse en el Corcovado. La visita se había dilatado más de lo previsto, habíamos quedado con unos cariocas que conocimos la noche anterior en Lapa en el posto 9 de Ipanema sobre la una de la tarde, pero pasaban las 3 de la tarde cuando estábamos de vuelta en el hotel. Después de comer algo fuimos caminando por Copa un rato y tomamos un autobús hacia Ipanema para visitar la Feira Hippe que se celebraba los domingos, no tenía nada especial y antes de que anocheciera nos fuimos a la playa. Tengo que decir con toda honestidad que cuando llegamos a Ipanema que llegué a emocionarme, el ambiente era algo increíble, indescriptible. Un domingo de buen tiempo Ipanema es una de las mayores atracciones de Brasil. Un hervidero de almas con un ambiente fantástico, la carretera cortada al tráfico invadida por los cariocas que acuden a la playa, una sucesión de atracciones espontáneas, de malabaristas del balón haciendo virguerías en un partido de voley-playa, de chiringuitos, de cachas y garotas con minúsculos “fios dentais” todo ello presidido por la fantástica silueta del Morro dos Dois Irmaos al fondo forman un cóctel mágico llamado Ipanema. Una playa con personalidad propia, un universo increíble que condensa la esencia de Brasil, y siempre lejos de lo que se podría entender como playa masificada, incomoda y ruidosa, porque Ipanema es la Playa. Después de un poco de arena y sol continuamos nuestro peregrinar por los bares de las calles próximas, grabando en el disco duro todo lo que nuestros atónitos ojos observaban: bares de animado ambiente gay que montaban show en plena calle antes de caer el día, otros poblados de turistas, de gente guapa…volvimos justo ante de caer la noche en bus al hotel y de ahí nos fuimos a cenar a uno de los lugares clásicos de la ciudad, el Bar Lagoa, en el barrio del mismo nombre. Un alemán con soberbias y sabrosas raciones y frecuentado por cariocas. Pedimos un plato para cada uno cuando las raciones eran para dos, con unos 6 chopes (cañas) que pasan por ser los mejores de la ciudad y pagamos 80 reales, propina incluida. Además de la comida nos sorprendió la alegría de los cariocas en la mesa, sus animadas conversaciones, lo mucho que disfrutan de la vida. Agotados, decidimos dar por cerrado el día y recuperar horas de sueño. El lunes nos levantamos temprano teníamos muchas cosas por hacer, poco tiempo, una larga lista de restaurantes recomendables donde comer así que la mejor decisión que pudimos tomar fue irnos para la playa, Ipanema nos había cautivado. Pasamos una maravillosa mañana en el posto 9, nos bañamos en el agitado mar, compramos las típicas cangas y con el bañador aún mojado buscamos uno de los dos lugares recomendados para comer un rodicio de carne en la zona. Nos encontramos con el Carretao antes que con Porcao, una camarera nos empuja literalmente dentro del local. Buen buffet previo, muy variado, lugar con buenas instalaciones y varios camareros rondándonos con jugosos cortes de delicioso vacuno, comimos estupendamente y cuando nos esperábamos una cuenta de campanillas, pagamos unos 75 reales, con propina. Un regalo. Nada que ver con los rodicios que había probado en España. Este establecimiento tiene una sucursal en la zona de Copa. Por la tarde nos fuimos a Urca con la intención de tomar el bode que nos llevase al Pao de Azúcar, fantásticas vistas al atardecer y una ascensión de vértigo en dos tramos. La vuelta de noche en taxi. Copacabana parece no es el mejor lugar de Río para salir de noche, aunque nosotros estábamos alojados allí, huíamos de lo que dicen es una mezcla de extranjeros borrachos, prostitutas y de un mal ambiente general que se concentra en los alrededores de la discoteca Help. En nuestra última noche en Río nos dirigimos a la zona de Ipanema-Leblón, la zona concentra una mezcla de extranjeros y algún carioca clase bien. El ambiente es relajado y algo bohemio, aderezado con el clásico sabor carioca. Tomamos unas caipirinhas en la Académia da Cachaça mientras cenábamos, parando después en los agradables locales de la zona, continuamos la noche en Emporio, Code tratando entre caipirinha y caipirinha de resolver el dilema que nos ocupaba: visitar o no ir a Ilha Grande. La única obligación inexcusable que teníamos en los próximos días era coger en la tarde noche del jueves el avión que nos condujese a Foz do Iguaçú, debíamos decidir si pegarnos una soberana paliza para llegar a Ilha Grande, donde todas las previsiones meteorológicas auguraban un mal e incómodo tiempo, estar allí un día y volver, o quedarnos en Río donde estábamos estupendamente. Decidimos aplazar la decisión y dejarla para el último momento. El martes muy de mañana nos vino a buscar una amiga carioca al hostel, cogimos el metro hasta el centro y tomamos el bodinho de Santa Teresa. La cosa estaba mal por el barrio de Santa Teresa, en los últimos días se habían producido varios asaltos a turistas y una semana antes de partir habíamos leído en el foro de lonely un impactante relato de una irlandesa asaltada casi al pie del bode, de modo que decidimos no tentar nuestra suerte y contemplar el delicioso barrio de calles empedradas, casas señoriales vestidas con vistosas enredaderas sin bajarnos del bodinho que con su característico traqueteo avanzaba lentamente. De vuelta aprovechamos para caminar un poco por el centro de la ciudad y después de despedirnos de nuestra amiga fuimos hasta el Botafogo Shoping. Caminamos hasta Copa, comimos algo en el Cervantes, donde se asegura que hacen los mejores “sanduiches” de la ciudad y de allí pateamos los hermosos cuatro kilómetros de “orla” que van desde Leme a Arpoador por todo el paseo de Copa. En un arranque de locura habíamos decidido marcharnos a Ilha Grande, subimos en un taxi que por 18 reales nos llevó a la rodoviaria Novo Río (estación de autobuses), donde a las 18.30 deberíamos tomar el bus que nos llevase a Mangaratiba, para en la mañana del miércoles embarcar en el ferry hacia Ilha Grande. Dejábamos Río con muchas cosas pendientes y con una consigna clara: volver algún día.
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« Última modificación: Febrero 06, 2006, 03:17:39 por brancellao »
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Ilha Grande El recorrido de Río a Mangaratiba dura unas dos horas, transcurre primero por barrios pobres del extrarradio de la ciudad y después por pueblos costeros también muy pobres y deprimentes donde la única actividad existente parecía ser la misa evangélica que se celebraba sin excepción en las sórdidas iglesias del litoral. El autobús de la empresa Costa Verde es muy cómodo, no recuerdo el precio exacto, pero ronda los 6 euros. Mangaratiba no resultó ser mucho mejor que lo visto durante el viaje y el hotel Mendonça (75 reales) que habíamos reservado desde Río, que según el conductor del bus era el mejor de la ciudad y una auténtica maravilla fue el peor lugar donde dormimos en todo el viaje. No nos explicábamos por que coño nos habíamos ido de Río. El miércoles a las ocho y media de la mañana tomamos el ferry (4.55 reales, 12 reales el fin de semana) que partía hacía la vila de Abraao, en Ilha Grande. La suerte parecía sonreírnos y la climatología nos hacía un guiño presentándonos una soleada mañana. El trayecto de unos 20 km. y una hora y medía de duración, muestra la inmensa belleza la zona, a medida que nos acercábamos a Ilha Grande se imponía su abrupta silueta. La entrada en la bahía de Abraao dominada por el Pico do Papagaio revela la auténtica majestuosidad de la isla. Tras desembarcar en Abraao lo primero que llama la atención es la ausencia de vehículos motorizados, nos valemos de un nativo que por 5 reales transporta nuestras pertenencias en una carretilla por las pousadas de la zona en busca de alojamiento. Tras en pequeño sondeo en una oficina de información turística sobre los precios de las pousadas en esta época del año, visitamos unas cuantas decantándonos finalmente por As Bromelias, especialmente recomendada por la guía Viajar bem e barato. La pousada es una maravilla y los 75 reales de la “diária” un regalo. La esmerada atención, la cuidada decoración y el fantástico café da manha la hacen totalmente recomendable. Reseñar que habíamos visitado otras pousadas que también rayaban a gran altura y cuyo precio era menor. Son las ventajas de acudir a la isla en temporada baja. Recorrimos la villa llena de simpáticas construcciones, buscando una agencia que nos ofertase una excursión para conocer alguno de los bellos lugares que esconde la isla. Se ofrecían dos “passeios de escuna” el que conducía a la famosa playa de Lópes Méndes (15 reales) y otro más completo que incluía visitas a Lagoa Azul, Freguesía de Santana y parada en Japaríz para comer, elegimos este último por que era nos llevaba a diferentes parajes y ocupaba todo el día. Tras un pequeño regateo lo obtuvimos por 35 reales dos personas (6 euros por persona). El “passeio” vale su precio y bastante más, una linda embarcación típica de la zona, escuna, nos condujo por el Mar de Dentro a la hermosísima Lagoa Azul, donde practicamos el buceo libre, visitamos playas de arena dorada, recorrimos a través de senderos los espectaculares bosques de la isla y comimos unas sabrosas gambas en plena Playa Japariz, por apenas 5 euros con cervezas incluidas. La climatología nos respetó. De vuelta al pueblo al anochecer, nos dimos cuenta de que por Abraao en temporada baja no hay mucha animación. Después de cenar una sabrosa caldeirada de pescado que parecía servida para 5 personas, nos dimos un paseo por la zona antes de retirarnos. El jueves por la mañana teníamos que embarcar en el ferry en dirección a Angra dos Reis a las 10 de la mañana, desde donde los autobuses salían cada hora hacía Río, dejábamos Ilha Grande bastante apenados, nos hubiera gustado hacer alguna inmersión con botella, visitado las playas de 2 Ríos, Aventureiro o Lopes Mendes y realizado completa alguna de sus famosas trilhas (senderismo). La fantástica combinación de un bosque (“mata atlántica”) fenomenalmente conservado, las hermosas escunas que surcan sus aguas y unas playas tan bellas como diferentes, nos causaron una estupenda impresión, a pesar de haber pasado de puntillas por la isla. Llegar a Ilha Grande había merecido la pena. Para saber más www.ilhagrande.com.br o www.ilhagrande.org. Atracamos en el puerto de Angra sobre las 11,30 y como todavía nos quedaba tiempo, buscamos un restaurante para dejarle el equipaje mientras dábamos un paseo por la ciudad, antes volver al mismo para comer. Angra no es un lugar muy interesante, un puerto pesquero y sobre todo deportivo de cierta importancia, muchas tiendas que delatan una elevada afluencia turística en la temporada alta y un pueblo que se extiende por calles empinadas hacia el interior. Pasmamos un poco, comimos en un lugar de comida a kilo y sin prisas esperamos el bus de Río de las 3 de la tarde, que nos habían asegurado pasaba por el centro de la villa. Pasaba el tiempo y el bus no llegaba, hasta que nos dicen que a veces no pasa por el centro pues no es parada obligatoria, de modo que teníamos todas las papeletas para perder el vuelo de Foz ya que el bus de las 4 de la tarde, llegaba a Río a las 7 y el avión despegaba a las 8. En una hora en Río no teníamos tiempo material para trasladarnos de la rodoviaria al aeropuerto, recoger una maleta que habíamos dejado en la consigna y facturar. Nos informan que unas Vans, recogen gente en la carretera general y hacen traslados a Río, tomamos un taxi que por 11 reales nos llevó a la “parada” de estos colectivos y allí por 15 reales cada uno conseguimos que nos trasladasen a Río. He viajado con toda tranquilidad en vans por varios lugares del mundo, aquella no ofrecía muchas garantías pero debíamos elegir entre pagar 200 reales a un taxi o hacer el trayecto allí dentro. El conductor no sólo nos llevó a Río media hora antes que el bus, sino que antes de entrar en la estación de autobuses y viendo el poco tiempo que teníamos para coger el avión paró prácticamente en el medio de la calzada, nos llamó a un taxi y nos empaquetó junto con nuestros lotes hacía el aeropuerto. Pagamos 17 reales al taxi y llegamos a Galeao con el tiempo necesario para no perder el avión.
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« Última modificación: Febrero 06, 2006, 03:17:57 por brancellao »
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ESTADO DE PARANÁ, ARGENTINA y CIUDAD DEL ESTE (PARAGUAY)
Cataratas de Iguazú
Llegamos de madrugada al aeropuerto de Foz do Iguaçú, donde notamos el brusco cambio de temperatura (10º), nos metimos en el bus que nos dejaba a pocos metros de nuestro hotel. Teníamos reserva de tres noches en el hotel Rouver, muy económico 40 reales (unos 13 euros) la doble con café da manha. Dado que tenían habitaciones un poco mejores por 55 reales pedimos el cambio, pero estaba todo ocupado. No problem. Buscábamos algo limpio, sin muchas florituras pues nuestra idea era aparecer por el hotel únicamente para dormir. Fue una excelente elección, habitación cómoda y escrupulosamente limpia, café da manha decente y personal superatento. Otra buena opción puede ser Hotel El Rey (entre 60 y 90 reales la doble). Disponíamos de dos días completos en la zona, uno para visitar el Parque argentino de las Cataratas y otro para ir cruzar la frontera de Paraguay por la mañana y por la tarde visitar el lado brasileño. Pendientes todavía de buscar un servicio de “van” que nos llevase de forma rápida a Argentina, dedicamos la mañana del primer día a cruzar el Puente de la Amistad sobre el río Paraná rumbo a la ciudad paraguaya de Ciudad del Este. A la puerta de nuestro hotel, montamos en el bus que nos iba a llevar a tierras paraguayas, no se nos perdía nada allí, sólo queríamos matar la curiosidad y comprar un cargador de pilas compatible con la corriente de 110 que hay en Brasil. Los personajes que iban subiendo en el bus eran de lo más curioso, todos atravesaban la frontera con el propósito de hacer contrabando con los productos comprados Ciudad de Este (libre de impuestos). Eran llamados “sacoleiros” por los grandes sacos que utilizaban para llevar los productos de estraperlo. Un tipo que venía sentado en el bus detrás nuestra se iba cortando las uñas que saltaban hacia nuestras cabezas, otro caminaba por el puente de la Amistad con una mochila colgada del pecho y otra de la espalda, cada una con cuatro agujeros desde donde asomaban las cabezas de cuatro gallinas, llegando a la frontera pasó por delante de un puesto de aduana donde se leía “Prohibido entrar con animales vivos”, los policías de aduana que estaban delante del Cartel, no le prestaron mayor atención, escenas similares se repetían a cada instante. Cruzamos la frontera y nadie nos pidió el pasaporte, el espectáculo no nos decepcionaba, era ciertamente esperpéntico, mucho movimiento en la ancha calle principal atravesada por la carretera procedente de Brasil, vendedores, artículos de todo tipo, la mayoría inservibles y muchos vehículos cargados hasta los topes de mercancías dispuestos a cruzar la frontera. Dimos un paseo mezclándonos en aquel tumulto, acosados por vendedores, pero sin presentir la inseguridad de la que nos habían advertido, después fuimos a la Casa China, una de las tiendas más reputadas. Las 50 dependientas que había en la tienda estaban ociosas, 7 de ellas encima de un encargado dándole un masaje con un novedoso artilugio, nadie se esforzaba por atender a los clientes…tardamos media hora en conseguir que nos cobrasen el cargador que precisábamos. Dejamos Paraguay en un autobús repleto de contrabandistas con mercancías que se agolpaban en los pasillos, sin que nadie registrase nuestra llegada o salida del país, aquello parecía cualquier cosa menos un puesto fronterizo. Habíamos satisfecho nuestra curiosidad. De vuelta en Foz, todavía temprano cogimos otro autobús en dirección al Parque brasileño de las Cataratas. Incluyendo el traslado la visita al parque brasileño se realiza en poco más de dos horas. La entrada 19.90 reales, incluye el desplazamiento en autobús panorámico hasta el inicio de un sendero de 2 km. desde donde se obtiene una panorámica general de las cataratas. Es habitual que en camino se crucen grupos de koaties y se dejen ver vistosas mariposas. El sendero nos deja cerca de las puertas de la Garganta del Diablo, el salto de agua más espectacular y famoso de Iguazú en la plena frontera con Argentina. El ruido del agua al caer, el vapor que lo inunda todo, el arco iris dibujado sobre la gran Garganta es el espectáculo más buscado por los visitantes. Tras comer en el espléndido bufé que se encuentra a las orillas del río pocos metros antes de que las aguas se precipiten al vacío por 80 reales, dejamos el parque con la sensación de Iguazú debía ofrecernos algo más. Aprovechando que todavía lucía el sol visitamos el interesante Parque de las aves (entrada unos 6 euros) que se encuentra a penas unos 50 metros de la entrada del parque. De vuelta a Foz comprobamos que la ciudad no daba mucho de sí, la calle principal (rúa Brasil) estaba bastante desierta, fuimos a cenar al tan recomendado Búfalo Blanco (100 reales), aún siendo buena la comida, fue el peor de los tres rodicios de carne que conocimos en Brasil. Tomamos una última copa en el centro de reunión de la ciudad, el Capitao. El sábado 13 nuestro destino era Argentina, salimos con unos cuantos dólares americanos, que habíamos llevado de España por si se nos ocurría hacer alguna comprita en Paraguay. Resultaron de gran utilidad, pues en Argentina era la forma de perder menos con el cambio, cuando no podíamos utilizar la tarjeta. No habíamos tenido tiempo de buscarnos un traslado directo a las cataratas tal y como aconsejaban las guías que manejábamos, así que nos subimos en el bus dirección a Puerto Iguazú (3 reales). En el propio bus nos dijeron que nos podían dejar en el cruce de la carretera de Brasil con la del Parque de las cataratas, allí cogimos otro bus que sin necesidad de ir a Puerto Iguazú nos condujo al Parque argentino por 5 pesos. En contra de lo que dicen todas las guías el traslado en bus es recomendable, ágil y no es imprescindible tener acudir a Puerto Iguazú para hacer el enlace. A diferencia de los paraguayos, en la frontera nos pidieron los pasaportes realizando el habitual control fronterizo. El parque argentino, está mucho mejor montado y trabajado que el brasileño, la entrada cuesta 30 pesos (sobre 26 reales, alrededor de 9 euros), pero ofrece mucho más. Un tren nos acerca a la zona de las cataratas con una primera parada para cubrir los tramos de las pasarelas superiores e inferiores. Una segunda parada conduce a la pasarela de la Garganta del Diablo. Son necesarias más de 5 horas para disfrutar de lo esencial del parque. Como la mayor parte del semicírculo de 3 km. que forman las cataratas se encuentra en territorio argentino, el recorrido por las pasarelas permite apreciar de cerca los distintos saltos, no es posible una panorámica tan completa como la que se obtiene desde Brasil, pero el espectáculo es más variado e intenso. En el tramo de las pasarelas inferiores existe un transporte gratuito a la Isla de San Martín en barco neumático, si además uno quiere que lo acerquen a una catarata y recibir una ducha puede contratar la Aventura Náutica por unos razonables 40 pesos (sobre 12 euros). El Parque Brasileño ofrece un caro paseo llamado Macuco Safari que cuesta 150 reales, los argentinos tratan de emularlo con La Gran Aventura que cuesta 80 pesos. Otra opción aún más costosa es sobrevolar en helicóptero las cataratas. Nosotros nos conformamos con la ducha de 40, recomendable. El punto culminante es mejor dejarlo para el final, una pasarela se interna el río y nos conduce a la Garganta del Diablo. Es el mejor espectáculo que se puede admirar en Iguazú, resulta emocionante, único, contemplar desde tan cerca ese caudal inconmensurable, que metros antes transcurre pacífico, desplomarse al vacío… una experiencia imposible de describir con palabras. Todavía con la imagen de la Garganta en nuestras retinas, salimos del parque sobre las cuatro de la tarde. En Foz de Iguazú no se nos perdía nada, la presa de Itaipú estaba cerrada para las visitas a aquella hora, así que decidimos quedarnos en Argentina y visitar Puerto Iguazú. Es un pueblo más pequeño que Foz, pero mucho más interesante y agradable, fuimos paseando hasta el hito de las Tres Fronteras que está a un kilómetro y medio del pueblo, de camino visitamos a un curioso personaje que nos instruyó en el arte del cultivo de orquídeas. Nos gustaba aquello, de modo que como el último bus hacia Brasil salía las 7, negociamos con antelación el traslado en taxi por 10 dólares americanos. Hicimos alguna que otra compra y tomamos una botella de vino antes de ir a cenar un estupendo bife chorizo al Quincho del Tío Querido, maravilloso lugar, repleto de gente, con una actuación en directo de un solista que interpretaba canciones al estilo de Martín Fierro, pagamos el equivalente a 20 euros por dos personas, muy barato teniendo en cuenta que 10 eran de vino. Al día siguiente nos esperaba un traslado duro, un maratón por varios aeropuertos del país que debía llevarnos a Noronha, nos levantamos a las 4 de la mañana un taxi nos llevó al aeropuerto de Foz por doce reales, allí comenzarían los retrasos sucesivos, que ya he contado y que harían que nuestros cansados huesos recalaran en Recife y no en el archipiélago de Fernando de Noronha.
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ESTADO DE PERNANBUCO
Recife y Olinda
Llegamos sobre las 4 de la tarde del domingo 14 a Recife, la VARIG puso a disposición de los cuatro pasajeros afectados por la pérdida del vuelo, dos pases de taxi, habitaciones en el Holiday Inn situado en la playa de Boa Viajem y los respectivos vales de cena y comida en el hotel. No teníamos ni idea de que hacer en Recife, aunque obviamente no nos contentábamos con quedarnos un día tirados en un hotel. Nos olvidamos de las incidencias sucedidas e ideamos un programa para el escaso tiempo de permanencia en la capital pernanbucana, de forma que el resto del día le tomaríamos el pulso a la ciudad y la mañana siguiente la ocuparíamos en una vista a Olinda. Desde el avión Recife nos había parecido una gran ciudad, no en vano ronda los tres millones de habitantes, aunque no llega a abrumar como Sao Paulo que parece no tener fin, destacan los grandes edificios que se extienden por la costa durante varios kilómetros, esa imagen aérea se corresponde con larga playa de Boa Viajem y su “orla” donde estaba situado nuestro hotel, un edificio impersonal con un ascensor exterior a pocos metros de la playa, el típico hotel de 4 estrellas de cadena multinacional, con unos cuantos años de rodaje. Salimos cuando ya había comenzado a anochecer y nos dimos un buen paseo por la interminable aunque poco paradisíaca Boa Viajem (más de 15 kms. de extensión). Se sucedían parejas de adolescentes, partidillos de fútbol-playa y algunos carteles anunciando que el baño estaba prohibido por el peligro que suponían los tiburones. Nos cansamos de caminar hasta que después de recorrer unos 4 o 5 kms. Llegamos a la zona de Bom Pina, era domingo y no había demasiado ambiente, no obstante comenzamos a sentir la tremenda amabilidad de la gente nordestina, su sencillez y su alegría. Comimos una buena maminha (600 gramos para dos) con 4 caipirinhas y pagamos menos de 6 euros, Recife nos dio la impresión de ser muy barato. Seguimos un rato más por la zona, para luego tomar un taxi que nos llevase al Recife Antigo, y la zona de Bom Jesús. Tampoco aquí había mucha animación, unos cuantos turistas ocupaban alguna que otra mesa en las terrazas de la zona presidida por estupendos edificios coloniales, la mayoría en un estado de conservación bastante deficiente. A las 10 todo estaba cerrando y un taxi por 8 reales nos llevó de vuelta al hotel. La mañana del lunes nos levantamos temprano y viendo como caía el diluvio universal, nos pertrechamos con los chubasqueros que habíamos comprado para enfrentarnos a las cataratas de Iguazú. Algunas calles estaban inundadas y en una parada de bus esperamos estoicamente media hora a que llegase el urbano nos debía acercar a Olinda. Recorrimos unos 7 u 8 kms. hasta el centro de Recife y de allí, otros tantos hasta la Praza do Carmo en Olinda. Al llegar a la zona histórica de Olinda un grupo unos 15 guías se abalanzó sobre nosotros ofreciéndonos sus servicios y advirtiéndonos de los peligros que corríamos si no éramos guiados por ellos. Sorteamos como pudimos aquel aluvión y nos encaminamos al Convento de San Francisco. Efectivamente una favela se encuentra muy cerca de la zona histórica de la cidade alta, pero no es menos cierto que el turista puede sentirse seguro al estar la zona poblada de policía. Los caros equipos de fotografía de último modelo campaban a sus anchas por las empinadas calles de la ciudad, sin que los faveleiros tuvieran la más mínima oportunidad ante la presencia disuasoria de las fuerzas del orden. Visitamos el Convento de San Francisco, primer convento de la Orden en Brasil y un par de edificios más, recorrimos la decadente zona histórica para tres horas más tarde y con cierta sensación de decepción tomar un taxi que por 12 reales nos devolvió al hotel. Dejábamos un día espantoso en Recife con un nuevo retraso de una hora en el vuelo de Noronha, rezábamos para que la climatología se presentase bien distinta en las islas.
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Fernando de Noronha
Noronha nos recibió con un día despejado. Antes de aterrizar fuimos obsequiados con un paseo aéreo alrededor la isla muy de agradecer. Habíamos realizado unas llamadas a las pousadas que teníamos seleccionadas desde el aeropuerto de Recife, estaban todas “lotadas” (llenas). Agosto es un mes de baja-media ocupación en Noronha, o mejor dicho lo era, la isla estaba a tope y la culpa la tenía la avalancha de italianos que habían descubierto aquel paraíso. Como habíamos realizado el pago del impuesto ecológico por Internet (unos 10 euros día y persona), tuvimos cierta ventaja sobre los otros pasajeros ya que pudimos sondear los precios, mientras los demás se desesperaban en la interminable fila. No teníamos ganas de perder mucho tiempo, así por 150 reales por noche contratamos la pousada Alewafi, con la condición de que si queríamos cambiarnos el primer día deberíamos pagar 170, lo que hicimos la mañana siguiente al considerarla un poco alejada. Después de dejar los bultos nos fuimos a pegar un baño a la cercana Praia do Boldró, donde contemplamos una bella puesta de sol. Anochecía demasiado rápido en Brasil, a las 6 comenzaba a meterse el sol, los días eran cortos y había que saborearlos al máximo, en Noronha los relojes señalaban una hora menos pero el efecto era prácticamente el mismo o peor pues la isla no se distinguía por su excesiva animación nocturna. En la pousada nos sentíamos un poco sitiados, estaba distante de cualquier pequeño núcleo de población lo que aprovechaban los dueños que habían montado una pequeña agencia y trataban de exprimir a tope a todos sus clientes, nos dimos cuenta de la jugada y salimos de allí a buscarnos la vida. Los precios ya de por si altos en la isla, estaban por las nubes pero nuestra estancia se había recortado y no podíamos andarnos con remilgos, así que contratamos con Naonda por 70 reales por persona el inevitable passeio para la tarde del miércoles, el buceo con Aguas Claras por 210 reales por persona para la mañana del jueves y dos noches en la Pousada Helena por 125 reales cada una. Una vez resuelto todo, cenamos en el Flamboyant –un buffet decente-, donde repetiríamos dos veces más, por 6 euros cada uno. La mañana siguiente nos despertamos temprano y tras hacer el traslado de pousada decidimos coger el bus camino de la Praia do Sancho, considerada la mejor playa de Brasil. Hasta ese momento la isla no nos había mostrado nada especial, visitamos en una buena playa, O Boldró, pero no espectacular. Las comparaciones eran inevitables: la selva de Ilha Grande era mucho más interesante que la flora de Fernando de Noronha, la Vila dos Remedios y sus pousadas no merecían ni mucho menos haber cruzado el país de punta a punta. Comentábamos nuestras impresiones con una pareja de Porto Alegre, que iba a hacer senderismo por la zona y que nos acompañó casi hasta el acantilado desde el que se contempla O Sancho. Se despidieron con una sonrisa diciéndonos que no nos íbamos a sentir defraudados. Desde el borde del acantilado se conseguía una preciosa perspectiva de la playa, su singular orografía, su arena blanca, el maravilloso color de sus aguas era algo que las fotografías de la isla que habíamos visto no habían podido captar en su plenitud. Sabíamos que el acceso por tierra era complicado pero cuando vimos un agujero de apenas 1 metro de diámetro que no era otra cosa que el orificio de salida de una chimenea vertical que tenía adosada una escalera metálica por la cual había que bajar para salvar los 50 metros de desnivel hasta la playa, las cosas se pusieron feas. La bajada se hacía en realidad en dos tramos de chimeneas verticales y un tercero de escaleras esculpidas en la roca, no era un camino de rosas, pero la recompensa merecía la pena. Una vez que bajamos hasta la arena, la playa casi desierta parecía todavía más impresionante y llegando a la orilla el espectáculo se hacía único: rayas a dos palmos de profundidad, multitud de hermosos peces, el agua en unas tonalidades azuladas asombrosas. Sumergirse con unas simples gafas de buceo en Praia do Sancho es algo antológico. He estado en alguna de las mejores playas del mundo con estupendas aguas transparentes, pero meter la cabeza bajo el agua con unas simples gafas de buceo en O Sancho y percibir esa visibilidad incomparable me uso la piel de gallina, sentí hasta vértigo. Uno de esos momentos que por inesperados, no se borrarán jamás de la memoria. Estuvimos unas 3 horas en el agua, fuimos nadando 150 metros mar adentro hasta los bajos tal y como nos habían aconsejado en el centro de buceo Aguas Claras. No se puede describir con palabras aquella maravilla. El paso terrestre hacía la playa vecina (Bahía dos Porcos), considerada la segunda mejor playa de Brasil) estaba cortado, así fuimos bordeando a nado el saliente que las separa contemplando de camino unos fondos marinos impresionantes poblados de cardúmenes de peces, tortugas y vistosos corales para llegar a la pequeña y resguardada Bahía dos Porcos, donde las rocas forman llamativas piscinas naturales, deliciosos estanques de agua salada increíblemente transparente y poblada de llamativos inquilinos. Volvimos a O Sancho exhaustos para disfrutar un poco de la playa antes de retornar. Apenas nos dio tiempo a comer un tentempié, nos venían a recoger a la pousada para llevarnos al Porto de Sao Antonio donde un barco que nos llevaría a hacer un recorrido por todo el Mar de Adentro de Noronha. Todo el mundo recomienda esa excursión como algo ineludible, tuvimos la oportunidad de avistar un montón de delfines rotadores que nadaron a la par del barco durante la jornada, el que paseo que además incluye una parada para el buceo libre en la Praia do Sancho es interesante, pero después de haber tenido casi para nosotros solos la mejor playa que jamás habíamos pisado, compartirla con 50 personas más y varias embarcaciones es algo sustancialmente distinto. La pousada Helena no pasará a la historia por lo amplio de sus habitaciones, ni por sus espectaculares instalaciones, pero desde el primer momento entre nosotros y su marido Cafú existió gran complicidad, él nos aficionó a las latas de cachaça Pitú que compraba en el bar cercano y juntos entre caipirinha y caipirinha matábamos el tiempo cuando la noche caía para disgusto de la Jefa. En nuestra segunda mañana en Noronha hicimos buceo con bombona en dos puntos del norte del archipiélago. Los tipos de Aguas Claras son unos óptimos profesionales que cuentan con equipos nuevos y de calidad y con embarcaciones a la altura de lo esperado. Las inmersiones que hicimos con ellos fueron las únicas que disfrutamos en Brasil, ya que entre el día perdido en Recife que no nos permitió hacer el doblete en Noronha y las pobres condiciones de visibilidad del Brasil continental no pudimos disfrutar de una segunda inmersión. Noronha está considerada con justicia una de las mecas del buceo mundial, sin sobrepasar apenas los 20 metros y con una visibilidad que puede llegar hasta 50 metros, disfrutamos de la presencia de hermosos ejemplares de tortugas, barracudas, rayas y hasta tiburones, bellas grutas pobladas de grandes cardúmenes, varias especies de corales…un paraíso subacuático. La gente de Aguas Claras también nos asesoró sobre otros lugares interesantes de la isla para el buceo en apnea, así que por la tarde tras comer unos “sanduiches” nos dirigimos haciendo auto stop hacia la zona de Mar Afora. Visitamos primero la Praia do Leao, hermosa playa salvaje, sembrada de rocas volcánicas, de arena dorada, aguas transparentes que no obstante golpean con fuerza en la orilla. Está considerada como una de las mejores playas de Brasil y completa junto con O Sancho y la Bahía dos Porcos la tripleta mágica del litoral de Fernando de Noronha. Recordaba a las playas gallegas de mar abierto con esa brisa cálida de los días de sol que tuesta al más pintado. Terminamos la tarde buceando en la Enseada do Sueste, lugar de observación de tortugas. Nuestro último día en Noronha tiene tintes agridulces. Tratamos de aprovechar las pocas horas que nos quedaban en aquel alejado paraíso visitando el Forte de Sao Pedro, antiguo bastión de la isla, protegido con cañones que todavía poblaban sus ruinas. De allí seguimos en dirección al Porto de Sao Antonio, donde teníamos previsto explorar el pecio que se encontraba a escasos metros de la entrada del puerto. Dejamos una pequeña mochila con nuestras pertenencias al amable encargado del puerto que nos indicó la forma adecuada de llegar nadando al pecio sin correr peligro de ser abordados por alguna embarcación despistada. Algunas agencias cobraban por ofrecer a los turistas un paseo guiado hasta los restos del barco hundido, pero nos habían advertido que no tenía ninguna dificultad para un nadador medio llegar al punto de buceo. El barco está alojado a una profundidad de entre 5 y 10 metros, perfectamente accesible para una persona que practique el buceo con apnea, explorarlo supuso para nosotros el broche de oro en Noronha. Causa sorpresa que a apenas cien metros de la orilla de la playa cercana al puerto, el mar esconda semejante tesoro. Un gran barco griego colonizado por corales, tortugas y una amplia variedad de peces de todos los tamaños, en unas aguas cálidas y con una visibilidad que sin llegar al nivel de la praia de Sancho resulta fuera de lo común. Es de imaginar que después de disfrutar de aquel paraíso nos fuese bastante duro abandonarlo. Saboreamos una última caipirinha a la Praia do Cachorro antes de irnos. Dejamos la isla, para comenzar la última etapa de nuestro viaje, una experiencia de 9 días por el Estado de Bahía, que recorreríamos desde la capital Salvador hacia el sur, casi en el límite ya con el Estado de “Espírito Santo”.
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ESTADO DE BAHÍA
Salvador de Bahía
Llegamos al aeropuerto de la capital bahiana con retraso, lo que ya no constituía ninguna novedad, luego de “pechinchar” un poco, un taxi nos acercó al Hostal das Laranjeiras en el corazón del barrio histórico del Pelourinho por 45 reales. El taxista era un tipo curioso que tenía el maletero ocupado con su equipo de “percusao”, unos inmensos altavoces de genuino sabor tuning. El muy sinvergüenza nos dijo que no podía acceder al barrio de Pelourinho y que nos iba a dejar a la entrada del mismo. Subiendo de noche con el equipaje por las “ladeiras” del barrio seríamos un blanco fácil para cualquier ladronzuelo así que le respondimos que “ni de coña”, que en el hotel nos garantizaron que nos podía llevar hasta la puerta, como así hizo finalmente. Había un gran ambiente por la rúa das Laranjeiras cuando llegamos al hostel al filo de la medianoche, mucho colorido, mucha algarabía, no obstante nos fuimos directos para la cama, necesitábamos un poco de descanso. Por la mañana nos congratulamos por la excelente elección del hotel que habíamos realizado, el Albergue das Laranjeiras, era un auténtico clásico en el Pelorinho y tenía una fama además muy merecida, limpio, con espaciosas habitaciones, originalmente decorado, contaba con un personal serio y amable que se encargaba de dirigir con acierto el local. Los precios del mes de junio se habían mantenido y pagamos menos de lo que en principio estaba previsto, 80 reales con el carnet de alberguista por una amplia habitación doble “con banheiro” privativo y obviamente con el “café da manhá” incluido. El ruido de la calle o el ocasionado por algún huésped son punto más flojo del lugar, lo que puede molestar especialmente a aquellos que gusten de retirarse pronto. Dedicamos toda la mañana a patear el Pelourinho, visitando iglesias, edificios civiles, galerias de arte y tiendas, llegamos finalmente al Palacio do “Governo” y contemplamos las vistas de la marina bahíana desde sus inmediaciones. El barrio del “Pelô” no es excesivamente grande, está poblado de hermosas casas coloniales de tonos pastel, templos barrocos como la Catedral, el impresionante Convento de San Francisco y una tropa de vendedores callejeros y mendigos mezclada con turistas que hacen fotos y curiosean por las incontables tiendas de souvenirs de la zona. Una nutrida dotación policial permite que los visitantes puedan campar a sus anchas y gastar las divisas tranquilamente. Después de pasar la mañana” turisteando” por el barrio, comimos en el Jardím das Delicias, un bobó de camarao para dos con caipirinhas y café por 70 reales. El restaurante que ofrece un delicioso patio interior a los comensales pero no justificó los comentarios favorables de la Guía 4 Rodas. Servicio lentísimo, comida pasable. Por la tarde mientras estábamos tomando unas nuevas caipirinhas en una terraza, conocimos a un curioso personaje llamado Mauricio, de oficio conocido “guía credenciado” (acreditado). Desde el principio pensamos que sus intenciones eran sacarnos algo de dinero, pero como nos pareció simpático conversamos con él y dejamos que nos acompañase por la zona. Era un tipo de raza blanca de unos 40 tacos que las había pasado canutas durante los 10 años que había estado residiendo en Atlanta, ahora aprovechaba su inglés para acompañar a los yanquis durante sus vacaciones en Salvador. Resultó ser bastante majo, no trató de sacarnos ni un duro, sólo aceptó que lo invitásemos a un cravinho ( infusión matadora de clavo en cachaça) que costó un mísero real. Nos enseñó lugares escondidos del Pelo, nos presentó a tipos peculiares, como uno de los fundadores de Os Filhos de Gandhi, nos instruyó en la forma de entrar sin pagar en el Convento de San Francisco y nos dio valiosos consejos que nos resultarían muy útiles durante nuestra estancia en la capital bahiana. Continuamos la noche sin su compañía, disfrutando del clásico ensayo para el carnaval de un bloco, Swing do Pelô, saboreando ese sonido estruendoso de los tambores a través de las empedradas calles da cidade alta y bailando a su son. Cenamos estupendamente al aire libre en Mamma Bahía carne a la brasa con caipirinhas por18 euros, continuando la noche por las diferentes terrazas de la zona soportando cada dos por tres el acoso de vendedores y mendigos para terminar la noche bailando música brasileña en una calle interior donde se acostumbraban a celebrar actuaciones en vivo. Teníamos previsto permanecer tres noches en Salvador, en realidad dos días completos, alargamos nuestra estancia un día más ampliando la reserva en el hostal. La mañana siguiente el día estaba despejado y salimos en un bus camino de la zona de Bonfim, después de descender a la ciudad baja en el elevador Lacerda, visitamos la famosa iglesia tan “milagreira” entre el agotador acoso de guías “credenciados” y mendigos, ya de vuelta nos plateamos parar en el popular mercado de Sao Joaquim, pero finalmente nos conformamos con verlo desde el bus, teníamos el estómago un poco revuelto de la cachaça del día anterior y una incursión en aquella explosiva mezcla de olores e imágenes podía jugarnos una mala pasada a aquellas horas de la mañana. Lo sustituimos por más light y nos dimos un paseo por el mercado Modelo, espacio dirigido esencialmente al turista, más limpio y ordenado que Sao Joaquim, y con los mismos artículos y precios que las tiendas de souvenirs del barrio alto. El edificio donde se aloja el mercado cuenta con un amplio y encantador restaurante, desde cuya terraza se puede contemplar una bella vista de la bahía, allí nos encontramos con nuestro “amigo” Mauricio que acompañaba a un singular tejano experto en Esperanto que hablaba un castellano impecable, un tío realmente interesante. Después de charlar un rato con aquella curiosa pareja acordamos matar nuestra resaca a la playa de Porto da Barra. El trayecto en bus resultó muy interesante, quedamos embobados con las fabulosas mansiones de estilo colonial que se íbamos divisando, no obstante la playa nos pareció bastante mala, el agua estaba muy revuelta y presentaba un color verde oscuro poco agradable. Comimos en la Churrasquería Ancorador (11 euros) y por la tarde visitamos el estupendo Farol da Barra ( Faro) y después la playa del mismo nombre, que tampoco nos gustó demasiado. Casi de noche regresamos en bus al Pelô, cenamos en el SENAC (18 euros, poco más de 50 reales dos personas), un restaurante escuela especializado en cocina bahiana ubicado en un espectacular emplazamiento en el Largo do Pelorinho: la Casa do Comercio, próxima a la Casa Museo de Jorge Amado y dotada de un magnífico comedor. Utilizan el sistema de tenedor libre y a pesar de que comenzábamos a estar un poco saturados de la comida de la región, resultó una agradable experiencia. Aprovechamos la visita para acudir en la planta inferior de la Casa do Comercio a un espectáculo de danzas regionales interpretado por los alumnos de la escuela (7 reales por persona). Seguimos la noche bahiana hasta sus últimas consecuencias. Salvador y en particular el barrio histórico constituyen un enclave turístico de primer orden en Brasil, es difícil ver tanto turista extranjero por metro cuadrado en cualquier otro lugar del país, de forma que muchos de los vicios de otras zonas turísticas del mundo son palpables aquí. El acoso o la explotación del visitante se repiten con demasiada frecuencia y pueden llegar a saturar un poco. Resulta habitual que intenten cobrar el doble del precio por una consumición en una terraza de un día para otro, que en 10 minutos se acerquen 10 vendedores mientras uno está placidamente sentado. Estas escenas que se repiten con demasiada frecuencia, no pasan inadvertidas y para nosotros constituyeron el principal problema de esta bella capital. Como el sol nos sonría reluciente en la mañana del domingo, aprovechamos para alejarnos un poco de la ciudad, buscando una playa agradable. Tomamos el autobús en la plaça de Sé en dirección a Itapoa, 35 km. al norte, recorriendo la “orla” se sucedían los arenales de Barra, Ondina, Río Vermelho… poblados de gente, de balones de futbol, de bahianos que disfrutaban de su incansable sol. Itapoa resultó ser una playa un poco más sosegada que Barra, con zonas pobladas de “barracas” donde los domingueros bebían una cervecita, una caipirinha, comiían unos “siris” o simplemente descansaban al sol. La playa en esencia, tampoco era muy destacable, aunque reunía las condiciones para disfrutar de una plácida mañana de domingo. Descansamos tranquilamente antes de darnos la mejor comida de toda nuestra estancia en la churrasquería Boi Preto, donde por 150 reales (50 euros) después de un sabroso buffet que incluía salmón, quesos europeos, sabrosas gambas y langosta disfrutamos de deliciosos cortes de carne bien regados por un tinto argentino. El lunes dejamos Salvador de mañana, un taxista nos llevó al mercado modelo por 12 reales y allí embarcamos en el ferry de las 8.30 en dirección a Morro de Sao Paulo en la Isla de Tinharé ( 50 reales). Dejamos un Salvador lluvioso, la travesía de dos horas fue movidita, de modo que gran parte del pasaje se mareó y vomitó, no obstante tuvimos la suerte de contemplar a la salida de la Bahía de Todos los Santos un grupo de ballenas se dirigía hacía el Sur.
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Morro De Sao PauloMorro de Sao Paulo, es un pequeño pueblo de pescadores que se ha ido convirtiendo con el paso de los años en un lugar de mítico para muchos viajeros, no en vano cuenta con los ingredientes necesarios para atraer a gentes de todo el mundo: sus pintorescas y empinadas calles sembradas de arena flanqueadas por originales pousadas, la ausencia de vehículos a motor, un clima privilegiado, un excelente ambiente nocturno y las preciosas playas de agua cálida y transparente que reciben los curiosos nombres de ordinales en función de su cercanía al núcleo poblacional más importante. Tanto en la calle principal como en la Primeira y Segunda Praia se concentran la mayoría de las pousadas y tiendas, la Terceira Praia es más grande y menos concurrida, queda inundada cuando sube la marea. La Quarta, repleta de cálidas piscinas naturales y de gran extensión, resulta ideal para perderse, contando con apenas dos establecimientos hoteleros ofrece no obstante la posibilidad de disfrutar un paseo a caballo por la arena o subirse el singular burro taxi. Más al sur se suceden interminables arenales vírgenes como Praía do Encanto (Quinta Praia) o Garapuá cerca ya de la desembocadura del río do Inferno. Las playas más concurridas posiblemente acusen en temporada alta un exceso de visitantes, lo que supone que para muchos Morro de Sao Paulo haya perdido el encanto de antaño, en el mes agosto con las pousadas medio vacías resultó un lugar encantador. Una vez que se llega al puerto de Morro, varios lugareños provistos de una carretilla se ofrecen para transportar el equipaje de los visitantes. La enorme pendiente de las subida aconseja hacerse con los servicios de uno de ellos, que por 5 reales por bulto (pagamos 7 por dos) te acompaña por las pousadas y te pone al día sobre los precios del alojamiento de temporada. Después de visitar una agencia para hacernos una idea de los precios que se estilaban, compararlos con los que nosotros teníamos anotados y visitar tres o cuatro pousadas, recalamos en Pousada Morena, acogedor lugar con un servicio encantador situado en primera línea de la Primeira Praia. Excelente elección, cerca del pueblo, cerca también de la Segunda Praia y en primera línea de playa, pagamos 70 reales por la “diária” de un “quarto” con vistas al mar. Dedicamos esa mañana a pasear por las distintas playas, a tomar un poco sol y a bañarnos en las cálidas aguas de la isla de Tinharé, comimos un delicioso plato de pasta en la spaguettería Strega por 30 reales dos personas. La tarde la matamos en la animada Segunda Praia, donde los turistas predominantemente italianos se divertían ligando con las locales o jugando pachangas de fútbol o voleyplaya, allí probamos por primera vez el “açai na tilhela”, el delicioso extracto de la pulpa de una fruta del Amazonas con “múltiples” propiedades servido frío en una galleta con trozos de cereal espolvoreados por encima. Al caer la noche la actividad se centra en la calle principal, los visitantes curiosean por las tiendas de artesanía, cenan en alguno de los muchos restaurantes, para luego entonarse con las famosas y deliciosas caipifrutas. Cenamos en el restaurante Quatro Estaciones por 20 reales los dos y después de pasarnos por el Oh La La y probar las caipifrutas de Joe (7 reales) elaboradas a base de vodka y una deliciosa combinación de frutas naturales exóticas, continuamos la noche en la Segunda Praia visitando los diferentes locales y los vistosos puestos de caipifruta (5 reales) de la Segunda Praia. El día siguiente lo dedicamos por entero a realizar la recomendadísima excursión en barco hasta la Isla de Boipeba (75 reales dos personas tras regateo) Excelente paseo que ocupa todo el día y que vale mucho más de lo pagado. Salimos a las 9,30 de la Terceira Praia en una lancha neumática semirígida provista de dos potentes motores hacía el sur recorriendo el espectacular litoral de la Ilha de Tinharé camino de la Ilha de Boipeba. Muchos comparan Boipeba al Morro de Sao Paulo de hace décadas, un lugar de playas idílicas flanqueadas por hermosas palmeras que penas cuenta con un puñado de pousadas dispersas. Es sin duda el destino ideal de aquellos que quieran pasar unos días lejos del mundanal ruido. Conducidos por nuestro simpático patrón Paulinho, que exprimía al máximo los 200 caballos de potencia de los motores, la primera parada tuvo lugar en las piscinas naturales de Moreré. A más de un kilómetro de tierra firme las formaciones coralinas permiten la existencia de bancos de arena que emergen casi hasta la superficie y que rodeados de arrecife reúnen las condiciones óptimas para el baño en un entorno auténticamente paradisíaco. Después de hacer un poco de buceo en los arrecifes de Moreré poblados de peces de bellos colores, nos dirigimos a las playas de Cueira y Tassimirim, a través de las cuales caminamos hasta la Boca da Barra. Tassimirim fue sin duda la playa más espectacular que tuvimos la oportunidad de disfrutar en todo el Estado de Bahía. Desierta, de hermosa arena blanca, protegida del oleaje por arrecife coralino y adornada por enormes palmeras que parecían querer invadir la playa, no tiene nada que ver con los mediocres arenales próximos a Salvador. Tras comer en plena playa de Boca de Barra, “camaroes” por menos de 40 reales dos personas, lugar donde desemboca el Río do Inferno que separa las islas de Tinharé y Boipeba, nuestro barco siguió río arriba rodeando la Ilha de Tinharé de sur a Norte camino de Morro. El sol que había presidido toda la jornada fue oscurecido por negras nubes que descargaron con fuerza mientras remontábamos la zona de manglares. Uno vez cesó la lluvia atracamos en el pueblo de Cairú antes de llegar al puerto de Morro alrededor de las 6 de la tarde. Agotamos el día siguiendo la deliciosa rutina del día anterior cenando en la calle principal y terminando la noche en los bares de la Segunda Praia. Después de un sueño reparador decidimos despedirnos de Morro, disfrutando unas horas en la desbordante la Quarta Praia. Todavía parece que tengo en la retina la imagen de las aguas trasparentes y calmas de las piscinas naturales, de la arena blanca, de aquel cielo tal azul y de las exuberantes palmeras… Bañarse en las cálidas aguas de las piscinas naturales saboreando una fría agua de coco fue una buena forma de decir adiós, o quien sabe si hasta pronto a Morro de Sao Paulo. Antes de irnos comimos un buen badeixo- pescado- en Sabor da terra por 40 reales, para luego recoger nuestras pertenencias en la pousada, donde tuvieron la deferencia de dejarnos la habitación hasta bien entrada la tarde. En el puerto tomamos la lancha rápida y tras un recorrido de casi dos horas por el río llegamos a Valença cuando ya había anochecido. Llamamos a un taxi que por 8 reales nos dejó en la rodoviaria. A las 21.20 subimos al bus -45 reales por persona- que nos conduciría tras transitar toda la noche rumbo sur a la animada localidad de Porto Seguro, nuestra última parada en tierras brasileñas. www.morrodesaopaulo.com.br/
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Costa do Descobrimento
Porto Seguro, situada en la Costa do Descobrimento, 700 km. al sur de Salvador, es lugar donde desembarcaron por primera vez los portugueses en Brasil, aunque para ser exactos deberíamos decir que lo hicieron 16 km. más al norte, en Coroa Vermelha. Denostada por muchos que la señalan como el infierno del turista “farofeiro” y de “pacote”, amada por otros fue el lugar elegido para disfrutar de nuestros últimos días de viaje. Nos habían advertido que Porto Seguro era un lugar de poco interés, que no debíamos perder el tiempo en visitarlo aunque estaba cerca de lugares de gran atractivo como Arraial d´Ajuda o Trancoso. Después de este bombardeo de propaganda contraria Porto Seguro nuestra intención era utilizar el enclave como punto de partida para visitar lugares próximos tratando de invertir el menor tiempo posible en la ciudad. Llegamos muy de mañana a la rodoviária de Porto Seguro, tras un viaje nocturno en bus criminal por una carretera llena de baches y curvas que apenas nos permitió conciliar el sueño. Consultamos en algunas casetas turísticas las posibilidades de alojamiento para finalmente reservar dos noches en el hotel Sangri-la (40 reales la habitación doble), decidimos también alquilar un buggy con el objeto de arribar en Trancoso y en la famosa Praia do Espelho situada unos 45 km. al sur de Porto Seguro y considerada la mejor playa de Bahía. Soares que así se llamaba el encargado del stand del hotel Sangri-la, nos lo agenció por 60 reales, llamando a la agencia “locadora” para que nos llevasen el buggy al hotel. Por 10 reales un taxi nos condujo de la rodoviária al Sangrila, hotel muy céntrico, con buenas habitaciones y piscina, un chollo por apenas 12 euros la noche. Todo marchaba sobre ruedas hasta que llegó la chica de la agencia de alquiler de vehículos y nos dijo que no podía alquilarnos el buggy sin nuestro carnet de conducir y que aunque seguramente encontraríamos a alguien dispuesto a alquilarnos un vehículo que tuviésemos presente que íbamos a circular sin seguro y sin carnet, por lo que si nos paraba la policía podríamos tener algún problemilla. Tras sondear varias posibilidades decidimos dirigirnos al pueblo próximo de Arraial d´Ajuda separado de Porto Seguro por un río que se cruza en barcazas “balsas” (1.80 reales) y allí buscarnos el mejor medio para seguir rumbo sur. En Arraial nos ofrecieron de todo: motos, turismos, buggys (70-80 reales), incluso nos prestaban un carnet de conducir, pero teniendo muy presente la advertencia de la chica de la agencia de Porto Seguro decidimos no complicarnos la vida y nos fuimos en bus a Trancoso (3,80 reales). El viaje fue una condena, tardamos dos horas en recorrer los apenas 17 km. que separan ambos pueblos, la carretera de tierra, bacheada –auténticos socavones- hacía que el bus se balancease de un lado a otro y nos moviese como sacos de patatas, el conductor circulaba lentísimo y en una ocasión tomó un desvío para dejar a un pasajero y al ser incapaz de dar la vuelta hizo marcha atrás un tramo de unos cientos de metros. Finalmente llegamos a Trancoso, estábamos machacados así que desistimos en nuestro intento de alcanzar Praia do Espelho, lamentándonos por no haber viajado con un carnet de conducir o haber tramitado el carnet internacional. Visitamos el hermoso pueblo, considerado unos de los refugios más exclusivos de Bahía, Trancoso puede presumir de originales y lujosas pousadas, de su famosa Praza do Quadrado, bello y amplio recinto presidido por una Iglesia vestida de un blanco inmaculado al borde de un acantilado desde donde se contempla la interminable Praia dos Nativos. Descendimos a la playa, para comer unas ostras y unas gambas en una “barraca” y descansar nuestros maltrechos cuerpos en la arena. Volvimos camino de Arraial cuando anochecía, está vez el autobús transitó por una carretera en mejor estado, aunque dando un buen rodeo. Pasamos un par de horas por las animadas y agradables calles de Arraial. De vuelta en Porto Seguro nos encontramos la “Passarela do Alcol” en plena efervescencia. A pesar de ser plena temporada baja las tiendecillas, restaurantes, puestos y vendedores ambulantes parecían multiplicarse en la avenida próxima al mar. Cenamos un buen plato de pasta por 30 reales dos personas y después de probar la horrible bebida local (capeta) nos fuimos a descansar. El viernes 26, teníamos pensado hacer una inmersión con botella por la mañana, pero todas operadoras nos desaconsejaron bucear en esa época del año, tampoco se hacía el paseo por mar hasta Espelho y como no teníamos ganas de volver sufrir las descarnadas carreteras que conducían al sur, contratamos el passeio hasta Recife de Fora ( 24 reales por persona), unas piscinas naturales situadas varios kms. mar a dentro, formadas por la plataforma coralina. El paseo resultó agradable, a pesar del tiempo inestable, el arrecife donde hicimos un poco de buceo libre no se puede comparar a algunos de los lugares en los que habíamos estado días atrás, aunque es justo decir que ya nos habían advertido que la visibilidad no era la deseable antes de embarcarnos. De vuelta en Porto Seguro a media tarde comimos un “sanduiche” y una “esfilha” y fuimos a hacer las últimas compras. Queríamos despedirnos de Brasil como Dios manda. Tomar unas caipifrutas y caipirinhas en la “Passarela do Alcol”, cenamos pescado en Tía Nenzhina (40 reales dos personas) un clásico de Porto Seguro y seguimos la ruta por la Passarela hasta O Bar do Nene, pagando entre 3 y 6 reales por las bebidas, para al filo de la media noche encaminarnos a la Ilha dos Aquarios. Porto Seguro presume de tener una fiesta cada día del año, cada local o megabarraca organiza los clásicos luaus o fiestas en la playa un día determinado, el más famoso se celebra los viernes en A Ilha dos Aquarios (unos 28 reales la entrada). La isla está en río que divide Porto Seguro de Arraial, los organizadores facilitan un servicio de “balsas” que desplaza de forma continua a los visitantes de esta especie de “parque temático” de la diversión nocturna. Presiden la entrada y dan nombre a la isla, unos grandes acuarios donde conviven diferentes especies de peces, entre ellos dos grandes -y gordos- tiburones lija. Varios espectáculos y actuaciones al aire libre con distintos ambientes y músicas son el plato fuerte del menú que también incluye dos o tres locales cubiertos -discotecas en realidad- y numerosos bares alrededor. En la isla podemos encontrar gente de todas las edades y resulta una experiencia recomendable visitarla, aunque lógicamente no va a ser el lugar que agrade a todo el mundo. Nos empleamos a fondo en nuestra última noche en Brasil, terminando la fiesta con una gente de Sao Paulo.
El tiempo se escapa... sin darnos cuenta las tres semanas que teníamos se habían esfumado. Cierras los ojos antes de arribar en Río procedente de Europa y los abres el sábado 27, último día de tu estancia en la megabarraca de Tôa Tôa en Praia Mundai con una buena resaca y casi sin dormir. Para colmo tu avión sale a las 15.30 hacia Río y de allí otra vez a la rutina. Praia Mundai es la playa por antonomasia de los visitantes de Porto Seguro, chiringos gigantes pueblan la “orla” y dan diversión día y noche al sin número de turistas de “pacote” que matan su tiempo entre el regateo a los vendedores y las cervecitas. Resulta sorprendente ver como en apenas una hora cualquier visitante primerizo trasforma radicalmente su apariencia para negocio de los tatuadores de henna, vendedores de bañadores , vestidos, camisetas o de sombreros fardones…unos grandes almacenes ambulantes sobre la arena para que nadie se sienta “ fuera de lugar”. Contemplando esa fauna nos despedimos de Brasil, cogimos el autobús de vuelta a Porto Seguro, recogimos nuestros bártulos del hotel e iniciamos nuestro accidentado viaje de regreso que ya detallé un poco más arriba.
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« Última modificación: Febrero 06, 2006, 03:29:32 por brancellao »
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brancellao
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¿Y qué nos queda?
Una experiencia maravillosa.
El recuerdo de un fantástico país.
Algunas botellas de buena cachaça .
2.400 euros menos por cabeza, después de haber pagado vuelos, alojamiento, comidas...todo excepto las compras.
Y unas ganas local de volver y de conocer Jeri, Bonito, Ilhabela, Paraty, Floripa, Jalapao...
Valeu
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brancellao
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En el anterior foro había puesto unos encales a alguna de mis fotos de Brasil, me ha sido imposible recuperar ese mensaje y me resultaba pesado volver a hacer la selección de nuevo, no obstante he encontrado está pequeña selección entre mis documentos, para verlas es necesario pinchar y después pulsar la tecla F5 o Actualizar. Mata atlántica en Ilha Grande http://image62.webshots.com/62/8/65/16/437886516QibLXU_fs.jpgBahía de Angra dos Reis http://image61.webshots.com/61/8/79/17/437887917yCuFOH_ph.jpgLa Garganta del Diablo, vista desde Brasil http://image50.webshots.com/50/1/5/5/437910505OBoSkR_ph.jpgOlinda http://image58.webshots.com/58/3/44/72/437934472JpPaVN_ph.jpgPraia do Sancho, Fernando de Noronha, la mejor playa de Brasil http://image50.webshots.com/50/5/80/0/437958000IywAmq_ph.jpgPraia do Boldró, Fernando de Noronha http://image64.webshots.com/64/3/53/89/437935389RkDOWd_ph.jpgTomando el sol en Praia de Tassimirim, Ilha de Boipeba, al sur de Morro de Sao Paulo http://image58.webshots.com/158/1/7/74/438010774bsgoIb_ph.jpgTerreiro de Jesus, Pelourinho http://image63.webshots.com/163/8/42/89/437984289KgYaJG_ph.jpg
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brancellao
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Xabi en su página Vueltalmundo.com también ha publicado el relato y contiene algunas fotillos en formato reducido que acompañan al texto, advierto que hay alguna fuera de lugar, así las de las playas que figuran en parte del relato de Rio, en realidad corresponden a Ilha Grande, también hay fotos de las playas de Morro de Sao Paulo y Boipeba en la parte del relato correspondiente a Porto Seguro, aquí el enlace directo: http://www.euskaweb.com/brasil/relatos/viajeros.htm
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