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Tema: Córcega en setiembre. Relato del viaje (Leído 16698 veces)
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Oracio Holiveira
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Bueno, ya está decidido el destino para el verano. Este año nos toca trabajar todo el mes de agosto y nos vamos 2 semanas y media en setiembre. Hacía ya varios años que queríamos ir a Córcega y sólo esperábamos a librar un mes de junio o setiembre para irnos hasta allá. Ha llegado la hora...
El tema de los vuelos está como sigue:
Trayecto de ida:
Miércoles 5 setiembre. 21.35 h. Biarritz - Paris Orly (79 € / persona con Air France) Noche cerca de Orly (hay hoteles desde 37 € la doble al lado del aeropuerto) Jueves 6 setiembre. 10.45 h. Paris Orly - Calvi (103 € / persona con Air France)
Los vuelos están reservados, aunque no tenemos que hacer el pago hasta mayo. Lo bueno de esta combinación es que dejamos de currar el día 5 por la tarde y el día 6 al mediodía ya estamos en destino.
Si alguien conoce una manera más barata de llegar hasta Córcega se agradecerá la información. Aún estamos a tiempo de anular los vuelos de Air France.
La única alternativa más barata que he visto es un Bilbao - Barcelona con Iberia, tren Barcelona - Girona, avión Girona - Alghero (en Cerdeña), bus Alghero - Santa Teresa y ferry Santa Teresa - Bonifacio, ya en Córcega. Los vuelos salen por 90 € por persona, pero si sumas trenes, buses y ferrys, no se yo si sale mucho más barato. Además de pasarnos todo el día viajando y de que ya vamos a salir de la isla por está misma vía.
Trayecto de vuelta:
Viernes 21 setiembre. 21.50 h. Alghero (Cerdeña) - Girona (39 € facturando una maleta / persona con Ryanair).
Este billete ya lo hemos pillado. Para llegar hasta Alghero tendremos que finalizar nuestras vacaciones corsas en Bonifacio, en la punta Sur de la isla. Desde allí se coge un ferry a Santa Teresa de Garulla, ya en Cerdeña (45 min., unos 15 € / persona) y un bus de Santa Teresa a Alghero. Son 140 km. y hay conexion directa en bus al aeropuerto de Alghero.
En Girona nos juntaremos con otra pareja de amigos y pasaremos el fin de semana en esta provincia. El motivo ya lo he explicado en el hilo de Cap de Creus.
Lunes 24 setiembre. Vuelta en casa desde Girona, bien en coche con nuestros amigos o bien todos en avión desde Barcelona (tanto en Vueling como en Iberia los vuelos andan entre 40 y 50 €)
Itinerario
El itinerario está muy verde todavía. Haremos una travesía a pie de una semana más o menos (una parte del GR20 o alguna otra) y la otra semana nos recorreremos algunas zonas de la isla. Como en esa época no hay problemas de alojamiento, podremos improvisar cuando estemos en la isla.
Si habéis estado por allí, cualquier sugerencia de pueblos a visitar (en el interior y en la costa) es bienvenida.
Oracio
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« Última modificación: Octubre 01, 2007, 02:35:30 por Oracio Holiveira »
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kirby
Moderador/a
Mi segunda casa es el foro :)

Mensajes: 510
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Si alguien conoce una manera más barata de llegar hasta Córcega se agradecerá la información. Aún estamos a tiempo de anular los vuelos de Air France.
Yo la que oido a personas de Gerona que han ido es ir en coche hasata Niza y luego embarcar en ferry. Pero claro, me imagino que tu no usarás coche particular y te dedicarás a ir a pie o transporte publico. Y además, Bilbao queda un poco más lejos. En fin, Corcega hace tiempo que es una de mis futuribles para junio o septiembre. Así tendré toda tu informacióm antes de ir. 
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joseparals
Visitante
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Si alguien conoce una manera más barata de llegar hasta Córcega se agradecerá la información. Aún estamos a tiempo de anular los vuelos de Air France.
Yo la que oido a personas de Gerona que han ido es ir en coche hasata Niza y luego embarcar en ferry. Pero claro, me imagino que tu no usarás coche particular y te dedicarás a ir a pie o transporte publico. Y además, Bilbao queda un poco más lejos. En fin, Corcega hace tiempo que es una de mis futuribles para junio o septiembre. Así tendré toda tu informacióm antes de ir.  Que gran destino Oracio, ojalá puedas darnos buena información!!! Tal como dice kirby, para los gironins la manera más barata de ir a Córcega es desplazarnos hasta Marsella y coger el ferry (no es necesario ir hasta Niza). Son unas tres horas y media en coche y luego el ferry (que puedes coger el nocturno o los rápidos). La gran ventaja es que luego te ahorras de alquilar el coche allí, con lo que la diferencia de precio es notable. Pero claro, desde Bilbao ya es otra historia. Suerte con el GR-20!!!
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Oracio Holiveira
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Lo de ir hasta Marsella en coche y coger allí el ferry hasta Córcega está descartado.
Como bien dice Kirby, poca utilidad le voy a sacar allí, como para darnos esa paliza.
Además, si contamos gasolina, autopista y ferry no creo que salga mucho más barato que ir y volver en avión. Creo que solo es interesante si la intención es alquilar coche en destino, y no es nuestro caso.
De todas formás, gracias por el interés. Os mantendré informados a la vuelta... Casi casi podría hacerlo directamente, ya que paso por Girona...
Oracio
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XAVIBARCELONA
Aprendiz de viajero
Mi segunda casa es el foro :)

Mensajes: 665
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A ver si nos encontramos en Corcega !!  ... es uno de los lugares que barajamos para ir en junio o julio. En principio lo que estamos barajando es pasar aproximadamente 15 dias repartidos entre Cerdeña y Corcega. Pero lo hemos empezado a hablar esta semana, lo tenemos todo moy verde aunque ya tengo algun que otro pdf de la isla con lo imprescindible a visitar y algun dato practico. Como ocupan bastantes megas, voy a ver si encuentro los links exactos y los pongo en este hilo. Supongo que nosotros lo que haremos si vamos sera volar desde Girona a Cerdeña y luego en barco desde Cerdeña a Corcega, volviendo luego a Cerdeña para regresar hasta Girona. Pero como ahora me toca subir desde Valencia a Girona, me da mucho palo, investigaremos si hay alguna otra alternativa o Ryanair abre ruta desde Madrid a Cerdeña aunque solo sea en verano.
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Oracio Holiveira
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Coincidir seguro que no coincidimos, pero al menos compartiremos informacion...
Yo ya tengo un par de guias para preparar el viaje. La Lonely Planet en frances me la compre hace ya algun tiempo, y esta muy bien, aunque alguna vez he ojeado la misma en ingles y es mucho mas breve, parece un resumen de la primera. No se que tal estara la traduccion al castellano que creo tambien existe. Justo el dia anterior de salir de viaje me llego la Rough Guide en ingles y parece tiene muy buena pinta, ya te lo confirmare. Tanto una como otra guia tienen mucha informacion sobre senderismo y sobre las diferentes travesias a pie que se pueden hacer en la isla, y sobre el GR20.
Seguiremos escribiendo...
Oracio
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Oracio Holiveira
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El otro día, en un kiosco de aeropuerto, estuve hojeando la edición en castellano de la Lonely Planet de Córcega. Y es una pena, porque se trata de la traducción de la versión inglesa de la guía, que a su vez es una versión reducida de la versión francesa.
Y me pregunto yo, una vez que se han tomado el trabajo de hacer una guía excelente como es la Lonely Planet en francés, por que no la aprovechan para otros idiomas? por qué hacen versiones reducidas? En fin, que si controláis un poco de francés, pillaros sin duda la guía en este idioma.
He empezado a estudiar la Rough Guide, en inglés, y por el momento también parece muy completa. Creo que serán las 2 guías que me lleve en el viaje.
Oracio
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Carlos Q.
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Tengo un amigo que tiene unas ganas locas de ir a Corcega para hacer el GR 20. Estare pendiente de tu relato a la vuelta para ver que nos cuentas. Por cierto, una curiosidad: ¿Como se hace para reservar un vuelo en marzo y no pagarlo hasta mayo?
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Oracio Holiveira
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Aún no hemos decidido qué travesía hacer en la isla. Por ahora simplemente nos informamos de las posibilidades que hay.
Lo del billete es tan sencillo como hacer la reserva en una agencia de viajes. Con las low cost no sirve, pero con las compañías tradicionales es una ventaja con respecto a la reserva por Internet, donde tienes que pagar en el momento de hacer la reserva. Además el precio era exactamente el mismo en la agencia que por Internet.
Aún no he pagado el billete, tengo de plazo hasta el 1 de junio para hacerlo, y si puedo lo pagaré ese mismo día con la Visa, con lo que realmente no lo pagaré hasta julio.
Oracio
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abeiro
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 46
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Ojo con las caminadas por Córcega. Hoy, un artículo de http://www.liberation.fr/ habla de tres excursionistas muertos: En Corse, le sale temps tue Deux randonneurs ont été retrouvés morts de froid mardi sur le sentier GR20. Et le corps d’un Suisse emporté par une vague lundi, a été retrouvé sur une plage cet après-midi. Además yo recuerdo que una gente del Limosin francés, randoneurs con experiencia que estaban de caminata por la isla bien equipados y tal, se perdieron un verano en el monte bajo (le maquis). Lo pasaron muy mal y tuvieron que ser rescatados en helicóptero. Así que seria absolutamente recomendable llevar buenos mapas, agua, comida y teléfonos móviles. También es una constante el típico comentario de los que han estado allí sobre la indiferencia y el desprecio de los corsos hacia el visitante. Motivo por el cual muchos no nos decidimos a ir. Algunas guias dicen abiertamente que lleves buenos mapas, ya que no contemplan que puedas pedir algún tipo de información a los locales. Lo encuentro muy fuerte. YA contareis.
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Oracio Holiveira
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Hombre, cuando vas a la montaña, hay que tener en cuenta que vas a la montaña. Por supuesto, hay que llevar buenos mapas, agua, comida, brújula, hay que prestar atención al parte meteorológico, etc. Pero esto no sólo es valido para Córcega, sino para todas las montañas del mundo. En Pirineos también muere bastante gente todos los años, y por eso no dejamos de ir allí siempre que podemos. De todas formas gracias por el consejo, y no te preocupes, llevaremos ropa de abrigo, compraremos buenos mapas, y consultarmos el tiempo antes de salir cada día.
En cuanto al trato de los corsos a los visitantes, conozco bastante gente que ha estado allí, tanto españoles como franceses, y el sentimiento que han tenido es el contrario al que tu explicas, es decir, hospitalidad por todos lados. Ya os contaré de primera mano.
Oracio
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Kiruna
Moderador/a
Mi segunda casa es el foro :)

Mensajes: 1154
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Yo estuve mirando el año pasado Córcega (para agosto) y la verdad, es que con los precios de los vuelos que has conseguido, no te vale para nada la pena coger el ferry (y pegarte el palizón). A mi me pareció bastante caro  Jo Oracio, menudo destino!!!  creo que lo vas a disfrutar muchíiiiiiiiiiisimo!!! 
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Oracio Holiveira
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Poco a poco empezamos a perfilar el itinerario de nuestro viaje a Córcega.
Os dejo algunas preguntas junto al plan de viaje.
Llegamos al aeropuerto de Calvi. En esta ciudad o alrededores pensamos pasar 1 ó 2 noches. Estamos dudando si alguilar un coche para 1 ó 2 días para recorrer los pueblos del interior de la Balagne, hasta donde no hay transporte público. Hasta ahora el mejor precio que hemos encontrado es de 60 € / día.
- Alguién sabe donde podría encontrar algo más barato? Reservando allí mismo en Córcega? En alguna pagina web de reservas de alquileres por Europa?
Después pillaremos un bus hasta Galeria, y desde allí comenzaremos una travesía a pie hasta Corte, realizando algunas etapas del sendero Mare e Monti y enlazando con parte del sendero Mare a Mare Nord. Nos parece que combina muchas de las cosas que ofrece la isla: pueblos costeros, playas, pueblos de montaña, valles escondidos, lagos de altitud... Hemos calculado 8 días para realizarlo, con etapas de 5 a 7 horas de caminata, aunque esto ya se verá en función de como andemos con respecto a los tiempo que marca la topoguía.
- Alguien ha realizado alguna de estas travesías? Qué tal son los tiempos que marca la topoguía de la FFRP (Federacion Francesa de Senderismo)?
Si al final nos decidimos sobre el numero de noches anteriores al comienzo de la travesía, seguramente reservaremos alojamiento en Girolata y Curzu, finales de la primera y segunda etapas, ya que la única posibilidad de alojamiento son los pequeños gites d'etape de cada pueblo. En el resto de la travesía hay más posibilidades. Desde la travesía es posible hacer un pequeño a desvío hasta Porto, desde donde salen embarcaciones para visitar la costa que lo rodea, que parece ser espectacular.
Una vez terminada la travesía en Corte, desde allí pillaremos un tren hasta Ajaccio. El tren atraviesa las montañas centrales de la isla y debe ser espectacular. Desde Ajaccio, tiraremos hacia Sartène, según cuentan la más corsa de las ciudades corsas. Si nos queda tiempo haremos una travesía de un par de jornadas siguiendo el sendero Mare a Mare Sud, a su paso por la region de montaña de l'Alta Rocca, y por último bajaremos a Porto-Vecchio, para disfrutar de sus playas, antes de finalizar el recorrido corso en Bonifacio.
Hemos pensado cruzar en ferry de Bonifacio a Cerdeña el mismo día del vuelo de Alghero a Girona, ya que el vuelo es por la noche, y pasar el último día en Alghero.
- Sabéis si este trayecto en ferry suele ser anulado si hay mala mar? Será más prudente hacer el trayecto el día anterior?
Por último, en Girona nos juntamos con unos amigos. Seguramente pasaremos la primera noche en la capital, antes de tirar hacia Cadaqués, donde nos instalaremos un par de noches para volver a disfrutar de la costa del Cap de Creus,... y cómo no, de la cena que tenemos reservada en El Bulli, un magnífico colofón para nuestras vacaciones.
Cualquier comentario sobre nuestro itinerario, será bien recibido.
Ah! Y a la vuelta ya os comentaremos qué tal nos ha ido con las medusas, jeje. Esos bichos se comen? Los japoneses creo que se los papean hasta crudos...
Oracio
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« Última modificación: Julio 15, 2007, 11:13:43 por Oracio Holiveira »
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abeiro
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 46
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Para el coche, no se si conoceis http://es.autoeurope.com/. suelen tener cosas interesantes. En cuanto al trayecto en ferry, no me suena que haya problemas como pasa muy frecuentemente en las islas griegas. Ten en cuenta que es un ferry, es decir, un barco grande donde embarcan coches, camiones, autobuses...y tiene bastante tolerancia: yo no me preocuparia. es una pena que vayais tan justos de tiempo: en sta. teresa de gallura, el pueblo de cerdeña donde atracareis, tiene a sólo 3 kilòmetros mirando al estrecho de bonifacio, el capo testa, con un par de playas de arena (levante y poniente) y un trocito de costa rocosa con alguna calita, que se visitan en 10 minutos y valen la pena...aunque viniendo de donde vendreis, igual ireis sobrados de imagenes de estas.
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Oracio Holiveira
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Gracias abeiro.
Si al final nos decidimos a alquilar coche algunos días, le echaré un vistazo a la página, aunque nos estamos decantando por limitarnos a ver Calvi y alrededores el primer día, y tirar seguido hacia Galeria, donde empezamos la travesía. Nos apetece dejar más tiempo para poder visitar con calma el Sur de la isla.
Me alegra leer que no hay problemas con los ferris. Y me interesa mucho lo que dices de las calas cercanas a Sta. Teresa de Gallura. Cerdeña no es el objetivo de este viaje (algún día también le tocará, tengo localizada una travesía por la costa Este de esta isla que tiene una pinta mágnífica, lo llaman Selvaggio Blu), pero ese último día seguramente pillaremos el primer ferri de la mañana en Bonifacio, así que si conoces sitios interesantes entre Sta. Teresa de Dallura y Alghero, se agradecerá la información. Por el momento ni he mirado lo que hay por esa zona.
Un saludo
Oracio
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« Última modificación: Julio 15, 2007, 11:13:11 por Oracio Holiveira »
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abeiro
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 46
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por cierto, estoy seguro de que el bulli os parecerá genial. creo que tanto si os gusta la comida y el servicio estilo acólitos de secta milenarista como si todo os parece un bluf, pensareis: este tio es un genio.
originario de la ciudad menos glamourousa de catalunya, lavaplatos y ranchero durante el servicio militar en su juventud y luego chef con tres estrellas, ferran adria, hoy caricatura televisiva y pope indisputado de la galaxia gastrosnob, ha creado entre otras cosas un verbo: adrianear. lo cual, en términos de balance vital y visto desde mi ventana, no es poco. este tio es un genio.
nosotros, que compartimos sala con un grupo de aristócratas ingleses a los que los camareros-acólitos siseaban ritmicamente al oído el estribillo "deconstruction", y que compartimos mesa con una mosca verduzca, gordezuela y viva aunque mutilada de un ala, que no formaba parte del menu y por lo tanto no deberia haber estado allí, nosotros decia, quizás atontados por el "baturrico" (me refiero al vino más barato de las enciclopedias enológicas, cuyo peso hace crujir a veces las lumbares, que usan como carta de vinos los restaurantes de postín. en el bulli creo recordar que el "baturrico" costaba 40 euros de hace cinco años) que acababamos de beber, también pensamos: este tio es un genio. y no porque nos impresionase la comida, sino como decia por todo lo contrario.
la comida, a mi entender sin alma, vacía, es lo de menos. cenar en el bulli sigue siendo una de las más rentables inversiones que he hecho en mi vida: he sacado a colación la experiencia en cientos de conversaciones, y al hacerlo, parece como si una pátina de prestigio me cubriese, como si el mundo se dividiese entre los que habian comido y los que no habian comido "allí".
en fin, aunque sea un poco colateral en relación a corcega, me atrevo a esperar, oracio, tu informe sobre la experiencia.
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Oracio Holiveira
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Reconozco que a mi me pasa lo mismo. Cada vez que comento que tengo una reserva para cenar en El Bulli, la gente me mira como si me hubiera tocado la lotería. Sobre lo que allí se come, la tuya no es la primera opinión de ese tipo que oigo o leo, abeiro, aunque también he leído y oído las que lo describen como una gran fiesta gastronómica. En fin, intentaré ir allí sin ningún tipo de prejuicio, y ya os contaré la experiencia a la vuelta. En cuanto a los vinos, es posible descargarse la carta de su página web. Por lo que veo, los precios no son tan caros, yo diría que son más baratos que en cualquier restaurante francés de una mínima categoría. Esto es cierto incluso para los vinos franceses... Por si a alguien le interesa, en esta página personal hay una buena descripción del menú de este año, incluso con fotos de muchos de los platos. http://www.santiromero.com/article/comida-en-el-bulli-2007Los vinos con que acompañaron a la cena en la página anterior, los recomendados por el restaurante, andan todos entre 30 y 55 € la botella. No tienen pinta de ser vinos mediocres precisamente. No me lo han confirmado aún, pero por referencias que me han llegado, parece ser que el menú de este año cuesta 180 €. Oracio
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abeiro
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 46
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bueno, recuerdo que el "baturrico" costó unas cinco mil y pico de pesetas y era el tinto más econòmico. igual desde entonces los precios no hayan subido: mira lo que ha pasado por ejemplo con los billetes de avión en este tiempo: volar a nueva york cuesta ahora más o menos la mitad que hace quince años. no es que fuera un vino mediocre, pero a mi entender ningún vino del mundo puede maridar con 20 platos diferentes a la vez, o sea que con menús así el vino aunque sea decente puede devenir mediocre. tomar agua podria ser una opción mejor.
recuerdo también que como la carta tenía un apartado de vinos de california, pedi al que hacia de sommelier alguna referencia con uva zinfandel. cuando se trata de vinos de alta gama, esta uva da unos vinos diferentes, que nos encantan. es una uva conocidisima en la zona productora al norte de s.francisco, de difuso origen italiano, característica de alli y sólo de alli. al parecer nunca habían oído hablar de ella, o sea, fallo de confección de carta de vinos (la zona no estaba bien representada), y fallo de servicio. hubo también otros fallos de servicio: una servilleta que el camarero dejo caer al suelo y que tuvimos que reclamar para que nos reponieran. son cosas que sencillamente no pueden pasar en un restaurante con una clasificación de tres estrellas. como lo de la mosca.
pero bueno, como te digo es sólo mi opinión personal.
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abeiro
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 46
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a lo mejor estos detalles casposos y absolutamente verídicos, que se me antojan inconcebibles en el caso de chefs franceses como bernard loiseau, que se quitó la vida al parecer por la presión de dirigir su restaurante de tres estrellas en saulieu, y que según he leído cada mañana antes de ponerse el delantal llevaba su rigor hasta el punto de recoger él mismo del jardín del restaurante las hojas secas y los palitos caídos sobre la hierba durante la noche, o como el grandísimo alain ducasse, cuya concepción rigurosa, casi paramilitar del servicio considero la más adecuada para el caso de restaurantes del nivel de los que hablamos, y que tiene tantas estrellas michelin que más que un cocinero parece una constelación, estos detalles no hacen más que alimentar la aureola iconoclasta, desacralizadora, traviesa del genio y de sus muchas veces cutres "inventos del tbo". el genio se lo come todo, lo procesa todo. y como no: yo confieso que volveria sin dudarlo a pasar por el aro de comer allí. los humanos y las humanas somos así, debe ser un fallo de diseño. aunque por supuesto, y termino, en ningún caso repetiría.
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abeiro
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 46
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¿y nos podrias decir como conseguisteis la reserva? la leyenda dice que hay una lista de espera de dos años...
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natalix
Sin adicción al foro :-)

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hola horacio, veo que eres un experto, tienes 600 y pijo visitas, te leen, te hacen caso¡¡¡ he mandado un mensaje pidiendo asesoramiento contestame
y de paso si me recomiendas una isla ¿¿ natalix
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Oracio Holiveira
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¿y nos podrias decir como conseguisteis la reserva? la leyenda dice que hay una lista de espera de dos años...
Contacté con ellos por primera vez en abril de 2006, vía e-mail, pero no me confirmaron la reserva hasta diciembre 2006. La fecha de la cena la pusieron ellos, aunque haciendo caso de las preferencias que les habíamos indicado. Natalix, te contesto en el hilo que has abierto sobre Croacia. Oracio
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« Última modificación: Julio 22, 2007, 09:50:27 por Oracio Holiveira »
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natalix
Sin adicción al foro :-)

Mensajes: 9
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OH¡_RACIO
10000 GRACIAS, hoy hemos empezado a organizar el viaje, y eso es mucho teniendo en cuenta que normalmente solo nos entran las prisas par ncontar los billetes. tu ayuda nos ha servido de mucho. pero ahora hay una part two. una vez salgamos de territorio croata hemos decidido pasar por budapest y viena. viena para coger el avion de vuelta hacia españa.
teniendo en cuenta que en budapest pasaremos 2 dias y dia y medio en viena
te ruego encarecidamente a: una rutita para budapest(hay posibilidad de recorrerlo en bici??(y que zona esta barata para alojarse)puede que lleguemos un poco arruinados. b )algun alojamiento barato en viena.
oh¡ racio gracias gracias
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Oracio Holiveira
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Natalix,
me temo que con Budapest y Viena no te puedo ayudar.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Bueno, ya tenemos definido un itinerario para el viaje a Córcega. Aunque, como siempre, seguro que habrá cambios... Os pongo donde pensamos pasar cada noche y cómo llegamos hasta allí. Miércoles 5 setiembre: Orly (en avión) Jueves 6: Calvi (en avión) Viernes 7: Galeria (en bus) Sábado 8: Girolata (a pie por el sendero Mare e Monti) Domingo 9: Curzu (a pie por el sendero Mare e Monti) Lunes 10: Porto (a pie por el sendero Mare e Monti) Martes 11: Evisa (a pie por el sendero Mare e Monti) Miércoles 12: Albertacce (a pie por el sendero Mare a Mare Nord) Jueves 13: Refugio A Sega (a pie por el sendero Mare a Mare Nord) Viernes 14: Corté (a pie por el sendero Mare a Mare Nord) Sábado 15: Porto-Vecchio (en tren hasta Ajaccio, visita de la ciudad y en bus hasta Porto Vecchio) Domingo 16: Porto-Vecchio (visita de los alrededores en coche de alquiler) Lunes 17: Serra di Scopamène (en bus hasta Zonza, sólo lunes y viernes, y a pie por el sendero Mare a Mare Sud) Martes 18: Ste-Lucie de Tallano (a pie por el sendero Mare a Mare Sud) Mièrcoles 19: Sartène (en bus) Jueves 20: Bonifacio (en bus) Viernes 21: Cadaqués (en ferry + bus + avión + coche) Sábado 22: CadaquésDomingo 23: CadaquésEl circuito está cogido con pinzas, ya que los transportes públicos en setiembre empiezan a ser escasos en la isla, algunos de ellos se limitan a un par de buses semanales. Por ello, retrasarnos algún día en algún sitio implicará renunciar a alguno de los lugares que queremos visitar y volver a diseñar todo el recorrido de nuevo... Y lo bien que se lo pasa uno haciéndolo! He reservado habitación para las primeras noches: - En Calvi, el Hotel du Centre. Como su propio nombre indica, más centrico imposible. Una habitación con ducha, pero con WC en el pasillo, nos costará 41 €. Había alguna más barata, más pequeña, sin ducha, por 34 €. El lugar más económico de la ciudad, aunque no tiene mala pinta, a pesar del retrete fuera. - En Galeria, l'Auberge Galeris http://galeris.corsica-net.com/ 35 € la habitación doble con baño, aunque hay que enviar un giro postal de 10 € para confirmar la reserva, lo que nos ha costado 4,28 € más... - En Girolata, el Gîte Le Cormoran, 34 € / persona la media pension, obligatoria. En el pueblo solo hay otro gîte con idénticos precios. A este curioso pueblo sólo se puede llegar caminando (mínimo 1,5 horas) o en barco. - En Curzu, el Gîte de Curzu, 34 € / persona la media pensión. No es obligatoria, pero como si lo fuera, ya que no hay ningún otro lugar para comer en el pueblo. A partir de aquí comienzan las dudas sobre lo que haremos, así que iremos reservando sobre la marcha, y en función del grado de ocupación que observemos en los albergues. De todas formas, en los siguientes días de travesía hay más posibilidades de alojamiento. Donde estamos teniendo problemas es en el hotel cerca de Orly, sobre todo porque llegamos allí sobre las 11 de la noche, y a esa hora el servicio de navette gratuita de muchos hoteles ya no existe. Estamos esperando la respuesta de un par de hoteles, entre 55 y 65 € la habitación. Si alguien ha dormido cerca de este aeropuerto, se agradecerá la información. Al final dormiremos las 3 noches de Girona en Cadaqués. Llegamos al aeropuerto de Girona a las 11 de la noche, pero nos vendrán a buscar. Pasaremos el fin de semana allí 5 adultos y una niña de poco más de un año. Hemos alquilado una casa en Cadaqués, en la parte antigua del pueblo, con 3 habitaciones, en www.inmobiliariacadaques.com/frame_lloguers.html . En principio solo alquilan casas y apartamentos para una semana, pero a nosotros nos la alquilan por 3 días, de viernes a lunes, por 300 €. De Cadaqués hasta casa volveremos en coche con los colegas, por Francia, que es más corto, y pasando a recoger nuestro coche en Biarritz. Se aceptan comentarios sobre nuestro itinerario... Oracio
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« Última modificación: Agosto 13, 2007, 11:12:01 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Ya está reservado también el hotel en Orly la primera noche. Hotel Citotel La Rotonde www.citotel-larotonde.com/index-es.htm56 € la habitación doble con baño. Servicio de navette gratuita hasta y desde Orly a cualquier hora. Oracio
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« Última modificación: Agosto 13, 2007, 11:17:17 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Os pongo aquí unos enlaces de las webs que me han sido más útiles hasta el momento. www.corsicabus.org (en francés e inglés). Imprescindible si piensas recorrerte la isla en transporte público. Recopila los horarios de todas las líneas de tren y autobús. www.parc-naturel-corse.fr (en francés). Página del Parque Natural Regional de Córcega, con información de senderismo, alojamiento y muchas cosas más en el interior del parque, que ocupa cerca de un tercio de la superficie de la isla. Además, en las páginas de las oficinas de turismo de cada región corsa, podéis encontrar mucha información útil: folletos en pdf, alojamientos, mapas de ciudades y regiones, etc. Vale la pena echarle un ojo a cada una de ellas. Estas son las oficinas que existen en los lugares por donde vamos a pasar nosotros. Oficina de Turismo de Calvi y la Balagne www.balagne-corsica.com (en francés) Oficina de Turismo de la region de Porto www.porto-tourisme.com (en francés, inglés, alemán e italiano) Oficina de Turismo de Corte www.corte-tourisme.com (en francés, inglés, alemán, italiano, castellano y catalán!) Oficina de Turismo de Ajaccio www.ajaccio-tourisme.com (en francés, inglés, alemán e italiano) Oficina de Turismo de Porto-Vecchio www.accueil-portovecchio.com (en francés, inglés e italiano) Oficina de Turismo de Bonifacio www.bonifacio.fr (en francés, inglés, alemán, italiano y castellano) Oracio
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Oracio Holiveira
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Bueno, ya estamos por aquí.
Córcega nos ha encantado. Hemos disfrutado muchísimo de sus playas, de sus montañas, de sus amables pueblos del interior y de sus bellas ciudades de la costa, y de la tranquilidad y el buen tiempo de esta época del año. Pero lo más increible es cómo se ha podido conservar este trozo del Mediterraneo, que sigue mostrandose casi exactamente igual que como era hace cientos de años.
Exactamente lo contrario de lo que estamos haciendo con el litoral mediterraneo español...
Un destino para repetir muchas veces, de hecho la mayoría de los turistas con los que nos hemos relacionado habían visitado la isla en varias ocasiones. Seguro que nosotros también repetiremos!
Poco a poco iré escribiendo el relato de nuestras experiencias por allí.
Saludos a todos!
Oracio
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Oracio Holiveira
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Itinerario
El recorrido ha sido muy similar al planificado. Cambiamos el orden previsto para los últimos días, haciendo menos km. de carretera, pero realizando un par de tramos en autostop.
Alquilamos un coche (muy caro) para recorrer durante un par de días los alrededores de Porto-Vecchio.
Las 2 noches que pensábamos dormir en esta ciudad, las pasamos en St. Cyprien, un pequeño pueblo junto a una playa al Norte de la ciudad, invitados por un grupo de franceses que habíamos conocido una semana antes, que tenían una habitación libre en la casa que habían alquilado en la playa, y que nos trataron a cuerpo de rey minetras estuvimos allí.
La última noche la pasamos en Cerdeña, en Santa Teresa di Gallura, tras pasar el día en Bonifacio (pasamos una sola noche allí en lugar de las 2 previstas), escapando de los precios escandalosos del alojamiento en esta ciudad. El único hotel asequible estaba completo para varios días.
Os dejo el itinerario final, dónde dormimos cada noche y cómo llegamos hasta allí.
Miércoles 5 setiembre: Orly (en avión) Jueves 6: Calvi (en avión) Viernes 7: Galeria (en bus) Sábado 8: Girolata (a pie por el sendero Mare e Monti) Domingo 9: Curzu (a pie por el sendero Mare e Monti) Lunes 10: Porto (a pie por el sendero Mare e Monti) Martes 11: Evisa (en bus hasta Ota y a pie por el sendero Mare e Monti) Miércoles 12: Albertacce (a pie por el sendero Mare a Mare Nord) Jueves 13: Refugio A Sega (a pie por el sendero Mare a Mare Nord) Viernes 14: Corte (a pie por el sendero Mare a Mare Nord) Sábado 15: Sartène (en tren hasta Ajaccio, y luego en bus) Domingo 16: Serra di Scopamène (en autostop hasta Ste. Lucie de Tallano y a pie por el sendero Mare a Mare Sud hasta Serra) Lunes 17: St. Cyprien (a pie por el sendero Mare a Mare Sud hasta Zonza, autostop hasta Porto-Vecchio y coche de alquiler) Martes 18: St. Cyprien (circuito en coche de alquiler) Mièrcoles 19: Bonifacio (circuito en coche de alquiler hasta el aeropuerto de Figari + taxi y bus a Bonifacio) Jueves 20: Sta. Teresa di Gallura (en ferry) Viernes 21: en bus hasta Alguero + avión a Girona
Tras finalizar el diario del viaje a Córcega, pondré alguna información sobre lo que hemos hecho en Cadaqués y alrededores, en el hilo sobre Cap de Creus.
Oracio
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« Última modificación: Octubre 03, 2007, 07:12:04 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Lo mejor del viaje
De las cosas que hemos visto y hecho en este viaje, estas son las que nos han dejado los mejores recuerdos:
- Disfrutar del sol, el mar y los guijarros de las playas del Noroeste de la isla, entre Calvi y Porto.
- Compartir una mesa en una terraza, unas cervezas y un buen rato de conversación con Monique, una chica de Calvi con la que quedamos a través de un foro de viajes.
- Descubrir caminando algunos pueblos encantadores de la región de La Balagne, cerca de Calvi.
- Comer buen pescado fresco en Galeria y Girolata (y también en Cerdeña).
- Bañarnos en la playa junto a las vacas en Girolata, una preciosa aldea de pescadores a la que sólo se accede caminando.
- Extasiarnos ante los paisajes de mar y montaña de los primeros días de caminata.
- Desayunar en los gites d'etape, con auténtica mermelada casera de higo, madroño o mirto, y comerlas también acompañando los ricos quesos de la isla.
- Recorrer en un pequeño barco, al atardecer, las Calanques de Piana, entrando en las pequeñas grutas formadas por la erosión del mar.
- Hartarnos de probar los deliciosos quesos y embutidos de la isla, sobre todo en las paradas para comer durante nuestras caminatas.
- Caminar por el interior de la isla, entre frondosos bosques, o con magnificas vistas de las montañas del centro.
- Contagiarse de la tranquilidad reinante en los bonitos pueblos de la montaña corsa: Curzu, Evisa, Albertacce, Serra di Scopamène, ...
- Comprobar la calidad de los productos corsos en cuanto consigues evitar los restaurantes que ofrecen “menús corsos” en los lugares más turísticos.
- Aprovechar el buen ambiente de los gites d'etape para conocer gente con las mismas aficiones y disfrutar de agradables charlas en la sobremesa (ha sido el viaje en el que nos hemos traido a casa más direcciones de gente que hemos conocido por el camino).
- Refrescarnos en las frías aguas de las abundantes pozas y cascadas que atravesamos por los caminos de la isla.
- Ver como los famosos “cerdos corredores", criados en semilibertad, nos adelantaban a toda velocidad por los caminos de la isla.
- Calmar la sed, tras una buena caminata, bebiendo una caña de Pietra, una excelente cerveza con toque de harina de castaña.
- Perdernos al anochecer por las empinadas callejuelas de las 2 principales ciudades del interior: Corte y Sartène.
- Degustar los diferentes vinos de la isla (hasta 9 denominaciones de origen controladas), siempre buenos, tanto en botella como en pichet.
- Alargar las sobremesas nocturnas en la casa donde fuimos invitados a dormir junto a la playa de St. Cyprien.
- Trepar, escalar y lanzarnos desde lo alto de las sucesivas cascadas que encontramos en el curso del río Polischellu.
- Caminar sobre la blanca arena de las idílicas playas de la región de Porto-Vecchio, junto a los bosques de pinos que llegan casi hasta el mar, y bañarnos en sus tranquilas aguas turquesa.
- Callejear por la Ciudad Alta de Bonifacio, con sus casas colgando del acantilado, y seguir varios km. al borde del mismo, con impresionantes vistas de la ciudad.
- Y sobre todo, alucinar con el grado de virginidad en el que los corsos han conseguido mantener su isla, una grandísima excepción en todo el Mediterráneo.
Oracio
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« Última modificación: Octubre 03, 2007, 09:54:46 por Oracio Holiveira »
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moonflower
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Oracio bienvenido... Carai, como siempre me has hecho entrar unas ganas de visitar ese lugar... y eso que todavía no has empezado a contar nada.. Pero esas cascadas, esos paisajes mar y montaña, esas playas maravillosas, esos pueblos perdidos del interior, y esos quesos que me enloquecen regados de un buen vino...o tenemos casi los mismos gustos o tienes un poder de persuasión increible.  Es que hasta he entrado en un par de webs sobre Corcega para ver algo de sus maravillas. vaya pinta más estupenda!! habrá que apuntar este destino en mi larga lista de sitios a visitar.Aunque este destino junto con Sicilia, creo que son los que ganan en la lista de Europa, por el momento....
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« Última modificación: Octubre 03, 2007, 10:05:41 por moonflower »
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Oracio Holiveira
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... Pero esas cascadas, esos paisajes mar y montaña, esas playas maravillosas, esos pueblos perdidos del interior, y esos quesos que me enloquecen regados de un buen vino...
No es posible describir mejor Córcega con tan pocas palabras, y eso que no has estado aún... Hemos estado 15 días, y nos hemos dejado muchísimas cosas por ver. Tenemos claro que, al igual que a Grecia, es un destino al que volveremos de vez en cuando. Eso sí, como en Grecia, cuanto más lejos de la temporada alta, mejor. Oracio
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Oracio Holiveira
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Lo peor del viaje
Y estas son las facetas del viaje que menos nos han gustado:
- El precio abusivo de algunos productos y servicios: el alquiler de coche, una botella de vino en un restaurante, una cerveza en cualquier lugar, el alojamiento en Bonifacio, los taxis,...
- La comida impersonal (y muchas veces congelada) de algunos restaurantes en la playa y en los lugares más turísticos. Los corsos normalmente no comen “menús corsos”, así que lo mejor es evitarlos.
- La hora de cierre del gîte de Curzu. A las 20.30 h., justo después de cenar, apagaron las luces y todo el mundo a dormir! Hay que recordar que es el único comercio del pueblo...
- La poca seriedad de algunos servicios (afortunadamente los menos) al realizar reservas por teléfono. Nos dejaron tirados (tras haber reservado por teléfono el día anterior) un hotel en Porto y una agencia de alquiler de coches en Porto-Vecchio.
- Un taxista en el aeropuerto de Figari, que nos fue recordando de forma bastante desagradable durante todo el recorrido lo corto que era el trayecto que habíamos contratado, que aun así nos costó más de 12 €. Por qué casi siempre hay problemas con este gremio?
- La vuelta al estilo tradicional de “playa mediterránea” cuando llegamos a Cerdeña. Aunque, al fin y al cabo, pasamos un buen rato en la playa de Sta. Teresa di Gallura, viendo los corros de turistas italianas regateando en torno a los vendedores ambulantes, y a los grupos de jóvenes engominándose con agua de mar y abrillantándose su piel con la misma agua, antes de posar ante el último modelo de micro-cámara fotográfica, con Bonifacio de fondo (a 12 km...).
Y realmente no puedo recordar nada más!
Oracio
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alvaro
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Precio abusivo del vino, de la cerveza, comida impersonal, congelada...pero bueno Oracio, han golpeado donde más duele....
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Oracio Holiveira
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Afortunadamente, hay formas de disfrutar de todas estas cosas, pagando bastante menos.
Una botella de vino en un restaurante no bajaba de 20/25 €, cuando esa misma botella en el supermarcado costaba unos 7/8 €. En cambio, el vino del pais en jarra (que estaba casi siempre muy bueno) venía a costar unos 5 € el medio litro. Con lo cual, en el restaurante bebíamos vino en jarra (pichet le llaman ellos) y de vez en cuando comprábamos alguna botellita para beber en la terraza de la habitación.
Una Pietra (botella o caña, de 0,25 l.) venía a costar entre 3 y 3,5 € en cualquier sitio, así que lo mismo, cuando podíamos las comprábamos en los supermercados (entre 1 y 1,5 €) y como en los gites hay siempre neveras de uso común, habíamos buen uso de ellas. De todas formas, la Pietra nos pareció siempre mejor cuando era de barril, así que bebimos unas cuantas a lo largo del viaje. En este caso valía la pena pagar lo que es bueno...
Y la comida, como he dicho lo mejor es escapar de los menús turísticos (alguna que otra vez nos tocó sufrirlos) y dirigirse a los restaurantes de auténtica comida corsa, donde pagando entre 20 y 30 € por persona, vino incluido, podías disfrutar de los productos del país, siempre de una calidad extraordinaria.
Oracio
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joseparals
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Hola Oracio, Veo que no te ha defraudado nada Córcega, todo el mundo me lo recomienda y tengo el planning de unas hipotéticas vacaciones hecho desde hace tiempo, algún dia tocará... Queria hacerte una pregunta, a la mayoria de la gente que ha estado siempre han terminado diciendome que la zona costera de la isla es "relativamente parecida" a la Costa Brava, y es un comentario común el escuchar: no vayas que es más de lo mismo (dejando de banda el interior de la isla que creo que es precioso"... Como lo has visto tú, que conoces las dos zonas? Ah, por cierto, espero con muchas ganas tu comentario detallado de la cena en el Bullí... 
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Oracio Holiveira
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Hombre, decir que la costa de Córcega es "relativamente parecida" a la Costa Brava es simplificar bastante. Sólo hemos conocido las zonas costeras entre Calvi y Porto (al Noroeste) y entre Porto-Vecchio y Bonifacio (al Sudeste), y unas pocas horas que pasamos en las playas al Norte de Ajaccio, en la costa Oeste. Y de la Costa Brava solo conozco el Parque Nacional de Cap de Creus.
Desde luego, la costa Sudoeste no tiene absolutamente nada que ver con la Costa Brava: largas y solitarias playas de arena blanca y aguas turquesa en los alrededores del Porto-Vecchio, que a mí me recordaban más al Caribe, y acantilados de blancas paredes verticales en los alrededores de Bonifacio.
Tal vez la zona del Noroeste se parezca más a la Costa Brava, pero mucho más virgen, y con una transición mucho más salvaje entre mar y montaña.
Y, como tu dices, luego tienes el interior de la isla, que a mi me pareció aún más espectacular que la costa, y desde luego no tenéis nada parecido en la Costa Brava.
Y sobre todo, en Córcega no existe nada parecido a Roses, ni siquiera los barrios perífericos de Ajaccio, que es la zona más construida de la isla.
Del Bulli llegarán los comentarios, pero tendrás que esperar a que termine el diario del viaje a Córcega. Será en el foro de Rutas por España, en el hilo que abrí en su día sobre el Cap de Creus.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Fuentes de informaciónEsta es la documentación que nos hemos llevado para nuestro viaje por la isla: - Guías generales.- Corse. Lonely Planet. Edición 2007. En francés www.lonelyplanet.fr/_htm/catalogue/index.php?mode=notice¶m1=9782840705772- Corsica. Rough Guide. Edición 2006. En inglés. www.roughguides.com/website/shop/products/Corsica.aspxLas 2 guías son bastante completas y cualquiera de ellas puede ser suficiente para preparar un viaje a Córcega. La Lonely está algo más actualizada a nivel de precios, la Rough Guide da información más completa sobre lo que se puede ver o hacer en cada lugar. Las 2 contienen información abundante sobre las posibilidades de senderismo en la isla, describiendo muchas de las travesías posibles. La Lonely tiene un fallo gordo, ya que se han olvidado de un lugar como Galeria, perdida en la frontera entre dos de las regiones definidas por la guía. Como ya indiqué en los mensajes de preparación del viaje, las ediciones en inglés y en castellano de la guía Lonely Planet son bastante menos completas que la edición francesa. Guías de senderismo.- Entre mer de montagne. FFRP. Edición 2001. En francés www.ffrandonnee.fr/topos/topoGuidesCatalFiche.aspx?ref=065&t=reg&v=19En agosto 2007 se publicó una nueva edición, aunque nosotros no la compramos. Esta topoguía de la Federación Francesa de Senderismo, describe la totalidad de los senderos Mare a Mare y Mare e Monti, acompañados del recorrido sobre planos a escala 1:50.000. Aunque con ella puede ser suficiente para realizar las travesías por senderos balizados, nosotros preferimos comprar planos algo más destallados. E hicimos bien, ya que la topoguía se nos perdió en algún lugar del bosque corso... - Planos IGN 1:25.000. 4150 OT, 4250 OT, 4253 OT, 4254 OT.Se pueden comprar en la web del Instituto Geográfico francés www.ign.fr, o en cualquier kiosco o librería de la isla (9,5 € cada plano). Los 2 primeros incluyen el recorrido íntegro de la travesía de 7 días siguiendo parte de los senderos Mare a Mare Nord y Mare e Monti Nord, entre Galeria y Corte. Los 2 últimos incluyen el recorrido de la travesía de 2 días siguiendo parte del sendero Mare a Mare Sud, entre Ste. Lucie de Tallano y Zonza. Creo que es mejor invertir en los planos que en la topoguía, ya que lo que aporta esta (duración de las etapas, alojamiento al final de cada una), se puede conseguir fácilmente en Internet o en las guías de viaje generales. Nos cruzamos con bastante gente que se había desviado del camino (algunos varias horas), llevando la topoguía como única información. - En Internetwww.hebergement-corse.com/b_n_b_guide_corse.htmlEsta página (en francés) es mucho más completa (y más certera) que la Lonely Planet y que la Rough Guide a la hora de recomendar alojamiento y restaurantes por toda la isla. Nos imprimimos la información correspondiente a los lugares por donde pensábamos pasar, y nos fue muy util. www.voyageforum.com/destinations/corse/El foro donde he encontrado más información sobre Córcega. Oracio
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« Última modificación: Octubre 07, 2007, 11:46:50 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Literatura
Me he llevado un par de novelas, narradas por escritores franceses, y que transcurren de una forma u otra en Córcega. Sólo tuve tiempo de leer la primera de ellas.
Gustave Flaubert. Viaje a los Pirineos y Córcega. Relato del viaje que hizo en su juventud el autor por estas 2 regiones, en el siglo XIX. Qué forma de viajar tan diferente a la de ahora, en todos los aspectos! Impresionante la descripción de Irun y Hondarribia en esa época, con el autor repartiendo monedas entre los chiquillos. Cómo me recordaba a las imágenes que vemos hoy en día de turistas repartiendo caramelos por Africa o Asia! A pesar de que el jovencito Flaubert es capaz de sacarnos de quicio con su comportamiento en algunos momentos, el libro está escrito con sentido del humor y vale la pena leerlo.
Prospère Merimée. Colomba. Historia de vendettas en los pueblos del interior de Córcega del siglo XIX, que aún tengo pendiente de leer.
Además, también me llevé unos deliciosos cuentos de Guy de Maupassant, que transcurren por parajes que nosotros visitamos: Evisa y el bosque de Aïtone, en Un bandido corso; el valle del Niolo, en Historia corsa; Bonifacio, en Una vendetta. En todos los casos se trata de pequeñas y siniestras historias de venganzas y bandidos.
Tanto las novelas como los cuentos me los bajé gratis de Internet, en francés, y me los imprimí antes de salir de viaje, y me iba deshaciendo por el camino de lo que ya había leído.
Oracio
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« Última modificación: Octubre 15, 2007, 10:16:37 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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La especificidad corsa
Sí, Córcega es diferente.
Es difícil de creer que una isla en mitad del Mediterráneo, poseyendo tantos atractivos naturales, haya podido mantenerse fuera de lo que llamamos “globalización”. No hemos visto un solo McDonalds (o similar) en toda la isla, no hemos visto ni un solo hotel perteneciente a las clásicas cadenas hoteleras, francesas o internacionales. Tal vez exista alguno, nosotros no los hemos visto.
Es difícil de creer que playas de ensueño, con un clima benigno, y cerca de países con un buen nivel de vida, no estén completamente urbanizadas, y que sólo un pequeño bar/restaurante, ondeando la bandera corsa, se destaque entre los pinos que llegan hasta la arena. Y lo de no urbanizar las playas lo llevan hasta el extremo. Nos hemos bañado en una docena de playas en la isla. Y hemos visto una sola ducha entre todas ellas, bueno más bien un grifo, en una playa contigua a la ciudad de Ajaccio.
Todo esto es difícil de entender, pero algunas personas que nos hemos cruzado en nuestro camino nos han explicados los motivos. Como en muchos sitios de Europa, la multinacionales intentaron conquistar los atractivos de Córcega para su beneficio. Pero aquí no se salieron con la suya. Tal como nos contaron varios corsos, muy orgullosos de ello, ellos consiguieron echar al empresario extranjero (y aquí incluyen a los franceses del continente), a base de bombas. Caminando por los senderos corsos hemos visto más de una vez edificios a medio construir, con restos de haber sufrido daños (y no naturales precisamente).
Mujeres corsas (ellas heredaban siempre las propiedades de la costa, mientras los hombres se quedaban con las casas del interior) se hicieron ricas vendiendo terrenos a multinacionales, que luego no podían aprovechar estas tierras debido a las presiones y amenazas de los lugareños. Así, la inmensa mayoría de las instalaciones turísticas pertenecen a gente local.
Es difícil estar de acuerdo con los métodos utilizados para impedir la conquista de la costa corsa. Pero viendo lo que ha pasado con la Costa Azul, o con la costa mediterránea española, también es difícil no alegrarse por los resultados que han conseguido en Córcega.
Aquí, quien realmente se aprovecha de los encantos que tanto atraen a los turistas a su isla, son los corsos.
Otro claro ejemplo de cómo esta gente no está dispuesta a dejarse llevar por las corrientes dominantes es cómo tratan el aspecto exterior de sus viviendas. Uno tiene siempre la impresión de que en Córcega (sobre todo en las ciudades) falta una buena mano de pintura en la mayor parte de los edificios, incluso en las iglesias. No hay ni una mínima concesión hacia la imagen que el turista se puede llevar de los lugares visitados. Y sin embargo, muchas veces esta falta de adornos en las fachadas, que muchas veces no llegan a estar ni siquiera raseadas, tiene un gran encanto.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Senderismo en Córcega
Estamos ante un verdadero paraíso del senderismo, en el que existen todas las posibilidades, desde la travesía balizada más dura de Europa hasta bonitos paseos junto a un río plagado de cascadas.
Antes de acercarme a visitar Córcega, conocía a bastante gente que la habían visitado.
Casi todos los españoles que me han contado su paso por la isla, fueron en coche o lo alquilaron allí, dormían en campings (en uno solo para toda la estancia o cambiando cada noche) y hacían rutas diarias de montaña subiendo en el coche hasta el comienzo de la ruta (alguno que otro conozco también que se recorrió la isla en bici).
En cambio, muchos de los franceses que conozco y que estuvieron en la isla, fue para recorrer el GR20.
Y el GR20 seguirá siendo uno de mis objetivos para cuando vuelva. Cómo decía antes, los franceses consideran esta travesía de 15 días que atraviesa la isla de Norte a Sur, como el GR más duro de Europa. No se en que estará basado este dato, y no se cual será el medidor de dureza de los distintos GR, pero lo que está claro es que el GR20 es duro, y es duro sobretodo porque tienes que llevar encima todo lo necesario para pasar 15 días en autonomía: la tienda y el saco (no se admiten reservas en los refugios), la comida (aunque últimamente muchos de estos refugios han comenzado a vender algo parecido a comida a los montañeros), etc. Solo se cruzan en los 15 días 2 ó 3 puertos de montaña por donde pasa una carretera, en todos estos puertos han florecido varios establecimientos que permiten al senderista olvidar por unos momentos la dureza del recorrido: una ducha caliente, una comida de verdad, una tienda donde aprovisionarse...
A pesar de su dureza (o precisamente por ello) es un sendero muy transitado. En parte es debido a que la temporada en la que se pude transitar sin problemas es muy corta, de junio a octubre.
Pero el GR20 no es la única travesía posible en Córcega. Nosotros nos decidimos, en esta primera visita a la isla, por otras combinaciones que nos permitieran conocer algo más que la alta montaña corsa: sus pueblos, su costa, sus gentes,...
Esto es posible recorriendo los senderos Mare a Mare y Mare e Monti. Se trata de 5 travesías que duran entre 5 y 10 días y que se distribuyen por toda la isla. La logística es mucho más sencilla que para el GR20. Las etapas terminan casi siempre en pueblos donde existe al menos un albergue (gîte d'etape), y a veces hoteles, cuando no es así hay siempre un refugio de montaña. En los gîtes y refugios también es posible acampar. Es posible reservar, aunque en setiembre no se llenó ninguno de los que hemos estado, y los reservábamos simplemente llamando el día anterior.
Como ya he indicado en mi itinerario, nosotros hemos realizado parte de 3 de estos GR. En el diario de viaje indicaré más detalles sobre cada uno de ellos.
Además de estas travesías, las posibilidades de rutas diarias son infinitas, de todos los niveles, y con el tipo de paisaje que se quiera. Ni yendo cada año a Córcega se agotarían todas las posibilidades que existen.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Seguridad
Al hablar de seguridad, me refiero a los problemas que se pueden tener en el mar y en la montaña corsos. No hemos visto nada que pueda hacer pensar que en las ciudades y los pueblos pueda haber algún problema. Aunque un grupo de amigos estuvieron por allí en agosto y a uno de ellos le birlaron una pequeña mochila, con la cartera dentro, cuando en un descuido la dejó un momento sin vigilancia en un centro comercial. Así que ya sabéis, en ningún lugar del mundo hay que tentar a los enemigos de lo ajeno.
En cuanto a los peligros asociados a la montaña y al mar, siempre hay que tener en cuenta que la Naturaleza nos puede mostrar su cara menos amable en cualquier momento y en cualquier lugar, y ahí tenemos para recordárnoslo la muerte de 3 turistas en Córcega en junio, 2 montañeros muertos de frío mientras recorrían el GR20, 1 surfista muerto entre las olas de una playa aislada. Ambos sucesos formaron parte varias veces de las conversaciones tras la cena, en los albergues.
Pero siguiendo las normas más elementales de sentido común en la montaña no debería haber ningún problema. Morir de frío en la montaña a –5 ºC, como pasó en el caso anterior, no es mala suerte, sino consecuencia de una fatal imprudencia, la de no llevar en la mochila el equipo apropiado, o de no averiguar el clima previsto para las próximas horas. No los hemos tenido que utilizar (y me alegro de ello), pero en nuestra mochila iban un par de forros polares, chubasquero, pantalones impermeables, guantes, y gorro y buff polares. Todo esto pesa poco más de un kg., y permite aguantar temperaturas bastante más bajas que esos –5 ºC.
Por lo demás, los senderos corsos están en general perfectamente balizados, y con la ayuda de un buen mapa no debería ser posible perderse. Nosotros nunca conseguimos desviarnos del camino previsto más que unos pocos minutos, para enseguida volver a él, al no encontrar las marcas anaranjadas que balizan los senderos Mare a Mare y Mare e Monti.
Pero, curiosamente, nos hemos cruzado con bastante gente que se ha perdido! Algún grupo de 8 personas han llegado a tardar 10 horas en realizar una etapa que no llevaba más de 5, porque habían pasado horas desorientados, sin agua, y llegando muy cansados al final de la etapa. En la mayoría de los casos llevaban solamente la topoguía para guiarse. En alguno de ellos ni siquiera eso, y se guiaban solo de las marcas. Aún así, me sigue pareciendo incomprensible el perderse durante varias horas...
Por lo demás, los únicos pequeños sustos que nos hemos llevado han sido provocados por algunos animales: alguna culebra que nos hemos cruzado (con la tranquilidad de saber que no hay serpientes venenosas en la isla), algún toro de mirada sospechosa, algún cerdo salvaje en celo echando espuma por la boca, algún perro suelto más agresivo que de costumbre,...
Por último, y siguiendo con los animales, pero cambiando de la montaña al mar, teníamos cierta curiosidad por comprobar la abundancia de unos pequeños animalitos que causan el terror de los bañistas en nuestros mares: las medusas. Nos hemos bañado en el mar en Calvi, en Algajola, en Girolata, en un par de playas de Porto, en las cercanías de Ajaccio, en al menos 4 playas en los alrededores de Porto-Vecchio. También en la playa de Santa Teresa di Gallura en Cerdeña. Ni rastro de medusas. Tan solo las vimos en una playa aislada a 3 km. de Bonifacio. Nos avisaron de su presencia una pareja con la que nos cruzamos mientras bajábamos por el sendero de acceso a la playa. Pero tampoco esto impidió que nos bañáramos, ya que el agua estaba tan clara que las medusas se veían perfectamente y podías bañarte entre ellas sin acercarse demasiado, y sin mayor problema.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Clima
Hemos podido confirmar que setiembre es un mes ideal para visitar Córcega. Nos ha hecho un tiempo excelente. Cielos completamente azules durante la mayor parte de nuestra estancia, que solo se cubrían de nubes, alguna que otra vez, hacia el mediodía, en las montañas más altas, para despejarse de nuevo al atardecer.
Durante la segunda semana, las previsiones de lluvia en las montañas eran constantes, pero estas no llegaron, al menos no donde nosotros nos encontrábamos. Tan solo caminando entre el refugio A Sega y Corte cayeron unas pocas gotas durante 5 minutos, que ni siquiera nos hicieron sacar el chubasquero de la mochila.
Tampoco hemos pasado demasiado calor, solo un par de días nos coincidió una dura subida con las temperaturas más altas del día, cercanas alguna vez a los 30 º.
Lo más habitual era llegar a 25 o 26 ºC de máxima durante el día. En la costa no bajaba de 20 ºC por la noche, mientras que al dormir en algún pueblo o refugio de montaña, cercanos a los 1.000 m. de altitud, la temperatura se acercaba a los 10 ºC.
Vamos, un tiempo excelente. Nos hemos bañado cada día, bien en el mar, bien en las abundantes pozas que forman los innumerables ríos que atraviesan la montaña corsa. El agua del mar estaba aún templada y la de los ríos variaba bastante con la altitud. En las pozas que rodeaban el refugio A Sega, a más de 1.000 m. de altitud, el agua estaba gélida, lo que no impidió que disfrutáramos de un buen baño, en un entorno excepcional. Eso sí, echando unos buenos gritos para entrar en el agua...
Además de setiembre, creo que junio, e incluso mayo, pueden ser unos meses excelentes para recorrer la isla caminando (y para visitarla en general). Además del buen tiempo, el final de la primavera tiene la ventaja de que los días son más largos, de que aún hay nieve en las cimas más altas (lo que tiene que hacer las montañas aún más espectaculares, pero también puede ser un problema si se quiere hacer el GR20), y de que los ríos bajan con más agua de las montañas, con lo que las posibilidades de refrescarse en ellos son aún mayores.
En julio y agosto, todo indica que hace demasiado calor para hacer senderismo en Córcega, aunque puede ser una buena época para realizar el GR20, ya que en las alturas el calor debe ser más soportable. Eso sí, es posible que te encuentres hasta atascos caminando por el sendero...
Oracio
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Oracio Holiveira
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TransporteDurante este viaje hemos utilizado todo tipo de transportes. Además de usar nuestros propios pies, hemos viajado en taxi, en autobús, en tren y en barco, hemos alquilado un coche para un par de días, e incluso un par de veces hemos practicado el autostop. Y se puede recorrer Córcega en transporte público? Pues no es fácil, pero planificándolo un poco antes y estudiando bien todas las posibilidades es perfectamente posible. Eso sí, nos podemos olvidar de visitar 3 ó 4 lugares diferentes cada día. Hay que tomarse las cosas con más calma. Nosotros llegábamos un sitio diferente cada día y hemos tenido la impresión de que dejábamos muchas cosas por ver en el camino. Ya lo indiqué antes: una página imprescindible para planificar las posibilidades que ofrece el transporte en autobús y tren en Córcega es la siguiente: www.corsicabus.orgLos taxis y los coches de alquiler son muy caros, el resto de medios de transporte algo menos, pero tampoco podemos decir que fueran precisamente económicos, así que los únicos medios de transporte baratos (bueno, gratuitos) son caminar y hacer dedo... - Taxi. Los hemos pillado un par de veces, para trayectos cortos. Sale a más de 2 € por km. Además, en 2 de los 4 aeropuertos de la isla, son la única posibilidad de salir de allí. En el aeropuerto de Figari además se enfadan si no vas hasta Bonifacio o Porto-Vecchio, trayectos por los que cobran más de 50 €. A evitar en lo posible. - Tren. Existe una línea con forma de Y que une 3 de las principales ciudades corsas: Calvi, Bastia y Ajaccio, pasando por las montañas del centro. Interesante para viajar entre estas ciudades, o de cualquiera de ellas hasta Corte, disfrutando además de paisajes magníficos. Un poco más lento que el autobús para los mismos trayectos, a los mismos precios. Nosotros lo pillamos un par de veces: la primera entre Algajola y Calvi, la segunda entre Corte y Ajaccio. Pondré los precios en el diario de viaje. - Autobús. La forma más sencilla y más rápida para desplazarse por la isla. Hay líneas de autobuses que llegan a casi todos los pueblos de la isla. En julio y en agosto la frecuencia es bastante alta, aunque a partir del 15 de setiembre baja bastante, algunas líneas incluso solo circulan un par de días por semana. A veces te encuentras autobuses modernos, en otras son viejos minibuses sin aire acondicionado y donde la gente se apelotona como sardinas. De nuevo los detalles de los precios estarán en el diario de viaje. - Barco. Lo usamos un par de veces, la primera en Porto, para hacer una excursión por la costa cercana, la segunda para cruzar desde Bonifacio, en Córcega, hasta Santa Teresa di Gallura, en Cerdeña. Mas detalles en el diario. - Coche de alquiler. Antes de ir habíamos mirado precios en Internet, lo más barato estaba entre 60 y 70 € por día buscando en alguna pequeña agencia local. Pero en Porto-Vecchio nos falló la única que había y tuvimos que alquilar en National por 88 € / día por un alquiler de 2 días. Y gracias, ya que los precios que habíamos visto antes de ir allí con las agencias internacionales no bajaban de 100 € / día. Oracio
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Oracio Holiveira
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AlojamientoEn general el alojamiento también es caro en Córcega, sobre todo durante los meses de julio y agosto, donde los precios se disparan completamente. Pero ya en setiembre se pueden encontrar precios accesibles en el centro de las ciudades y los pueblos. En los hoteles en los que hemos estado, hemos pagado entre 35 y 51 € por una habitación doble, sin desayuno, salvo en Bonifacio, donde el único hotel relativamente asequible estaba lleno y pagamos bastante más. Por ese precio te encuentras de todo, aunque es mejor no esperar ningún lujo. En la mayoría de los casos los establecimientos tienen ya unos añitos y necesitan urgentemente una reforma, pero casi siempre están impecables en cuanto a la limpieza. Caso aparte son los gîtes d’étape, especie de albergues pensados para los senderistas, pero abiertos a todo el mundo, ya que casi siempre son accesibles en coche. Aunque nosotros solo vimos durmiendo en ellos gente que hacía travesías de varios días. Pasar la noche en una litera en habitación compartida cuesta unos 15 € / persona, que se pone entre 34 y 36 € por la media pensión, en muchos casos obligatoria. Aquí de nuevo te puedes encontrar de todo, tanto en la situación de los gîtes (algunos de ellos verdaderamente privilegiada), como en la distribución de las habitaciones y los espacios comunes. La media pensión casi siempre valía la pena, ya que la comida suele ser buena. La forma más económica para dormir en Córcega son los campings. La costa está repleto de ellos, muchas veces pequeños campings con instalaciones mínimas. En los gîtes d’étape también es posible plantar la tienda y dormir en un jardín junto al gîte, por unos 4 ó 5 € por persona. En esta época, exceptuando las primeras noches, que llevamos reservadas desde casa, reservábamos el lugar donde dormíamos llamando por teléfono el día anterior, o incluso a veces al llegar a destino. Salvo en Bonifacio, y en un par de hoteles de Porto, no encontramos ningún lugar que estuviera completo. Aquí os pongo de nuevo una web completísima para buscar alojamiento en Córcega. Es mucho mejor que cualquier guía de viaje, en lo que a recomendaciones de alojamiento y restaurantes se refiere: www.hebergement-corse.comOracio
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Oracio Holiveira
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Gastronomía
Uno de los aspectos de los que más hemos disfrutado en este viaje ha sido la gastronomía corsa. Os describo aquí algunas de las especialidades que no hay que dejar de probar.
- Los quesos. Realmente impresionantes! No hemos parado de probar diferentes quesos durante nuestro viaje, tanto en los restaurantes como comprándolos directamente para comerlos mientras caminábamos. Y pocas veces nos han defraudado. Son siempre quesos de cabra o de oveja, fabricados por pequeños productores a lo largo y ancho del interior de la isla. Se pueden comprar en tiendas especializadas o en supermercados. En el segundo caso, hay que fijarse bien en la etiqueta, ya que abunda el queso traído de fuera y vendido como corso. Nosotros hemos pagado siempre entre 8 y 10 € por quesos que rondaban el ½ kg. Salvo una excepción, no existen denominaciones de origen, y los quesos cogen casi siempre el nombre del valle donde se fabrican o directamente de su productor.
- El brocciu. La única denominación de origen entre los quesos corsos, el brocciu es un queso fresco que se utiliza mucho para cocinar (tortilla de brocciu y menta, buñuelos de brocciu, lasañas, etc.). Pero este queso no se produce en verano, entre julio y noviembre, cuando sólo se puede comer curado, así que si vais en esta época, escapad de los restaurantes que lo incluyan en su menú, ya que se tratará siempre de queso fabricado a partir de polvos. Los restaurantes serios indican en el menú que en esa temporada sustituyen el brocciu por otros quesos (la mayoría de las veces brousse, una especie de requesón).
- Los embutidos. Otro placer para los paladares. El jamón ahumado es una delicia, al igual que los diferentes tipos de salchichón (hemos visto salchichones de cerdo, de jabalí, de cabra, y hasta de burro). Y además hay especialidades locales como la coppa (especie de lomo de cerdo curado con su propia grasa, el lonzu, también a partir del lomo, pero envuelto en pimienta y ahumado, o el figatellu, embutido a base de hígado que se debe comer guisado o frito. La calidad de estas viandas se garantiza por la cría en semilibertad de los cerdos, es fácilmente comprobable si te recorres la isla caminando, ya que es fácil cruzarse con ellos. Los embutidos buenos son caros (no bajan de 20 o 25 € el kg., bastante más en el caso del jamón). Si encontráis algo más barato, seguramente serán productos traídos de fuera para venderlos en temporada a los turistas, y no tendrán nada que ver con los embutidos corsos. De nuevo, mirad bien en la etiqueta dónde se ha fabricado el embutido y el origen de los cerdos. Y preferid los pequeños productores locales a las grandes empresas.
- La castaña. Una de las reinas de la gastronomía corsa. Cuando los genoveses conquistaron la isla, hicieron plantar castaños en todo el territorio, y los corsos lo han aprovechado desde entonces. Aún se fabrica pan de castaña y es facil comprar la harina en cualquier sitio. Además hay que probar el pastel de castaña (una especie de bizcocho), flan de castaña y el helado de castaña (buenísimo). Para acompañar los guisos de carne, se elabora una polenta a base de castaña. Y, por si esto fuera poco, existe una excelente cerveza a la que se le mezcla harina de castaña (la Pietra) y varios licores de castaña. Por último, la castaña es también la base de la alimentación de los cerdos criados en semi-libertad.
Además de estas especialidades, vale la pena probar el pescado en la costa (caro y difícil de encontrarlo fresco), los guisos a base de cerdo salvaje o jabalí, los calabacines y berenjenas rellenos o en paté, las sopas,... No hay demasiada variedad de postres. El fiadone es una especie de pastel vasco, que no nos llamó mucho la atención. Sí lo hicieron las excelentes mermeladas caseras de higo o de bayas del bosque, que tomábamos para desayunar o para acompañar al queso.
En lo que se refiere al líquido elemento, hay excelentes vinos en toda la isla, divididos en 9 denominaciones de origen. Blancos, rosados, tintos, moscateles; harían falta centenas de viajes para poder probar todos. Los precios en el supermercado (la misma botella era más barata que en las bodegas) comenzaban a partir de 6 ó 7 €. Nos han gustado mucho los tintos de región de Calvi, y los blancos y moscateles de Cap Corse.
Además, como ya he contado, la Pietra es una excelente cerveza, y también abundan los licores y aguardientes: de higo, de castaña, de mirto, de madroño. Hay incluso una especie de vermú de la marca Cap Corse.
A la hora de escoger un restaurante, te puedes encontrar lo mejor y lo peor. En los lugares más turísticos abundan los menús “corsos” de comida insípida que es mejor evitar, a pesar de que puedan parecer económicos. Por el mismo precio, es mucho mejor comer un plato en un restaurante donde los productos sean de calidad. Normalmente las raciones son generosas y vienen acompañadas con una o varias guarniciones. Suele ser suficiente para quedarse bien. Y si aún queda algo de hambre, siempre se puede pedir una tabla de quesos que complete la comida. En muchas ocasiones, al mediodía, hemos tenido suficiente con una ensalada cada uno, son siempre enormes.
Los precios que hemos pagado por una comida para 2 personas han ido desde los 18,50 € que pagamos en una pequeña taberna de Corte por un par de ensaladas y una jarra de ½ litro de rosado, hasta los 64 € que nos costó un festín a base de pescado (acompañado por una botella de excelente vino blanco) que nos dimos en un restaurante de Galeria.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Costes del viaje
Desde que salimos de casa hasta que aterrizamos en el aeropuerto de Girona (es decir 16 días con sus 16 noches) nos gastamos 1.400 € por persona, incluyendo los billetes de avión. No incluyo los costes de los días que pasamos en Cadaqués al final del viaje, ya que el plan fue completamente diferente.
Aproximadamente, los gastos, siempre por persona, se pueden desglosar de la siguiente manera:
220 € Billetes de avión 10 € Transporte hasta el aeropuerto de Biarritz (autopista + gasolina) 95 € Transportes internos (taxi, autobús, tren, ferry) 100 € Alquiler coche 2 días + gasolina 295 € Alojamiento (8 noches de hotel + 6 noches de albergue + 2 noches gratis) 550 € Comida 20 € Excursión en barco en Porto 110 € Varios (compras, tragos, planos de senderismo,...)
Los gastos de comida incluyen el desayuno, el almuerzo y la cena. También incluyen las compras que realizamos para desayunar por nuestra cuenta (normalmente fruta y yogures) y lo que compramos para comer durante las caminatas. También incluyen el vino o la cerveza que acompañaban a las comidas. Oracio
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Oracio Holiveira
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Diario del viajeTras la información general, os voy dejando poco a poco el diario de nuestro viaje. Miércoles 5 setiembre. De camino a Córcega.Tras el último día de trabajo antes de las vacaciones, llegamos en coche al aeropuerto de Biarritz sobre las 20.00 h. Aparcamos el coche en una zona residencial a 10 minutos caminado de la terminal. Nuestro vuelo de Air France a Paris Orly está previsto a las 21.35 h. Facturamos el equipaje hasta Calvi, en Córcega, a donde llegaremos mañana, y nos quedamos con lo mínimo imprescindible para pasar la noche en un hotel cercano al aeropuerto de Orly. Pasamos a cenar algo al restaurante del aeropuerto (Le Fronton). Pedimos un par de abundantes platos de carne con diferentes guarniciones y los acompañamos con ¾ de litro de buen vino tinto en pichet. La comida es correcta, sin más. Otras veces he comido mejor en este restaurante. Pagamos 37 € por la cena de los 2. El avión despega a su hora. Al llegar a la terminal de llegadas del aeropuerto de Orly, sobre las 23.00 h., llamamos, como acordado, al hotel para que nos vengan a buscar. 15 minutos más tarde aparece la navette, un minibús que nos deja en el Citotel La Rotonde, www.citotel-larotonde.com/index-es.htm, situado en Athis-Amon, una tranquila ciudad dormitorio en las cercanías del aeropuerto. Hemos elegido este hotel sobre todo porque garantizaba el servicio de navette gratuita desde el aeropuerto a cualquier hora. En 10 minutos estamos en el hotel, en una zona residencial de casitas bajas. Las habitaciones son correctas y funcionales, sin ningún encanto. Pagamos los 56 € que cuesta la habitación. Reservamos y pagamos también el desayuno de mañana, 5.50 € por persona. El hotel tiene un bar, pero no sirven bebidas alcohólicas. Nos vamos directamente a descansar a nuestra habitación. Oracio
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« Última modificación: Noviembre 06, 2007, 11:12:43 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Jueves 6 setiembre. Calvi: su ciudadela y sus playas.
A las 08.30 h. estamos desayunado en el hotel: croissant, pan, mermelada, mantequilla, café o té, zumo de naranja de bote.
A las 09.00 h. salimos en la navette hasta el aeropuerto. Nos acompañan una familia de alemanes y una chica francesa. Durante el día tienen horarios fijos, un minibús cada hora. Nuestro vuelo hacia Calvi sale a las 10.45 h. Ya tenemos las tarjetas de embarque, que imprimimos ayer en la web de Air France, así que pasamos el rato que tenemos hasta el embarque en uno de los kioscos del aeropuerto, hojeando diferentes guías de viaje sobre nuestro próximo destino: Guadalupe.
El vuelo sale puntual, y hora y media después tomamos tierra en el aeropuerto de Calvi. La temperatura al mediodía es estupenda, sobre los 26 ºC, el cielo está completamente despejado. Así da gusto comenzar unas vacaciones!
Recogemos las mochilas y salimos fuera del aeropuerto. La única forma de llegar hasta Calvi, a 7 km., es en taxi. El precio es de 15 €, por 10 ó 15 minutos de carrera.
Calvi es una tranquila ciudad costera, salvo en mitad del verano, cuando su larga playa de arena y sus discotecas atraen a buen numero de visitantes. En setiembre la cosa ya se ha calmado bastante. La parte antigua se divide en 2 zonas principales: la Citadelle o Ville Haute (Ciudadela o Ciudad Alta), donde los genoveses construyeron la fortaleza que debía proteger la ciudad de ataque externos; y la Ville Basse (Ciudad Baja), donde se fundó la ciudad y dónde realmente se vive, con su zona peatonal donde se sitúan muchos de los comercios. La mayoría de los hoteles, y todos los campings, se sitúan a lo largo de la playa de la ciudad, que se estira durante bastantes km. hacia el Sur.
Una de las señas de identidad de Calvi es la figura de Cristóbal Colon, de quien aseguran que nació aquí (Calvi era genovesa en aquella época). Hay calles y plazas con su nombre, una estatua en su honor, e incluso han identificado una casa de la Ciudadela como la casa natal del navegante genovés.
El taxi nos deja en la Place de la Porteuse d’Eau (Plaza de la Cantinera), a la entrada de la zona peatonal de la Ciudad Baja, donde se encuentra el hotel que hemos reservado. Recorremos caminando los 5 minutos que nos separan del hotel. La calle Clemenceau, la arteria principal de la parte peatonal, nos recibe con infinidad de comercios de todo tipo, que sacan parte de su mercancía al exterior empedrado, ofreciéndola al turista de paso.
El Hotel du Centre ocupa un antiguo (muy antiguo) edificio en el corazón de la Ciudad Baja. Fue una antigua Comisaría de Policía, hace ya muchos años. Para acceder a él hay que subir hasta el primer piso del edificio, por unas empinadas escaleras. Las habitaciones tienen la ducha y el lavabo en su interior, pero los retretes están fuera. Y cuando digo fuera, quiero decir realmente fuera del hotel, en las escaleras de acceso! Llegar de noche hasta aquí no es fácil, hay que abrir la puerta de tu habitación, la puerta del hotel (que se cierra con llave por la noche) y llegar por fin a la puerta del baño...
Nuestra habitación es, como todo el hotel, antigua. Pero es amplia, luminosa y muy limpia. La ducha está en una especie de mampara translúcida de 4 lados, casi en la mitad de la habitación. Nos cuesta 41 € la noche, es el único hotel barato de Calvi. El dueño del hotel es simpático. Le explicamos que saldremos de Calvi hacia Galeria mañana por la tarde, y nos ofrece él mismo que dejemos las mochilas en recepción. Nos confirma el horario de bus a Galeria, y también los horarios de tren y autobús hasta Algajola, a donde queremos ir mañana a primera hora. El primer tren sale a las 8.30 h. El primer bus a las 06.45 h. Le comentamos que seguramente iremos en el bus, y como a esa hora no hay nadie en recepción, nos pide que dejemos las mochilas en nuestra habitación. Él mismo se encargará de recogerlas más tarde y de guardarlas hasta que volvamos a buscarlas por la tarde.
Dejamos nuestro equipaje en la habitación y salimos a recorrer la ciudad. Nos dirigimos hacia la Ciudadela. Se accede desde unas escaleras que comienzan en la Plaza Cristóbal Colón (que en realidad es un gran parking) y que bordean la parte exterior de la muralla hasta la puerta de entrada a la Ciudadela. En lo alto de la puerta se aprecia la inscripción Civitas Calvi semper fidelis, en honor a la lealtad de esta ciudad a los genoveses, que la gobernaron durante varios siglos, en muchas de las batallas contra quienes quisieron conquistar la isla.
El acceso a la Ciudadela es libre. Muchos de los edificios están vacíos y sólo se ve por allí a alguno de los pocos turistas que han escapado hoy de las tumbonas de la playa de la ciudad. Recorremos sus calles empedradas, en algunos momentos estrechas y laberínticas, todas parecen llevar a la minúscula Plaza de Armas. Observamos por primera vez esa bella decadencia que tanto abunda en las fachadas de los edificios corsos. Aquí es difícil distinguir donde acaba un edificio y donde comienza la roca que lo rodea.
Llegamos hasta la Catedral de San Juan Bautista. Antes de entrar nos sentamos a comer justo enfrente, en la terraza de un salón de té, A Scola. Pedimos un par de ensaladas de tomate, una de ellas acompañada de queso corso, otra de charcutería local. Lo acompañamos todo con ¾ de litro de vino tinto en pichet. Los tomates están exquisitos, no volveremos a probar nada parecido en todo el viaje, el lonzu, la coppa y el jamón son excelentes y los quesos impresionantes. El vino está buenísimo también. Aquí, en esta terracita al sol, con vistas al mar y a las montañas, viendo a la gente entrar y salir de la catedral, y disfrutando de la calidad y la sencillez de los productos locales, se está de muerte. Pero todo esto hay que pagarlo: 39 € la comida de los 2. Pero qué poco importa pagar cuando se ha disfrutado tanto!
Nos cuesta levantarnos de la mesa (el vino y el sol influyen). Cuando lo conseguimos entramos en la Catedral. Una gran cúpula, un espectacular altar de mármol, un cristo de ébano, una virgen con raras vestimentas, y paredes con restos de humedad pidiendo a gritos una mano de pintura caracterizan el interior de este edificio religioso.
Seguimos callejeando por el resto de la Ciudadela. Desde las murallas que dan al Sur hay buenas vistas del puerto deportivo. Dejamos las murallas y caminamos hacia las afueras de la ciudad, hacia el Oeste, hasta que llegamos al acceso a la solitaria playa de Roncu, protegida del viento y lejos del bullicio de la playa principal de la ciudad. Pasamos aquí 2 horas disfrutando del sol, del mar, y de los guijarros de la playa, donde nunca estamos más de una docena de personas.
Volvemos hacia la ciudad, empieza a caer la tarde. Nos desviamos hacia un promontorio rocoso, detrás del hotel Sole Mare, desde donde las vistas de la Ciudadela, con las montañas del centro de la isla detrás, son magníficas.
Llegamos a la Ciudad Baja, paseamos por el puerto al atardecer, de nuevo con buenas vistas de la Ciudadela hacia un lado, y de las montañas, con el Monte Cinto (la montaña más alta de Córcega, 2.706 m.) destacando entre todas las demás. Seguimos por el puerto, fotografiando las pintorescas casas frente al muelle Landry, en la Ciudad Baja.
A las 19.00 h. hemos quedado con Monique, que vive en un pueblecito en las afueras de Calvi y que hemos conocido a través de un foro de viajes en francés. Pasamos un buen rato conversando en una de las terrazas del muelle. Probamos por primera vez la Pietra, esa magnífica cerveza corsa con aroma a castaña que no abandonaremos en el resto del viaje. Hablamos de senderismo en Córcega, de nuestro recorrido por la isla, de nuestros viajes y de sus viajes, pasados y futuros. Nos separamos a la hora de ir a cenar.
Los restaurantes que nos ha recomendado Monique están todos llenos, así que terminamos cenando en un chiringuito en el puerto, que nos había llamado la atención cuando pasamos esta tarde a su lado. Le Chalet du Port está frente al embarcadero donde atracan los ferrys. Tiene pinta de cabaña de pescadores, pero realmente no es lo que parece. A falta de más variedad, cenamos una mediocre pizza y un gran pincho moruno acompañado de patatas congeladas. Junto a ¾ de litro de vino (bastante decente), helados y cafés, pagamos 35 €. El típico lugar que no tiene nada que ver con la comida corsa. Al menos el ambiente es agradable.
Paseamos un rato más por la Ciudad Baja. En sus calles peatonales ya no hay rastro de los puestos de souvenirs. Nos vamos temprano a dormir. Mañana queremos madrugar.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Viernes 7 setiembre. Caminando por los pueblos de La Balagne.
Recorrido a pie: 5 horas. Algajola - Aregno - Sant'Antonino - Convento de Corbara - Pigna - Algajola.
Madrugamos. A las 06.00 h. ya estamos arriba. Desayunamos en la habitación: yogures y fruta que compramos ayer. Dejamos las mochilas al pie de la cama, salimos del hotel y nos dirigimos hacia la parada de bus. Aún no ha amanecido. La luz de día comienza a aparecer, pero las montañas al Este de la ciudad retrasarán la salida del sol. Ya se ve animación en la zona peatonal. Los comercios están preparándose para una nueva jornada.
La parada de bus se encuentra en la Place de la Porteuse d’Eau, frente a la agencia Les Beaux Voyages, que gestiona, entre otras, la línea Calvi - L’Ile-Rousse. Compramos los billetes al conductor: 2,50 € por persona hasta Algajola. El autobús sale a su hora, a las 06.45 h. Veinte minutos después nos deja frente a la puerta de las murallas de Algajola. Parece interesante lo que se ve al otro lado de la puerta, pero por el momento no nos entretenemos visitando la ciudad. Antes queremos realizar una caminata recorriendo algunos de los pueblos hacia el interior.
La Balagne fue durante mucho tiempo la región más rica de Córcega, gracias a sus fértiles tierras, que favorecieron la creación de multitud de pueblos fortaleza independientes. Aquí se encuentran algunos de los pueblos más espectaculares de Córcega: Sant’Antonino, Speloncato, Pigna. Actualmente las tierras ya no son tan fértiles, los olivos y los cítricos ya no crecen tan fácilmente y los pueblos buscan en el turismo la ayuda para subsistir.
No hay transporte publico hasta estos pueblos, así que las únicas formas de visitarlos son en una excursión organizada, en coche, o caminando. Desde Algajola seguimos la carretera que sube hasta Aregno. La luz del sol, saliendo desde detrás de las montañas, comienza a iluminar nuestro recorrido del día. El cielo está de nuevo completamente limpio de nubes. Vemos desde abajo los diferentes pueblos por los que vamos a pasar: Aregno, Sant'Antonino y Pigna.
Justo cuando la carretera comienza una gran curva para dar un rodeo antes de llegar a Aregno, la dejamos y seguimos por un sendero que sube en línea recta hasta el pueblo. Seguimos un rato entre huertas y plantaciones. Son poco más de las 08.00 h. cuando entramos en Aregno por su parte inferior. A estas horas el pueblo está casi desierto. Atravesamos cuesta arriba su calle principal.
Aregno es un compacto pueblo con plazas en cuesta y edificios unidos por contrafuertes y caóticas escaleras de acceso a la entrada a cada vivienda, que casi siempre se sitúa en la primera planta. Esta entrada de las casas en las alturas es común a muchos pueblos y ciudades corsas. Las escalinatas son siempre posteriores al resto del edificio, y se construyeron en épocas más tranquilas, pasados ya los tiempos de vendettas que obligaban a los habitantes a utilizar escalas de cuerda para entrar y salir de sus casas.
No nos demoramos mucho en Aregno, queremos llegar hasta Sant'Antonino antes que los autobuses de excursiones que llegan de Calvi. Tan solo paramos un rato en el cementerio, que domina el pueblo desde su parte superior. En medio de las cuidadas tumbas se levanta la bonita iglesia de la Trinidad de San Juan, del siglo XII, levantada con piedras de distintos tonos de gris, formando una especie de mosaico en su fachada y en las paredes laterales. La fachada está además adornada con estatuas que representan curiosas figuras de extraños animales
Seguimos subiendo hasta nuestro siguiente objetivo. Un bonito sendero, con fuerte pendiente, nos lleva en media hora hasta el parking a las afueras de Sant'Antonino. Aquí dejan todos el coche, ya que el pueblo es peatonal. El parking está aún vacío, no ha llegado ningún autobús.
Sant'Antonino es el claro ejemplo de pueblo-fortaleza de La Balagne. El pueblo está construido en la parte superior de un promontorio, a casi 500 m. de altura, integrándose perfectamente en su entorno; los edificios parecen formar parte la colina, se diría que nacieron allí al mismo tiempo que todo su entorno.
Las casa son de piedra, por lo que aquí no se echa de menos la falta de lucido de las fachadas. El suelo de las callejuelas del pueblo es en muchos lugares el propio relieve de la roca, retrabajado vagamente en las cuestas para formar escaleras. El laberinto de calles, arcos y escaleras es impresionante.
No hay aún mucha gente visitando el pueblo. Subimos hasta la parte más alta, la punta del cerro. Hay vistas de 360º, hacia las montañas, hacia el resto de los pueblos de la región, hacia el mar... A 5 metros de la parte más alta hay una vivienda, de nombre Casa de a Cima. Vistas privilegiadas.
Continuamos callejeando un rato por el pueblo. Luego nos dirigimos de nuevo hacia el parking, justo en el momento en el que llega el primer autobús. Queremos parar en la Maison du Citron donde son famosos sus refrescantes zumos de limón, pero aún está cerrado.
Junto al parking hay un par de iglesias. La mayor y más moderna tiene una torre-campanario junto a ella. Entramos y contemplamos los bonitos cuadros que la adornan. La más pequeña, mucho más antigua, guarda un tesoro en su interior: parte de la pared esta adornada con madera esculpida al más puro estilo barroco, el resto de la pared y los techos están cubiertos por bellas pinturas, el órgano del siglo XVIII es espectacular.
Seguimos caminando junto al cementerio, cruzamos varias sepulturas con sus capillas y pillamos un sendero hacia el Convento de Corbara. Seguimos teniendo unas vistas fantásticas de los pueblos que nos rodean y de la costa. El edificio del convento está un poco dejado, pero los jardines que lo rodean son preciosos. A las 11.00 h. comienza cada día una visita guiada, pero aún falta una hora y no esperaremos. En cambio nos sentamos un rato en un banco de uno de los jardines. Comemos algo de fruta mientras seguimos disfrutando del paisaje: Pigna debajo nuestro, el mar algo más lejos. Qué paz se siente aquí sentados al sol!
Bajamos hacia Pigna, primero por la carretera hasta iglesia de Santa Maria di Lazio (magnífico también su interior, magníficas también las vistas desde el mirador en su exterior) y desde allí seguimos por un sendero hasta nuestra siguiente parada.
Pigna es otro bonito pueblo de piedra en La Balagne, pero aquí han querido mantener las tradiciones, y han subvencionado a la gente para que siga trabajando en antiguos oficios, ya casi perdidos. Esta gente trabaja ahora en talleres abiertos al público, fabricando y vendiendo cerámicas, grabados, cajas de música o antiguos instrumentos musicales. Además han acondicionado el pueblo de forma bastante acertada.
A la hora que llegamos aquí ya nos encontramos bastantes turistas entre las calles del pueblo. Tras dar una vuelta por sus callejones y apreciar las vistas sobre el mar desde la parte superior del pueblo, paramos en Casa Savelli, a comprar un poco de comida para los siguientes días de caminata. Tras degustar varios tipos de charcutería y algunos quesos, compramos un lonzu de 700 g. por 16 € y un queso de cabra de 500 g. por 8 €. Todo lo que probamos está delicioso (la caminata que llevamos encima también influye).
Salimos de Pigna por una pista que nos lleva hasta a la carretera de la costa, en una zona con varios campings antes de llegar a Algajola. Vamos directamente a la playa de arena dorada de la ciudad. Ya es más de mediodía y paramos a comer en la terraza del chiringuito La Siesta, sobre la arena. Dos enormes ensaladas (una con beicon y patatas; otra con jamón, queso y melón) y ½ litro de rosado nos cuestan 24 €. Es casi imposible terminarse las ensaladas, aunque el jamón y el queso no tienen la misma calidad que lo que hemos probado hasta ahora, lo que será una constante de los chiringuitos de playa en todo el viaje.
Hace mucho viento en la playa, por lo que después de comer buscamos una zona más resguardada, en las rocas bajo las murallas de la parte antigua. Allí pasamos un rato bañándonos en el mar y sesteando sobre las cálidas rocas.
A las 15.20 h. pasa un tren con destino a Calvi. Antes tenemos tiempo para dar una vuelta dentro de las murallas de la parte vieja: su fortaleza, sus edificios decadentes y sus vistas del mar golpeando contra las rocas. Algajola es una muy tranquila ciudad balnearia con turismo familiar.
El trayecto en tren cuesta 3,40 € por persona, el billete se paga una vez dentro, cuando pasa el revisor. Se tardan 40 minutos en llegar a Calvi, hay muchas paradas, aunque al ir casi siempre junto al mar, el paisaje compensa el lento ritmo.
Recogemos nuestras mochilas en el hotel y volvemos a la agencia Les Beaux Voyages, que también gestiona la línea Calvi - Galeria. Compramos los billetes en la agencia (6,5 € / persona). En principio el autobús sale a las 17.00 h., pero la chica de la agencia nos dice que hoy saldrá sobre las 17.30 h. Es el autobús que recoge a los alumnos de Galeria en la escuela, que comenzó la semana pasada, y este año acaban media hora más tarde las clases.
Nos dirigimos a la escuela, a 10 minutos de allí. Poco más tarde de las 17.00 h. aparece nuestro autobús. Subimos nosotros y un chico bretón. Mientras aparecen los alumnos entablamos conversación los 3 con el conductor. Hablamos sobre pesca. De lo poco que se pesca ya en Córcega pasamos a los habituales conflictos entre pescadores vascos y pescadores franceses. Hablamos de la explotación de la costa mediterránea. El conductor cuenta orgulloso lo poco explotada que está la costa alrededor de Calvi. “Quisieron instalarse los alemanes, pero no los dejamos”, dice entre risas.
Por fin llegan los escolares y nos ponemos en marcha. Tardamos 45 minutos en llegar a Galeria. Decimos al conductor que nos pare frente al hotel Filosorma, a la entrada del pueblo. Nuestro hotel, el Auberge Galeris, está justo detrás. Pagamos 35 € por una moderna habitación con baño. La mejor relación calidad/precio de todo el viaje.
Mientras ordenamos el equipaje nos damos cuenta que nos hemos dejado el cortavientos en el autobús. Salgo hacia la carretera esperando pillar al autobús de vuelta a Calvi. Veo al conductor en el hotel Filosorma preguntando por nosotros, con él en la mano. Menos mal!
Compramos unas pietras en el supermercado, y las metemos en la nevera que la dueña pone ha disposición de los huéspedes. En el hotel sólo están 4 motoristas franceses que se dedican también a beber cervezas en la terraza del hotel, bajo el sol del atardecer. Nos dicen que cojamos alguna cerveza de las suyas, que están más frías.
Mientras la Sra. Holiveira se echa una siesta, yo me doy una vuelta por Galeria. Me acerco a un acantilado sobre la magnífica playa de guijarros, y saco unas cuantas fotos del bonito anochecer. Me acerco al pueblo, alejado 500 m. del mar, buscando posibilidades para la cena de esta noche. El centro lo componen un par de pintorescas calles, el resto del pueblo son casas más o menos aisladas, algunas de ellas se estiran hacia la playa. Mientras miro la carta que exhiben en el exterior de el restaurante Sol e Mare, se me acerca un viejo y me dice que allí todo el pescado es fresco, antes de entrar a tomarse su pastisse. Creo que vendremos está noche...
Algo más tarde, salimos a cenar. Los próximos días cenaremos en albergues, así que hoy queremos darnos un pequeño capricho. En el restaurante, además de nosotros solo hay otra mesa ocupada: un señor con sus 3 hijos. La dueña nos explica el pescado que tienen hoy: lubinas y salmonetes. Siguiendo su recomendación, pedimos cada uno un plato con una lubina de ración y un salmonete, acompañado de pasta, tomate al horno y paté de berenjena. El pescado está exquisito, la guarnición también. Con una botella de blanco AOC Patrimonio (excelente), helados y cafés, pagamos 64 €. Un auténtico festín.
Tras la cena, para hacer la digestión, damos un paseo por el pueblo, desierto a esas horas, y nos vamos a dormir.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Sábado 8 setiembre. Girolata, un paraíso.
Recorrido a pie: Galeria - Girolata. Tiempo según la topoguía: 6 horas. Tiempo real: 4 ¾ h. caminando + ¾ h. de parada para comer.
A las 08.00 h. estamos desayunando en el hotel (el clásico café-croissant-baguette-mermelada-mantequilla a 5 € / persona). Compramos pan en un supermercado cercano y a las 09.00 h. nos ponemos en marcha. El día ha comenzado de nuevo con un cielo completamente azul.
Echamos un último vistazo desde el acantilado a la larga playa de guijarros, pasamos por el centro del pueblo y seguimos durante un km. la carretera que lleva al gîte d’étape. Desde aquí tomamos la dirección de la cresta que tendremos que superar hoy. Durante la primera hora nos vamos acercando pero apenas subimos. El camino sigue el curso de un arroyo, siempre entre una espesa vegetación de monte bajo (lo que los corsos llaman el maquis, omnipresente en toda la isla).
Ya al pie de la loma comienza el largo zigzag de subida, afortunadamente a la sombra: parece que hoy va a hacer calor de verdad. A medida que ascendemos, mejoran las vistas hacia atrás: de Galeria, su playa, y los acantilados a su alrededor. Hay bastante gente haciendo la ruta, y nos pasamos unos a otros en cada parada para beber agua, siempre con tiempo de soltar unas palabras de ánimo al que sube.
Llevamos ya 3 horas caminando cuando llegamos a lo alto de la cresta,la Punta di a Literniccia, con 784 m. la altitud máxima del recorrido. Aquí arriba encontramos una gran plataforma natural, herbosa y completamente llana, interrumpida solamente por un hermoso pino en forma de gran paraguas, a cuya sombra se sientan algunos de los que han llegado hasta aquí. Las vistas son increíbles: hacia atrás siempre Galeria; hacia delante vemos por primera vez nuestro destino, Girolata, y todo el golfo de Porto al fondo; a la izquierda se yerguen majestuosas las montañas del centro de la isla; a la derecha los tonos rojizos de los acantilados de la reserva de Scandola... Espectacular!
Disfrutamos un rato del entorno y seguimos por el cresterío, buscando un lugar más tranquilo donde parar a comer. Lo encontramos a la sombra de unos pinos, justo encima de Girolata (bueno, casi 800 m. encima). El lonzu y el queso que compramos ayer en Pigna entran fenomenalmente entre pan y pan, mientras nos habituamos a la imagen de Girolata: la torre y las pocas casas de pescadores, junto a una pequeña bahía.
Tras el descanso comenzamos el descenso, primero siguiendo la cresta, luego dando un largo rodeo que desemboca en un caluroso valle, perdiendo de vista Girolata. Llegamos por fin al pueblo asfixiados de calor, ya sin agua (salimos esta mañana con 2 litros cada uno). Son casi las 14.30 h. y vamos directamente al gîte Le Cormoran, junto a la playa, donde hemos reservado. En la verja del jardín por el que se accede hay un cartel indicando que abre a las 15.30 h. Justo al lado hay una tienda (la única del pueblo) donde compramos una botella de litro y medio de agua fresca. Nos dura menos de 5 minutos...
Compramos más agua y unas cervezas para hacer tiempo mientras abren el gîte. A las 15.00 h. nos dejan pasar. Nos instalamos en una habitación con 8 literas, los baños y las duchas están fuera y son comunes. El gîte está prácticamente colgando sobre el mar, y varias sombreadas terrazas exteriores en el jardín permiten acomodarse perfectamente a todos los huéspedes. La media pensión cuesta 34 € / persona, y no permiten dormir 2 noches seguidas en el gîte. Nos ponemos el bañador, cogemos la toalla y salimos al pueblo a darnos el merecido baño en el mar.
Girolata es lo más cercano que existe al paraíso. Un promontorio que se adentra en el mar, donde los genoveses construyeron una torre defensiva, aún en pie. Una docena de casas que se agrupan justo detrás, a 50 metros del mar, donde se instalaron algunos pescadores (hoy en día el pueblo tiene 15 habitantes). Una pequeña bahía, adornada de punta a punta por una magnífica playa de guijarros. Media docena de cabañas a lo largo de la playa, que componen la parte turística del pueblo: los 2 gîtes d’étape, 3 ó 4 restaurantes, una tienda, la capitanía del “puerto”, nada más!
Ninguna carretera llega hasta Girolata. Desde el punto más cercano donde dejar el coche hay que caminar al menos hora y media para llegar hasta aquí. Varios yates y lanchas se reparten las aguas de la bahía. La aldea es el punto más cercano a la Reserva de Scandola, que está prohibido visitar por tierra. El pueblo sólo se “satura” un poco cuando llega algún barco proveniente de Porto, tras recorrer la escarpada costa de la Reserva.
Algunas vacas se suman al espectáculo y bajan desde las alturas a descansar en la playa, haciendo las delicias de los turistas-fotógrafos que estamos en el pueblo.
Pasamos un buen rato alternando las tranquilas aguas de la bahía y los guijarros calentitos de la playa. A las 18.00 h. ya se han ido todos lo barcos con los visitantes diurnos, y sólo quedamos los senderistas que dormimos en alguno de los 2 gîtes.
Dejamos la playa, nos duchamos, y tomamos una Pietra en una de las terrazas. Salgo a dar una vuelta por el pueblo y a hacer algunas fotos de la bahía al atardecer, cuando el rojo de los acantilados se acentúa aún más. El acceso a la torre genovesa está cerrado, desgraciadamente.
A las 19.30 h. nos sentamos todos a cenar en el gîte, en una larga mesa corrida, que compartimos con una pareja de franceses, otra de ingleses (que no hablan ni una sola palabra de francés) y un par de grupos de media docena de franceses cada uno. La pareja que regenta el gîte se reparte los papeles: ella cocina, él sirve la mesa y ameniza la cena con sus historias de pescadores.
El menú incluye una sopa de pescado, pescado a la plancha (unos peces que ha pescado esta mañana nuestro anfitrión) con arroz, un queso de cabra de pastor extraordinario, crema de limón y varios chupitos de aguardiente (de mirto, de madroño). Nosotros le añadimos un par de pichets de ½ litro de vino blanco, 4 € cada uno. La cena ha estado realmente excelente. El dueño del gîte no deja de ensalzar los productos locales mientras disfrutamos de ellos.
Nos quedamos conversando con uno de los grupos de franceses, todos están ya jubilados. Vienen del Franche-Comté (Besançon, Montbeliard), una zona del Este de Francia, a la que suelo ir a menudo, por culpa de mi trabajo. Se sorprenden al comprobar que conozco casi mejor que ellos los restaurantes de la zona y sus especialidades culinarias. Pasamos un buen rato recordándolos mientras damos buena cuenta de los chupitos.
A las 22.00 h. llega el toque de queda. Antes el grupo de franceses tienen tiempo de invitarnos a pasar un par de noches en una casa que han alquilado en Porto-Vecchio, hacia donde van ellos mañana, para estar allí 15 días, y adonde nosotros pensamos llegar dentro de 10 días más o menos. Nos dan un número de móvil para que llamemos un día antes de pasar por allí. Sorprendidos por la amabilidad, nos despedimos y nos vamos todos a dormir
Oracio
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« Última modificación: Noviembre 22, 2007, 08:07:46 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Domingo 9 setiembre. Curzu, la calma del interior.
Recorrido a pie: Girolata - Col de la Croix - Curzu Tiempo según la topoguía: 5 ¼ horas. Tiempo real: 4 ¾ h. caminando + ½ h. de baño en la playa + ½ h. de parada para comer + ½ hora desvío hasta el Capu di Curzu.
Nos levantamos a las 06.30 h. El desayuno comienza a las 07.00 h. (es idéntico en todos los gîtes: café o chocolate, pan, mermelada, mantequilla). En este caso la mermelada de madroño es casera, fabricada por los dueños del gîte, buenísima.
Hay 2 variantes del Mare et Monti para llegar hasta Curzu: la primera, algo más larga, enseguida se desvía hacia el interior; nosotros seguiremos la segunda, que sigue un rato cerca de la costa, pasando por la playa de Tuara, antes de cruzar la carretera en el Col de la Croix.
A las 07.45 h. comenzamos a caminar por la playa del pueblo. Nos da pena dejar este lugar. Si alguna vez volvemos a Córcega, que seguro volveremos, reservaremos unos días para pasarlos en Girolata. En el gîte Le Cormoran no dejan dormir 2 noches seguidas, pero en el otro gîte del pueblo (la Cabane du Berger) no ponen problemas si hay sitio libre.
Las marcas anaranjadas que balizan todos los senderos Mare et Monti y Mare a Mare nos llevan bordeando la costa, zigzagueando entre el maquis al borde del acantilado, llegando hasta 100 m. altura. Las vistas de la bahía de Girolata hacia atrás son espléndidas. Al fondo las paredes verticales de la Reserva de Scandola parecen incandescentes con la luz matutina. Estos paisajes de roca y mar son espectaculares.,
Tras una hora llegamos a la magnífica playa de guijarros de Tuara. No hay nadie más a nuestro alrededor. No hay ninguna construcción a la vista que indique que el ser humano ha llegado hasta aquí. Sólo nos acompañan la Naturaleza y un cielo increíblemente azul. Paramos a pegarnos un baño. Será nuestra última oportunidad de hacerlo, ya que desde aquí, nos dirigiremos tierra adentro.
Disfrutamos un buen rato en solitario de las tranquilas aguas, hasta que pasa por allí el grupo de franceses con los que conversamos ayer. Mientras recorren la playa, nos recuerdan a gritos (estamos en el agua) que no nos olvidemos de llamarles cuando lleguemos a Porto-Vecchio. Habrá que hacerles caso!
Seguimos por un buen camino por el bosque hasta la carretera a la altura del Col de la Croix (Bocca da Crocce en corso), cruzándonos con bastantes senderistas que han dejado allí el coche y van a visitar Girolata durante el día. Este camino se conoce como le Chemin du Facteur, ya que es el que recorre cada día el cartero para llevar la correspondencia hasta Girolata. Algunas excursiones en autobús paran a los turistas en el puerto, para que saquen fotos al cartero llegando a la carretera...
Desde el puerto seguimos un sendero que sube de forma constante siguiendo una loma que más arriba se transforma en cresta. De nuevo vistas increíbles del golfo de Porto. Hay algunos pasos un poco aéreos, donde hay que ayudarse de las manos, que hacen un poco más divertida la subida. Nada excesivamente complicado. A 750 m. de altitud llegamos a un collado, donde el sendero se junta con la otra variante que viene desde Girolata.
Nos quitamos las mochilas para descansar un rato. Yo decido desviarme hacia la otra variante hasta el Capu de Curzu (852 m.). Media hora subir y bajar. Desde la cima se divisa toda la costa de esa zona. También se ven muy cerca las montañas más altas del interior.
Vuelvo al collado, comemos unos bocatas de lonzu y queso y emprendemos la vertiginosa bajada hasta Curzu. El camino llega hasta la parte superior del pueblo. Desde arriba vemos el gîte d’étape en la parte inferior, junto a la carretera. Llegamos allí sobre las 14.00 h.
Curzu es un pequeño pueblo de montaña, con casas de piedra extendiéndose por la ladera. Aparte de la tranquilidad que se respira, no hay mucho más en el pueblo. El gîte es el único comercio, que hace al mismo tiempo de albergue, bar, restaurante, camping y tienda, aunque esta última está cerrada al ser domingo.
Nos instalamos en uno de los dormitorios de 8 literas. Esta vez los baños están en el interior de cada habitación. Todo moderno y limpio. 34 € / persona la media pensión. Tras la ducha descansamos un rato, tomamos una Pietra en el bar, vemos cómo van llegando el resto de los senderistas. Volvemos a ver a alguna gente que encontramos ayer en Girolata. También hay gente nueva que hace el recorrido en sentido contrario.
Salimos a dar una vuelta por el pueblo. Visitamos la pequeña iglesia, con bonitas paredes pintadas. Caminamos hasta el cementerio, a las afueras. Hay buenas vistas del pueblo más cercano, Partinello. Saludamos a la gente local, sentados junto a la puerta de sus casas, viendo pasar el tiempo en este cálida tarde de domingo. Aquí las casas son de piedra, no se ven las deslucidas fachadas de muchos pueblos y ciudades corsas.
Volvemos al gîte, otra Pietra para pasar el rato leyendo, escribiendo o contándonos la caminata diaria entre senderistas. El otro grupo de franceses que ayer durmió en Girolata aparece casi a la hora de cenar. Han hecho la variante larga, en teoría unas 6 horas, aunque ellos han tardado más de 10. Se han perdido a la altura del Capu di Curzu, hasta donde subí yo esta mañana. Han estado bastante tiempo sin agua y se les ve bastante hechos polvo. Es difícil de entender este tipo de despistes...
Para cenar (a las 19.00 h.) nos dividen en varias mesas. Nos toca compartir una con una chica francesa, que ha aparecido en el gîte con un chico inglés. Se le ve bastante aliviada de poder deshacerse de su compañía, parece que se le ha pegado desde ayer en Girolata, y desde entonces se ha convertido en su sombra. Tiene un problema en el tobillo y mañana por la tarde piensa coger el bus hacia Calvi. Ha estado ya 7 veces en Córcega y pasamos buena parte de la cena hablando de sus estancias en la isla. También de los Pirineos que conoce bastante bien, ya que vive en Toulouse.
Esta noche la cena consiste en ensalada, rôti de cedo con polenta, queso (muy bueno como siempre) y una macedonia de frutas. Aceptable, sin más. También un par de pichets de tinto, muy bueno, a 6 € el medio litro.
A las 20.30 h. todo el mundo se dirige a su habitación, y apagan las luces del gîte. Resistimos un rato leyendo en la terraza, con la luz del frontal. A las 21.00 h., derrotados por los mosquitos, entramos también en la habitación. Todo el mundo duerme ya.
Oracio
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« Última modificación: Noviembre 23, 2007, 12:32:08 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Lunes 10 setiembre. Porto, en barco por las Calanques de Piana.Recorrido a pie: Curzu - Serriera - Playa de Bussaglia - Porto. Tiempo según la topoguía: 3 ½ horas hasta Serriera. Tiempo real: 2 ¾ h. hasta Serriera + ½ hora hasta la playa de Bussaglia + 1 h. de comida y baño en la playa + 1 h. hasta Porto.A las 06.30 h. ya estamos despiertos. El resto de la gente aún duerme, llevan ya más de 10 horas! A las 07.00 h. nos sentamos a desayunar y a las 07.45 h. comenzamos a caminar, después de comprar una barra de pan en el propio gîte. La etapa de hoy es la más corta del Mare e Monti, de Curzu hasta Serriera. Nosotros hemos optado por alargarla un poco y seguir hasta Porto, en la costa, para disfrutar un poco del mar antes de dirigirnos hacia el interior de la isla durante varios días. El Mare e Monti sigue desde Serriera por el interior hasta Ota, adonde llegaremos mañana desde Porto, camino de Evisa. El sendero comienza en la parte de arriba del pueblo. Subimos hasta allí y seguimos las balizas naranjas por el bosque. Un par de fuertes pero cortas subidas y bajadas nos llevan hasta Serriera, pasando por encima de Partinello. Creo que es la etapa menos interesante del Mare e Monti, incluso hay gente que se la salta, y coge el autobús de la tarde al llegar a Curzu, para dormir esa noche en Serriera. Pero nosotros continuamos nuestro camino. No llegamos a entrar en Serriera, con el pueblo justo debajo nuestro nos desviamos por una pista que baja por una loma, ya sin balizar, que nos deja en poco tiempo en la carretera. Estamos en el cruce de la carretera que une Calvi y Porto, en el desvío hasta la playa de Bussaglia. Allí mismo paramos a llenar las cantimploras en una fuente, mientras conversamos con una simpática señora que se interesa por nuestro itinerario. Seguimos la carretera que baja hasta la playa, pasamos junto a un par de hoteles, y por fin llegamos a una inmensa playa de guijarros, rodeada completamente de acantilados. La playa de Bussaglia está prácticamente desierta, salvo un par de chiringuitos donde termina la carretera, que alquilan algunas tumbonas y unos pocos pedalos. Sólo estamos una docena de personas en la larga playa. Nos damos nuestro baño diario, comemos unos bocatas sobre los guijarros, nos volvemos a bañar, y nos tomamos una Pietra en uno de los chiringuitos al calor del sol del mediodía. Esto es vida! Para ir desde aquí hasta Porto, hay que volver por la carretera hasta el cruce, y seguir siempre por la carretera hasta nuestro destino de hoy. Pero en el mapa hemos visto que existe un camino que desde la playa sube por el bosque, ahorrándonos un buen tramo de carretera. Al venir hacia la playa no encontramos el inicio del sendero, pero ahora lo buscamos con más atención y encontramos un hito que parece indicar el inicio del camino. Seguimos entre una densa vegetación, el sendero se pierde en algunos momentos, pero en 20 minutos conseguimos llegar a la carretera, en un pequeño puerto con vistas increíbles de toda la costa, comenzando por la playa donde hemos estado, espectacular desde aquí arriba. Seguimos por la carretera. Es estrecha, y está delimitada por una pared vertical a nuestra izquierda, y un pequeño murete que nos separa del vacío y del mar allá abajo por la derecha. En muchos tramos no hay sitio para que pasen 2 coches y se forman pequeños atascos, sobre todo cuando pasa un autobús. Si a esto añadimos las numerosas motos que circulan por aquí (muchas Harley Davidson), los cliclistas, y nosotros caminando, os podéis hacer una idea del pequeño caos que se forma (y del miedo que pasamos!). Pero todo esto no nos impide flipar con lo que tenemos delante. Cada pocos metros te encuentras un mirador, colgado sobre el vacío, con el sitio justo para que aparquen un par de coches o media docena de motos. Las vistas son increíbles, comenzamos a ver la marina de Porto, tremendamente fotogénica desde aquí, al fondo las paredes rocosas de las Calanques de Piana, todo el conjunto encajonado entre las montañas que comienzan directamente en el mar. El paisaje es grandioso! Hace solo unos pocos lustros, en Porto había poco más que la torre genovesa, que defendía la bahía y la desembocadura del río Porto, donde se encontraba un pequeño embarcadero: el puerto natural del pueblo de Ota, 5 km. hacia el interior. La estrecha carretera que llegaba hasta aquí ni siquiera esta asfaltada. Hoy en día el asfalto ha llegado, aunque la carretera sigue siendo estrecha. Hoteles y restaurantes han aparecido alrededor del embarcadero, también más al interior, en el barrio de Vaïta, un km. hacia el interior, junto al río, por donde pasa la carretera que comunica con Calvi, con Ajaccio y con Ota en el interior. En mitad del verano la densidad de visitantes forma verdaderos caos circulatorios en las carreteras de acceso. En setiembre el entorno está ya más tranquilo, aunque será junto a Bonifacio y Porto-Vecchio donde mayores aglomeraciones veamos en este viaje. Nada que consiga disminuir la increíble belleza del entorno. La carretera nos lleva hasta Vaïta. Ayer llamamos al hotel Le Maquis para reservar una habitación. Nos dijeron que nos daban al única que quedaba libre. Pero cuando llegamos al hotel, nos dicen que nuestra reserva no aparece por ninguna parte y que el hotel está lleno. Así de simple, ni un asomo de disculpa, ni un gesto de ayuda para solucionarnos el problema. Si decidís venir a este hotel, tener bien guardada la reserva por escrito, parece que no son muy serios. En el otro hotel económico del lugar, el hotel du Golfe, ya nos dijeron ayer por teléfono que estaba lleno. No tenemos muchas ganas de dar vueltas, y pillamos una habitación en el primer hotel que vemos que no tiene los precios disparados, el Hotel du Bon Accueil ( http://www.cybevasion.fr/hotels/france/hotel_bon-accueil_porto_2346.html, el hotel no en la marina, como marca el mapa, sino un km. hacia el interior, en el barrio de Vaïta). Pagamos 51 € por una doble con baño, pequeña pero funcional, sin mucho encanto. Los dueños son muy amables y responden siempre con diligencia a las preguntas que les hacemos. Hay una lavandería justo al lado, así que aprovechamos para hacer la colada. 7 € la carga de 5 kg, 0,5 € el detergente, 1 € cada ficha de 5 minutos de secadora (utilizamos 4). Mientras se lava la ropa vamos a uno de los 2 supermercado que hay en este barrio. Hacemos algunas compras: una botella de vino de Calvi, unos vasos de cartón que nos serán muy útiles durante el viaje. Tras beber un par de vinos en la habitación (excelente el vino de Calvi) bajamos hasta la marina de Porto, donde destaca la figura de su torre genovesa. Se puede visitar pero no la visitamos, simplemente callejeamos un rato por las plazas y calles peatonales del barrio, repleto de hoteles y restaurantes. Reservamos 2 plazas en un barco que sale esta tarde a recorrer las Calanques de Piana, con la compañía Portolinea www.portolinea.com (20 € / persona). Los billetes se pueden comprar en la recepción del hotel Monte Rosso, en la orilla derecha de la desembocadura del río, o un rato antes de la salida del barco, en el propio muelle en la orilla izquierda de la desembocadura del río. Además de esta salida, la agencia propone también una excursión bastante más larga, combinando las Calanques de Piana, la Reserva de Scandola, y parando a comer en Girolata, en un barco algo mayor. Hasta la hora de salida del barco nos relajamos en la playa de la ciudad, una gran extensión de guijarros, donde nos repartimos bastantes bañistas (tampoco llega a agobiar). Al entrar en el agua es imposible no mirar hacia arriba, hacia la punta de las montañas que rodean la bahía de Porto. Hoy las nubes cubren las montañas del interior, pero hacia el mar el cielo sigue azul. El Mare Nostrum, que así se llama el barco de la agencia Portolínea, zarpa poco más tarde a las 17.30 h, después de esperar a una pareja se apunta a última hora a la excursión, tras 5 minutos de negociación con el capitán del barco. Hemos elegido esta compañía porque en el barco entran un máximo de 12 pasajeros, sin las aglomeraciones de otros barcos más grandes. Además, como comprobaremos en la excursión, el tamaño del barco le permite introducirse en el interior de varias grutas que se reparten por el litoral de las calanques. Los pasajeros de los otros barcos deben contentarse con contemplarlas desde el exterior. Decidimos además salir en el último barco del día, para disfrutar de la cálida luz del atardecer durante la navegación. En el barco vamos el capitán y los 12 pasajeros previstos, todos franceses salvo nosotros. El recorrido sigue paralelo a las paredes de los acantilados de la costa Sur del golfo de Porto, lo que se conoce como las Calanques de Piana. Piana es un pequeño pueblo accesible por carretera desde Porto, que se encuentra en lo alto del acantilado. Parte del pueblo es visible desde el mar. En nuestro viaje no tendremos tiempo de acercarnos hasta allí, pero tanto el pueblo como sus alrededores (donde hay varias rutas senderistas) parecen muy interesantes. Seguro que será una etapa de una futura visita a Córcega. Las calanques (o pequeñas calas) están al principio rodeadas de pinos, inclinados por el efecto del viento, y llegan hasta la orilla del mar. De vez en cuando aparece algún pequeño embarcadero y algunas casas de pescadores, y las huellas del vertiginoso zigzag de acceso desde lo alto del acantilado. Más adelante desaparecen los pinos y la costa se convierte en un caos de paredes cada vez más verticales, creando extrañas formas. En esta zona comienzan las grutas. Parece imposible, pero nuestro capitán logra introducir el barco en cada una de ellas. Al entrar en ellas, solo existe la oscuridad. Cuando la vista se va haciendo a la penumbra, empezamos a contemplar los tonos y formas diversas de las paredes interiores. En algunos momentos llegamos a tocar las paredes con la mano. Cada vez que salimos de una de las grutas, todos exclamamos palabras de admiración hacia el capitán. Tras llegar casi hasta el Capu Rossu, damos media vuelta. El capitán deja pilotar el barco a algunos de los pasajeros, y se dedica a ligar un rato con una pareja de chicas que van solas... El sol está ya muy bajo y las calanques muestran un color naranja intenso. Las nubes que cubren las montañas comienzan a desaparecer rápidamente. Al fondo comenzamos a apreciar la marina de Porto encajonada entre montañas. Todo el entorno es de una gran belleza. En mi opinión, la excursión vale realmente la pena. La duración prevista era de hora y media, hemos tardado un cuarto de hora más. Al desembarcar en la marina de Porto el sol está a punto de esconderse tras el horizonte. Varios turistas nos agrupamos en la pasarela peatonal sobre el río para apuntar y disparar repetidamente con nuestras cámaras hacia la puesta de sol sobre el mar, espectacular. Sobre las 20.00 h. subimos de nuevo hasta Vaïta, allí vamos a cenar a Romulus, una pizzería unos metros más arriba que el hotel, en la carretera hacia Calvi. Nos instalamos en el exterior, en una terraza situada en un patio, y cenamos un par de pizzas (muy buenas), una tabla de quesos corsos (como siempre excelentes), y un par de bolas de helado (probamos por primera vez el de castaña, muy típico en toda la isla). Con ¾ de litro de tinto en pichet, la cuenta asciende a 37 €. Buena calidad y servicio impecable, la chica que nos atiende es muy agradable y se ocupa de que pasemos un rato a gusto en el restaurante. Totalmente recomendable. Nos vamos pronto a la habitación, nos acabamos la botella de vino que hemos abierto por la tarde mientras jugamos a las cartas, y nos vamos a dormir. Oracio
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Oracio Holiveira
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Martes 11 setiembre. Hacia el interior de la isla, la garganta de Spelunca.Recorrido a pie: Ota - garganta de Spelunca - Evisa. Tiempo según la topoguía: 3 ½ horas. Tiempo real: 3 h. caminando + 1 h. de parada para comer y bañarse en el río.Habíamos pensado hacer todo el recorrido de Porto hasta Evisa caminando, pero nos hemos enterado de que a las 9.25 h. pasa un autobús, proveniente de Ajaccio, que termina su recorrido en Ota. Cogiéndolo nos ahorramos los primeros 5 km, todos de carretera. Así que hoy nos tomamos las cosas con calma. Nos levantamos a las 08.00 h., hacemos las compras en el supermercado y desayunamos en la habitación: fruta y yogur. También nos aprovisionamos de queso y salchichón para los próximos días. A las 09.15 h. llegamos a la parada de bus, en el barrio de Vaïta, junto a la farmacia. Allí espera también una mujer de uno de los grupos con los que hemos coincidido los últimos días en los albergues, en concreto del grupo que se perdieron entre Girolata y Curzu. Su rodilla no ha aguantado aquella etapa y ha tenido que dejar la travesía. Desde entonces se dedica a seguir en autobús a su grupo, mientras el transporte público se lo permita El bus llega a las 9.30 h, un autobús grande. Cuando el chofer comprueba que solo seguimos 5 hasta Ota, nos dice que va a buscar un minibús, explica que es lo mejor para moverse por esa carretera. Nos toca esperar otro cuarto de hora. Mientras, llega el bus hacia Calvi, en este caso un minibús. Hay mucha gente esperándolo. A un par de chicos que quieren subir la bicicleta, el conductor les dice que se pueden ir hasta Calvi pedaleando. Al resto los va ordenando en el minibús en función de su lugar de destino, en plan lata de sardinas. A los que van de pie les toca pagar menos, explica. Aparece también por allí un senderista que habíamos visto acampar en los gîtes de Girolata y Curzu, y se une a nuestra conversación sobre las jornadas precedentes. Vemos también al inglés que perseguía a la francesa en Curzu, acompañando esta vez a otra chica. Este chaval no desespera... Todo esto parece una novela donde no cambian los personajes. Llega por fin nuestro chofer con una vieja furgoneta, nos sube a las 5 pasajeros hasta Ota por una carretera estrecha y con firme irregular: 3 € / persona por un trayecto de 15 minutos. Ota es un pequeño pueblo de montaña, a 300 m. de altitud, que se extiende bajo el Capo d’Ota, una gran roca en la cima de una montaña, que parece va a caer en cualquier momento sobre el pueblo. Es una base habitual de senderistas, gracias al paso por el pueblo del Mare e Monti, y hay un par de gîtes donde alojarse. Paseamos un rato por el pueblo, entramos en la iglesia para contemplar su interior, nada del otro mundo esta vez. Cuando comenzamos a caminar son ya casi las 10.30 h. Menos más que hoy toca la etapa más corta del recorrido. Seguimos el sendero que sube hasta Evisa atravesando la garganta de Spelunca. Salimos del pueblo por un camino de bajada, que en poco tiempo alcanza el primero de los puentes genoveses de piedra. Lo cruzamos. Debajo hay unas bonitas pozas donde bañarse, y no se ve a nadie, pero preferimos continuar y bañarnos más adelante. Más tarde nos daremos cuenta de que este es el mejor lugar para hacerlo. Después de un rato salimos a la carretera, pasamos junto a otro puente, este de hormigón, por donde pasa el asfalto. También hay algunos lugares para bañarse, y algunas camionetas aparcadas en plan chiringuito de plan. A partir de aquí comenzamos a subir y a entrar en la garganta. El sendero asciende zigzagueando a media altura, por la pared derecha según subimos, entre rocas y una densa vegetación. Hacia atrás hay buenas vistas de Ota y la gran roca, que permanece en precario equilibrio sobre el pueblo. La garganta es cada vez más estrecha, el entorno es realmente bello. Nos cruzamos con bastante gente que hace el recorrido bajando, con mochila de día. Suponemos que alguna agencia los sube hasta Evisa, para más tarde recogerlos en Ota, junto a los chiringuitos. O bien disponen de 2 coches. O hacen el trayecto de ida y vuelta (no lo creo). Nos cruzamos con una pareja que viene hablando en catalán. Nos saludamos. Será la única vez en todo el viaje que oigamos una de nuestras lenguas, al menos hablada por un español. Mas o menos a mitad de la subida llegamos hasta el segundo de los puentes genoveses. Según el mapa, a partir de aquí el camino se separa del río, así que decidimos parar a picar algo y pegarnos un baño. El puente está a la sombra de las paredes de la garganta, y las pozas a su alrededor también. No baja mucha agua, pero hay bastante gente de picnic alrededor. Bajamos siguiendo el río entre rocas y encontramos un lugar discreto y al sol, con una pequeña cascada que cae sobre una pequeña piscina natural, donde cubre hasta el pecho. Nos quedamos aquí refrescándonos un rato y comiendo algo de fruta. La subida continúa por un precioso sendero pegado a la pared, en el interior de un bosque, hasta que llega a la carretera, en la parte baja de Evisa, a la altura del cementerio. Casi a las 14.30 h. entramos en el pueblo. Nos refrescamos en la hermosa fuente y paramos a comer nuestros bocatas en uno de los bancos cercanos, con magníficas vistas. Evisa es un bonito pueblo, situado a 850 m. de altitud, bastante visitado por los senderistas, ya que aquí se cruzan 2 de las travesías de la isla. El sendero Mare e Monti, que comienza Calenzana, en las alturas de Calvi (y que nosotros hemos seguido, haciendo algún desvío, desde Galeria), pasa por aquí antes de dirigirse de nuevo hacia la costa, que alcanza en Cargese, tras unas 10 etapas de travesía. El sendero Mare a Mare Nord comienza en la costa Este, en Moriani, y tras pasar por Corte, se junta en Evisa con el Mare e Monti. Los 2 senderos van juntos hasta Cargese, adonde se llega también tras 10 etapas. Nosotros seguiremos a partir de mañana el segundo de los senderos, pero en sentido contrario, esperando llegar a Corte en 3 días de caminata. En Evisa también hay un gîte d’étape, pero esta vez elegimos dormir en un hotel. El Aïtone www.hotel-aitone.com se encuentra en la parte alta del pueblo y tiene habitaciones de todos los precios. Nosotros elegimos una de las baratas: con lavabo y ducha en la habitación, y WC en el pasillo. La doble nos cuesta 35 €. Además tenemos derecho a utilizar la piscina del hotel. Nos instalamos y bajamos a bañarnos un rato, mientras nos dejan las nubes que comienzan a cubrir el cielo. El agua helada de la piscina se agradece cuando pega el sol, pero cuando éste se esconde tras las nubes se siente el frescor de la altura a la que se encuentra Evisa. Además de nosotros, solo una pareja de ingleses se atreve a meterse al agua. Leemos en las guías que el hotel es de los sitios donde mejor se come del pueblo. Dudamos si pillar la media pensión (42 € / persona), pero no nos gusta el horario del desayuno. Comienzan a servirlo a las 08.00 h. y mañana queremos madrugar, ya que nos espera una larga jornada caminando. Preguntamos a la mujer de recepción si es posible adelantar el desayuno a las 07.00 h. y nos contesta que sin problema, así que al final reservamos la cena y el desayuno. Por la tarde salimos a callejear por el pueblo. Típicas casas de piedra agrupadas y rodeadas por enormes extensiones de bosques. Callejuelas y escalinatas que forman bonitos recovecos. Tomamos una Pietra y un pastel de castaña en el bar de la Poste, donde los viejos del lugar juegan a las cartas. Si la castaña es una especialidad en toda Córcega, Evisa es el centro neurálgico de este fruto seco. En los alrededores del pueblo abundan los bosques de castaños. Mientras volvemos al hotel disfrutamos de los tonos rojos del ocaso. A pesar de las nubes que han cubierto el pueblo, llegan los últimos rayos del sol desde el mar. En el restaurante del hotel cenamos unos entrantes (charcutería y terrina, regulares), un guisado de jabalí con polenta para mi (excelente) y un entrecot, pasable, para la señora Holiveira. Queso y flan de castaña. El menú, incluido en la media pensión, cuesta 23 € / persona. Una botella de tinto Cap Corse, embotellada para el hotel, bastante buena, 12 € más. Como mañana dejaremos temprano el hotel, pasamos por recepción a pagar la cuenta. Allí ya no está la señora de la tarde y el que parece ser el dueño del hotel nos dice que mañana no es posible desayunar hasta las 08.00 h., por mucho que por la tarde nos hayan dicho lo contrario. Después de decirle de todo, pagamos la habitación y la cena, y nos vamos a dormir, enfadados. Parece que en este hotel no cuenta lo que te confirman algunos de sus empleados... Oracio
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« Última modificación: Diciembre 05, 2007, 12:06:24 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Miércoles 12 setiembre. Hacia el valle del Niolo, por el bosque de Aïtone.
Recorrido a pie: Evisa - bosque de Aïtone - col de Verghio - Albertacce. Tiempo según la topoguía: 7 ½ horas. Tiempo real: 6 ¾ h. caminando + ¾ h. de paradas para comer + 1 h. de baño en el río Viru.
Hoy haremos la caminata más larga de este viaje. Madrugamos y desayunamos en la habitación algo de la comida que aún nos queda. A las 07.30 h. salimos del hotel, después de saludar de forma poco amigable al dueño, que nos ofrece que vayamos a desayunar ahora...
Comenzamos la larga subida que lleva hasta el col de Verghio cruzando el bosque de Aïtone. Al principio por un extenso y denso castañar con viejos e inmensos ejemplares de castaño. Un bosque que hace recordar a los bandidos que se escondían allí durante años, esperando con paciencia el momento adecuado para consumar sus vendettas.
Dejamos el castañar para salir a la carretera, pero 5 minutos después volvemos a entrar en el bosque, esta vez de pinos laricios, que nos llevará hasta el puerto. Enseguida debemos cruzar el río Aïtone, por una pasarela colgante que se mueve peligrosamente al cruzarla, unos tablones unidos a unas vigas de hierro, algunos tablones sueltos, algunas vigas con un color de roña bastante sospechoso... Esperamos a que el primero de nosotros llegue al final para que el otro comience a atravesarlo.
Pasamos junto a una serie de bonitas cascadas y piscinas naturales, conocidas como A Madre. Pero la mañana es fresca y la caminata que nos queda es larga, así que no nos paramos allí. El camino sigue subiendo en zigzag hacia el col de Verghio. Algunos pinos son verdaderamente espectaculares, con un diámetro de follaje de varias decenas de metros. En la parte más alta van dejando su puesto a las hayas.
Mientras caminamos por el bosque, vemos lo que nos parece al principio una cabra negra, luego un pequeño jabato, hasta que vemos a la madre de color gris, junto con otro pequeño retoño. Son los primeros cerdos corredores que se nos cruzan. Algo más adelante, otro ejemplar nos adelanta al trote por la pista por la que ascendemos.
Tras 3 horas de preciosa y sombreada subida por el bosque, llegamos por fin al col de Verghio, donde alcanzamos de nuevo la carretera. Estamos a 1.476 m. de altitud y sopla un viento frío. Aquí arriba solo hay un chiringuito que vende bebidas a los grupos que se bajan de los autobuses, que solo aguantan fuera unos pocos minutos, helados de frío con su ropa de playa.
Picamos algo de comida aquí arriba, sentados en una roca, al resguardo del viento. Disfrutamos de las vistas. Por todos lados las altas montañas que nos rodean. Allá abajo la zona de Córcega que aún no conocemos, al Este de las montañas. A lo lejos, diminuto, se divisa perfectamente nuestro destino de hoy, el valle del Niolo, donde destaca sobre todo el embalse de Calacuccia. Parece que está lejísimos, pero tan sólo nos separan 4 horas de caminata hasta allí.
Comenzamos la bajada por un sendero. Seguimos a la sombra por un bosque de pinos. Enseguida encontramos las marcas rojas y blancas del GR20, con el que nos cruzamos. En todo el día no hemos visto más que 2 parejas de senderistas. Aquí, en cambio, mientras nos hacemos unas fotos junto al poste indicador del cruce de caminos, no más de un minuto, vemos pasar hasta 8 senderistas por el GR, todos en parejas. Llevan enormes mochilas y en sus comentarios se nota el alivio de llegar a la civilización tras varios días de naturaleza salvaje (hay un hotel/albergue a 20 minutos caminando desde aquí).
El recorrido que nos falta es un continuo sube y baja hasta nuestro destino. Tras la primera bajada fuerte nos cruzamos con una pareja de franceses, que nos confirman que encontraremos una fuente algo más adelante. Menos mal, el agua empezaba ya a escasear. La encontramos enseguida, junto a unas bordas de pastores, un depósito al que su dueño ha hecho una salida en su parte superior, para que funcione como fuente cuando el depósito está lleno. Nos refrescamos y llenamos las cantimploras.
Subimos hasta un collado, ya con poca vegetación, donde nos cruzamos con 3 jóvenes que están arreglando el sendero, deteniendo el avance de la maleza. Poco después paramos de nuevo a comer algo. Más adelante vemos los primeros desvíos que señalan el camino hasta el Monte Cinto, la mayor altura de la isla (10 horas de subida desde aquí...). Tras un continuo sube y baja, por fin llega el descenso definitivo hasta el puente de Moricciolu, que cruza el río Viru.
Por el río baja bastante agua y encontramos nuestra habitual piscina privada con su cascada correspondiente. El sol ya calienta más aquí abajo (abajo es un decir a 850 m. de altura) y no hay absolutamente nadie alrededor. Tras la agotadora jornada (llevamos más de 6 horas caminando), el baño en estas frías aguas es una auténtica gozada. Nos demoramos aquí un buen rato antes de retomar la última media hora de camino por una pista hasta Albertacce, a donde llegamos sobre las 4 de la tarde.
El valle del Niolo es un extenso valle situado a más de 800 m. de altitud. En cada conquista de la isla los últimos reductos contra el invasor siempre resistían aquí, debido a su inaccesibilidad. Hasta el valle solo se puede llegar a través de una estrecha garganta. Hoy en día, una sinuosa y estrecha carretera la recorre, en lo que llaman la Scala de Santa Regina. Aún así, hoy en día los habitantes del valle siguen siendo los más rebeldes. Los pueblos que forman el valle constituyen uno de los principales focos del nacionalismo corso.
Albertacce (850 m.) es un tranquilo pueblo típico del valle, cercano al embalse que hoy cubre su parte inferior. Se estira a lo largo de la carretera que lo atraviesa, y de un par de calles paralelas hacia arriba, donde se encuentra la iglesia que domina el pueblo. Las vacas se pasean tranquilamente por las terrazas de los 3 bares/restaurantes que existen en el pueblo, que junto con una pequeña tienda y el gîte d’étape son los únicos comercios.
Atravesamos el pueblo, desierto en el calor de media tarde. El gîte de Albertacce está en la otra punta, saliendo en dirección a Calacuccia. Es una antigua casa típica al borde de la carretera. No hay nadie en el gîte, pero un cartel nos invita a entrar e instalarnos. Somos los primeros en llegar. Hay 2 habitaciones de 8 literas y una de 4, más pequeña. Nos cogemos está última, la tendremos solo para nosotros dos. El gîte es moderno y práctico, con una gran sala común equipada de cocina y nevera.
Tras la ducha salimos a dar una vuelta por el pueblo, subimos hacia la iglesia, cerrada. Recorremos las calles de la parte superior. Albertacce se nos acaba rápido... Las vistas hacia las montañas que rodean el pueblo son magníficas. Paramos en una de las terrazas a tomar una caña de Pietra (2.50 €, la más barata de todo el viaje), y a aprovechar los últimos rayos de sol. Volviendo hacia el gîte paramos a comprar embutido, queso, fruta y unas cervezas en la tienda del pueblo.
Al entrar en el gîte, vemos que han llegado 2 parejas de franceses, han venido desde nuestro objetivo de mañana, el refugio A Sega. Charlamos un rato sobre el recorrido, jugamos a las cartas, tomamos unas birras... A las 19.30 h llega la guarda del gîte. La media pensión es voluntaria, así que, algo escaldados por la experiencia de ayer, pagamos sólo el alojamiento (15 € / persona). La media pensión a 34 € / persona incluye la cena en un pequeño restaurante enfrente del gîte, y el desayuno, que la guarda deja preparado la noche anterior. Los franceses eligen la media pensión.
Nosotros vamos a cenar al otro restaurante que está abierto a estas horas, U Cintu, en el centro del pueblo. El señor, ya mayor, que regenta el restaurante, nos invita a un par de vinos por ir allí en lugar de elegir la media pensión en el gîte. El menú de 23 € incluye un plato de embutidos, buñuelos de queso, un riquísimo estofado de ternera con hongos y tagliatelli, queso y postre. El jamón y el salchichón, que fabrican directamente los dueños, es excelente. Acompañamos la cena con una jarra de un litro de tinto, a 8 €.
En la sala, que hace al mismo tiempo de bar y restaurante, hay bastante gente del pueblo cenando o tomando un trago, entre ellos los chicos que hemos visto esta tarde arreglando los senderos. Las conversaciones, en una mezcla de francés y corso, tratan casi siempre sobre las diferencias que tienen con el resto de los franceses (no hay ningún francés del continente en el comedor). Cuando en la tele comienzan a retransmitir el partido Francia - Escocia de clasificación para la Eurocopa de fútbol, se nota una antipatía general hacia la selección francesa.
Hemos cenado de forma estupenda, pero estamos cansados y a las 21.30 h. salimos ya del restaurante y nos dirigimos hacia el gîte. En la habitación que quedaba libre se ha instalado un grupo de alemanes. Mientras tomamos una última cerveza, aparecen los 4 franceses. Según cuentan también han cenado muy bien en el bar de enfrente. Traen buñuelos de queso que les han regalado para que desayunemos todos mañana. Por lo que cuentan, tal vez vale la pena aprovechar la media pensión en este lugar...
Oracio
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« Última modificación: Diciembre 05, 2007, 10:00:53 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Jueves 13 setiembre. Lagos y cascadas junto al refugio A Sega.
Recorrido a pie: Albertacce - Refugio A Sega. Tiempo según la topoguía: 6 horas. Tiempo real: 4 ½ h. caminando (sin paradas).
A las 07.00 h. arriba. Para desayunar, fruta y parte de los buñuelos que trajeron ayer los franceses. Nos despedimos de ellos y a las 08.15 h. empezamos a caminar. A esta hora aún hace fresco, pero el día ha vuelto a salir completamente azul. Las previsiones para los próximos días no son tan buenas.
Acortamos el inicio del recorrido, avanzando por la carretera que nos lleva directamente hasta Calacuccia. El camino balizado nos haría volver al otro extremo del pueblo, para coger una pista paralela entre la carretera y el embalse. Tampoco parece tener mucho interés.
Calacuccia es el pueblo más extenso del valle del Niolo. La profusión de hoteles y restaurantes da constancia de ello. Pasamos junto al convento de St-François-di-Niolu, que también funciona como gîte d’étape. Compramos pan en una de las varias panaderías del pueblo. Hay bastante animación en su calle principal.
Bajamos hacia el embalse, lo atravesamos por la carretera que pasa sobre el muro de contención de la presa, pasando de la vertiente Norte a la vertiente Sur del valle. Se ve que el nivel del agua es bastante bajo. Frente a nosotros vemos la pared que tendremos que superar 800 m. de desnivel hasta lo alto del cordal donde se sitúa la Bocca a l’Arinella.
En la misma presa empieza el zigzag, que se cruza al principio con varias pistas, un lugar donde es fácil el rastro de las marcas naranjas (vamos avisados por los franceses con los que coincidimos en el gîte de Albertacce). A medio camino un depósito de agua se ha roto e inunda el sendero haciendo el recorrido más complicado. Pero la dirección que tenemos que seguir es evidente, siempre hacia arriba hasta llegar a lo alto del cordal.
La súbida es fuerte, y por una zona rocosa sin la protección del bosque, así que se agradecen el viento fresco y la sombra en la vertiente Sur del valle. También ayudan las vistas, que van mejorando a medida que subimos: todos los pueblos del valle del Niolo, donde brilla con fuerza el agua del embalse; en el lado opuesto del valle al que nos encontramos vemos las montañas más altas de la isla, destacando la silueta del Monte Cinto.
Llegamos por fin al collado. Aquí arriba no vemos las balizas naranjas. El altímetro marca que nos faltan aún 30 metros por llegar a los 1.522 m. de Bocca de l’Arinella, la altitud máxima de toda nuestra estancia en Córcega. Así que seguimos unos hitos que nos llevan en ligera subida hasta una pequeña cima en el mismo cordal. La alcanzamos en menos de 5 minutos de lucha contra el viento, justo cuando vemos aparecer una pareja que se acerca al collado, proveniente seguramente del refugio A Sega. Disfrutamos un último segundo de las increíbles vistas en todas direcciones y bajamos corriendo al encuentro de los 2 senderistas. Nos cruzamos en el collado y nos confirman la dirección adecuada para bajar al refugio.
Comenzamos la bajada. Pasamos junto a una bordas, donde un gracioso cerdo corretea durante un buen rato junto a nosotros. Enseguida nos internamos por el bosque, un precioso sendero nos guía hasta que llegamos al refugio.
A Sega es el típico refugio de montaña, similar a los que encontramos en nuestras montañas. Está situado en un entorno espectacular, a 1.165 m. de altitud. Está rodeado por bosques, y los rápidos del río Tavignano descienden a su lado, formando rincones idílicos con cascadas desembocando en pequeños lagos. Además de acampar, existen 2 posibilidades de alojamiento en el refugio: la fórmula refuge, en media pensión, a 29 € / persona, en la que tienes que llevar tu propio saco de dormir, y la fórmula gîte, a 36 € / persona, con las mismas prestaciones que la primera, pero añadiendo unos pocos servicios, una manta, una almohada y 5 minutos de ducha caliente.
Nosotros llamamos ayer para reservar la formula gîte, sobre todo por la manta. No hemos querido cargar con un saco de dormir que sólo usaríamos aquí. Nos es suficiente con un saco-sábana de seda para todo el viaje, ya que en los gîtes d’étape siempre hay mantas disponibles.
Cuando llegamos al refugio, poco antes de las 13.00 h., aún está cerrado, ya que están haciendo la limpieza diaria. Pero el guarda sale fuera a charlar un rato con nosotros. Nos dice que dejemos las mochilas en unas estanterías junto a la puerta del refugio, nos saca unas latas de cervezas cuando se las pedimos, y nos indica dónde encontrar un buen lugar para pegarse un baño junto a una cascada.
Así que cruzamos un puente para atravesar el río, frente a la entrada del refugio, y subimos por el lado opuesto siguiendo su cauce, hasta que llegamos a una laguna. Una caudalosa cascada serpentea por varias paredes escalonadas hasta caer en las tranquilas aguas. El sitio es espectacular.
Dos parejas ya se ocupan su sitio en el borde del lago. Nosotros buscamos nuestro rincón entre las rocas y nos instalamos, al sol. De nuevo hace un día buenísimo. Al bañarnos comprobamos el efecto de la altitud en la temperatura del agua. Aquí arriba está realmente helada! Es difícil contener los gritos al introducirse en ella. Pero qué bien se queda uno después de una buena caminata y un fresco baño reparador...
Comemos la clásica degustación de queso y embutidos con pan, y pasamos un buen rato allí tirados al sol, refrescándonos de vez en cuando. Algún otro valiente se anima al vernos, sus gritos son similares a los nuestros...
A media tarde volvemos al refugio, ya abierto. Su interior es muy moderno. Nos instalamos en una habitación con 8 literas. Dormiremos 6 personas en ella, el refugio está casi lleno, a pesar de ser bastante grande. Nos pegamos la ducha caliente. Desde el baño las duchas frías se escuchan los gritos de los que han elegido la tarifa refuge, con la misma agua helada que baja de las montañas.
Salimos fuera, charlamos un rato más con el guarda. Le preguntamos por algún lugar para dar un paseo y nos recomienda subir por el sendero que lleva hasta el lago de Nino, por el lado del río opuesto al que hemos subido antes. Avanzamos por un magnífico bosque de pinos, oyendo siempre a nuestra izquierda el sonido del agua chocando contra las rocas, oculta por ahora a nuestra visión. Nos cruzamos con algunos grupos de chavales que bajan a acampar junto al refugio. En media hora llegamos a las cascadas que nos ha indicado el guarda. Es una zona donde el río se encajona en un estrecho cañón formando varios saltos de agua. Contemplamos el río, sacamos algunas fotos y bajamos pausadamente hacia el refugio. La tarde cae ya y comienza a hacer frío aquí fuera.
El comedor del refugio está completamente lleno de gente, de todas las partes de Europa. Pasamos el rato leyendo, escribiendo, jugando a las cartas. Tomamos por primera vez un moscat del Cap Corse como aperitivo; conversamos con la gente que nos rodea, hay un gran grupo de franceses adornados con las conchas de un club del Camino de Santiago. Uno de ellos se nos acerca al oírnos hablar en castellano. Lo habla muy básicamente. Nos cuenta que ha recorrido ya 7 veces el Camino, comenzando cada vez en un sitio distinto. El año que viene está estudiando empezarlo en Valencia, cruzar la Península Ibérica hasta Lisboa y subir desde allí por el Camino Portugués. Nos cuenta que su abuelo era de Elche, que murió en la Guerra Civil, y que tiene intención de ponerse a buscar su tumba allí antes de comenzar a caminar. Nos cuenta lo barato que compró un piso en Denia hace ya 30 años, y de cómo ha visto cambiar todo el Mediterráneo desde entonces.
A la hora de la cena compartimos mesa con dos hermanas belgas (de la zona flamenca), ya en la cincuentena, y con un chico alemán de Kalsruhe, cerca de la Selva Negra. Las hermanas han comenzado hoy la travesía en Corte, y desde aquí seguirán subiendo hasta el refugio de Manganu en el GR20 y hacer varias etapas. El alemán está recorriéndose Córcega en bicicleta, en solitario. Ha dejado la bici en Corte para hacer un circuito de 2 días durmiendo una noche en el refugio.
La cena consite en un inmenso perolo de lentejas con trozos de cordero y figatellu (un embutido a base de hígado de cerdo, que en verano está aún demasiado fresco y sólo se debe comer cocinado). El cocido está exquisito. Aunque parecía imposible, conseguimos vacíar el perolo entre los 5, y acto seguido nos vuelven a sacar otro! La cena se completa con el siempre excelente queso corso y un plato de compota de manzana.
La conversación en la mesa se desenvuelve de forma natural en varios idiomas: flamenco, alemán, francés (único idioma que todos chapurremos un poco), portugués (el alemán lo habla bastante bien, de hecho por su aspecto pensamos de forma errónea que puede ser de origen brasileño), castellano, euskera,... Cómo me gustan estas conversaciones multilingües!
Las belgas cuentan lo que les ha pasado en la subida de hoy desde Corte. Han visto cómo una vaca se despeñaba, cayendo y arrastrando consigo un par de troncos, para caer justo en mitad del sendero (estrecho y al borde del precipicio en ese tramo) a la altura del grupo de franceses, casi arrollando a uno de ellos. Comentan como el pobre hombre no ha dejado de templar durante 15 minutos, al darse cuenta de la que se había librado.
La conversación sigue cada vez más animada, gracias a las jarras de tinto que acabamos compartiendo. Las belgas se muestran de lo más nacionalistas, hablando bastante mal de los valones francófonos. Tal como lo ponen, parece realmente que las 2 comunidades no se llevan bien, y no es descartable que Bélgica termine en ser el siguiente país de Europa en romperse. Bruselas y todo el negocio montado alrededor de su capitalidad europea puede ser la única llave para salvar la separación.
No puedo contenerme y les comento un programa de televisión sobre Bélgica que vi hace unos años, en el que un presentador inglés trataba sarcásticamente a los belgas como los más divertidos de Europa. Para demostrarlo se recorría en un fin de semana varios “deportes típicos” del país: un concurso de fumadores de pipa, donde el ganador es el que más tiempo mantiene encendida la pipa después de haber prendido una cantidad establecida de tabaco; otro donde se establece una hilera de kilómetros de carretera, y cada participante cuenta las veces que canta el pájaro de su vecino, durante toda una tarde; o aquel donde un hierbal se divide en recuadros imaginarios, cada concursante apuesta por uno de los recuadros, sueltan allí una vaca, y gana aquel que tiene el recuadro donde a la vaca se le ocurre hacer sus necesidades mayores.
Echamos todos unas buenas risas, y las belgas no solo me confirman que estos juegos son habituales en su país, si no que claman orgullosas que no son tradiciones belgas, sino flamencas...
Tienen que comenzar a apagar las luces del comedor para que nos vayamos moviendo hacia nuestras literas.
ORacio
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Oracio Holiveira
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Viernes 14 setiembre. Por el valle de Tavignano hasta Corte.Recorrido a pie: Refugio A Sega - Garganta de Tavignano - Corte. Tiempo según la topoguía: 4 horas. Tiempo real: 4 h. caminando (sin paradas).Comenzamos a desayunar a las 07.30 h. y a las 08.15 h. nos ponemos en marcha. Por primera vez en todo el viaje, ha amanecido con el cielo cubierto. Hoy es el último día de nuestra primera travesía en la isla: Galeria - Corte en una semana. El sendero, espectacular, sigue en todo momento el valle de Tavignano, que se va cerrando hasta formar una estrecha garganta. A la belleza de este valle se le añade el hecho de que sólo se puede recorrer a pie. Ninguna carretera se integra en el, y no existe edificio alguno entre el refugio A Sega y Corte. Vista la experiencia con los tiempos de marcha de los días anteriores, pensamos que se trata de una sencilla y corta ruta de bajada. Pero nada más lejos de la realidad. El camino es un rompe-piernas con sucesivos ascensos y descensos, y parece que nunca terminas de bajar. Pero el paisaje es magnífico, y recompensa el esfuerzo de seguir el sendero arriba y abajo. A veces vamos por caminos colgados del precipicio, con el río Tavignano muy lejos debajo nuestro; otras veces lo acompañamos e incluso lo cruzamos. Tras hora y media de marcha encontramos la vaca que se despeñó ayer, en mitad del sendero. Nos hace dar un pequeño y vertiginoso rodeo para superarla. Las moscas comienzan a descomponer las zonas donde hay sangre a la vista. Como no se la lleven pronto de aquí, esto va a oler muy mal. Un poco más adelante, más o menos a mitad del camino, cruzamos el Tavignano por la pasarela de Rossolino, de madera. El lugar es idílico, con tentadoras pozas donde bañarse y bonitas cascadas, pero en ese momento comienza a llover. Son sólo 4 gotas, pero preferimos aplazar nuestro baño diario. 5 minutos después deja de llover. Ni siquiera nos hemos puesto el chubasquero. 20 minutos más tarde las nubes han desaparecido y vemos de nuevo un cielo completamente azul. Nos cruzamos con bastante gente que sube de excursión hasta las cascadas junto a la pasarela. Nosotros seguimos bajando, ya lejos del cauce del Tavignano. Al salir del valle divisamos ya a lo lejos la ciudad de Corte, rodeada de montañas, con la silueta de su ciudadela destacando sobre el resto. Llevamos ya 4 horas de caminata cuando entramos en la ciudad. Corte es la ciudad encargada de velar por la identidad corsa. Capital de la isla durante el corto periodo de tiempo en que esta fue un país independiente (en el sigo XVIII), fue expresamente dejada de lado cuando los franceses se adueñaron de ella, potenciando los enclaves costeros de Ajaccio y Bastia. Pero la creación en 1981 de la nueva Universidad en Corte (la única que existe en la isla), varios siglos después de que fuera clausurada por los gobernantes del continente, ha hado un gran empujón a la actividad de la ciudad y ha supuesto el renacimiento de la cultura corsa. Hasta 3.000 estudiantes provenientes de toda la isla se añaden a los 6.000 habitantes permanentes de Corte, que parece como suspendida sobre un promontorio rocoso, en la confluencia de los valles de Tavignano y la Restonica. En una de las primeras calles que atravesamos nos topamos con una pequeña iglesia abierta (la capilla de la Santa Cruz). Dentro casi no hay luz, y cuesta un rato acostumbrarse a la penumbra y comenzar a disfrutar de las bellas pinturas del interior. El exterior, en cambio, muestra un estado de dejadez que en esta ciudad se acentúa aún más que en el resto de la isla. A pesar de ello, mientras realizamos nuestro primer paseo, mochila a la espalda, por esas calles de fachadas tan poco cuidadas, sentimos que la ciudad es muy agradable y acogedora. Nos gusta Corte! Llegamos al corso Paoli, la principal arteria de la ciudad, nombrada en honor al gobernador durante los años de independencia. Se ve mucha gente joven por la calle; estudiantes de la Universidad, suponemos. En esta calle y la plaza donde termina, con el mismo nombre, se concentran casi todos los comercios de la ciudad. Alcanzamos la plaza Paoli, ocupada por varias terrazas, y seguimos bajando hacia el río Tavignano, que cruzamos por una pasarela metálica. Un poco más adelante, a 10 minutos del centro, se encuentra el hotel HR www.hotel-hr.com, que donde se alojan indistintamente estudiantes y turistas. La situación del hotel nos viene bien porque la estación de tren está a menos de 5 minutos. Desde allí saldremos mañana por la mañana hacia Ajaccio. Pillamos una habitación con baño por 40 € (con el baño en el pasillo cuestan 35 €). Habitaciones correctas, sin encanto. El hotel tiene en cambio un patio interior a la sombra de los árboles, y mesas y hamacas donde relajarse. A mediados de setiembre se ve ya mucho estudiante deambulando por allí. Nos duchamos y salimos a dar un paseo. Nuestro objetivo es el valle de la Restonica, el otro de los valles que confluyen en Corte (los ríos Tavignano y Restonica se juntan prácticamente en el centro de la ciudad). El valle de la Restonica desciende espectacularmente desde las montañas hasta Corte, construyendo a su paso multitud de piscinas naturales donde refrescarse. Un solo problema, la carretera que lo recorre junto al río y la multitud de hoteles y campings que se han establecido aquí hacen que sea muy concurrido en verano, y le quita mucho de su encanto. Pero a mediado de setiembre todo está ya muy tranquilo. Antes de adentrarnos en el valle paramos a comer en un pequeño snack-bar, junto a la gasolinera cercana al cruce hacia la Restonica. Tienen un par de mesas fuera del bar, al sol, y nos sentamos allí. Pedimos un par de generosas ensaladas y ¾ de litro de rosado en pichet. Pagamos 18,50 €. Comenzamos a caminar por la carretera que sube junto al río. Tras caminar unos 20 minutos, a la altura de una pequeña capilla en una gran roca en honor a St. Roch (San Roque), cogemos un sendero que baja hacia el río. Un km. más arriba comienza la sucesión de hoteles. En el río encontramos varias piscinas naturales. En la orilla de una de ellas se ha formado incluso una diminuta playa de arena. Aún hace calor, y pasamos allí un par de horas bañándonos y tomando el sol. Sólo vemos alguna otra pareja en la lejanía. Tras el baño volvemos a Corte. Desde la carretera subimos por unas escalinatas espectaculares (y muy empinadas) hasta un mirador justo enfrente de la ciudadela. Muchos turistas llegan hasta aquí desde el centro para posar delante de sus cámaras, con la ciudadela de fondo. Pero logramos tener un rato para disfrutar solos de las vistas. Seguimos callejeando, subimos hasta la ciudadela, visitamos la parte libre al público, sin pagar la entrada del museo (6 €), que incluye la visita a parte del entorno amurallado. Admiramos el exterior del Palacio Nacional. Continuamos recorriendo las plazas de la Ciudad Alta, la más cercana. Esta zona es realmente magnífica, con calles empedradas, la deliciosa plaza Gaffori, y la siempre austera decoración de las fachadas. Entramos en la Iglesia de la Anunciación, que domina esta parte de la ciudad. Bajamos hasta la Ciudad Baja, de nuevo pasamos por la plaza Paoli, por la calle del mismo nombre, llegamos a la plaza del Duque de Padua en una de las pocas zonas llanas del centro, curiosamente rodeada de palmeras y de casas altas de varias plantas que no sintonizan con el resto de la ciudad. Salimos del centro por la carretera que lleva hasta la estación de tren. Allí compramos los billetes a Ajaccio para mañana a las 08.10 h.(11 € / persona), y volvemos al hotel. Pasamos el resto de la tarde descansando un rato y lavando algo de ropa en la habitación. Salimos al anochecer. Volvemos a la estación de camino al restaurante que hemos elegido. Desde aquí las vistas de la ciudadela, ya iluminada, son increíbles. Me entretengo un buen rato haciendo algunas fotos. Desde allí subimos hasta el restaurante L’Oliveraie http://loliveraie.com, a unos 500 m. al Este de la ciudad, junto a un bonito bosque de olivos. Cenamos en una mesa en la terraza exterior. Pedimos unas Pietras como aperitivo. Para cenar compartimos un plato de calamares rellenos de queso, con varias guarniciones y una enorme cazuela de callos “ a la corse”, con jamón y verduras. Ambos platos excelentes. Terminamos con una espectacular tabla de quesos, incluyendo una potente crema de queso a la pimienta y aguardiente, y un fiadone, el típico postre corso, que se asemeja bastante al pastel vasco. Acompañamos la cena con 1 litro de tinto en pichet, muy bueno. Café para terminar. La dueña del hotel y el cocinero salen de vez en cuando a la terraza para comprobar si todo va bien en cada mesa. Con la cuenta nos dejan la botella de aguardiente. Una gran cena! Pagamos por todo 46 €. Nos invitan a los cafés y al aguardiente. Vemos que tampoco nos han cobrado las cervezas. Se lo decimos a la camarera, pero nos dice que también son cortesía de la casa! Un lugar totalmente recomendable, comida de calidad y servicio impecable. Bajamos caminando hacia el centro de la ciudad. La ciudadela iluminada destaca aún más por la noche. Nos perdemos por los rincones de la Ciudad Alta. Con la tenue iluminación nocturna de las calles, se diría que nos paseamos por cualquier ciudad de la Edad Media. En una de las terrazas de la plaza Gaffory, nos encontramos con Daniel, el alemán con el que cenamos ayer en el refugio A Sega. Nos sentamos en su mesa y pedimos el primer pichet de vino. La conversación se desarrolla en portuñol (una mezcla de portugués y castellano). Creíamos que podía tener origen brasileño, pero en realidad su padre es de Haití. El portugués lo aprendió porque estuvo trabajando algunos años en el Norte de Portugal. Nos cuenta su paso por Euskadi el año pasado. Le encantó y está deseando volver. Unas cuantas jarras de vino más tarde nos damos cuenta de que ya es más de media noche. A Daniel le toca bajar en bici hasta Calvi mañana, desde donde vuelve a Alemania por la tarde. Nosotros tenemos que madrugar para pillar el tren hasta Ajaccio. Nos intercambiamos las direcciones, nos despedimos y nosotros dirigimos hacia el hotel. El va a dormir al camping de la ciudad. Estoy convencido de que Daniel no tardará mucho en aparecer por casa. Ojalá! Oracio
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« Última modificación: Diciembre 13, 2007, 10:34:12 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Sábado 15 setiembre. 2 ciudades opuestas: Ajaccio y Sartène.
Nos levantamos a las 07.00 h. Preparamos las mochilas y nos dirigimos directamente a la estación de tren. Tenemos tiempo de desayunar en el bar de la estación, que tiene el curioso nombre de Bar de la Plage. A esa temprana hora el bar está lleno de trabajadores desayunando y hay bastante ambiente. Pagamos 8 € por 2 zumos de naranja naturales, un café y un croisssant.
El tren llega a su hora y salimos hacia Ajaccio. El recorrido transcurre por las montañas centrales de la isla. Al otro lado de la ventanilla se alternan grandiosos paisajes de montaña y la negrura del interior de los túneles.
Llegamos a Vizzavona, un puerto de montaña que separa las vertientes Este y Oeste de la isla. A pocos metros de aquí pasa el GR20, y el paso del sendero por un lugar donde se juntan la carretera y una estación de tren, ha hecho que crezcan aquí multitud de hoteles, albergues, campings, restaurantes, ofreciendo todo lo que pueden necesitar los senderistas tras varios días de aislamiento en la naturaleza (duchas, comida caliente) y los turistas que solo se acercan hasta aquí para “oler” el ambiente montañero (souvenirs, postales con las marcas del GR20).
Nos toca comenzar la bajada hacia Ajaccio, pero no será tan fácil. El jefe de estación hace bajar a todo el mundo del tren. Nos cuentan que el tren que sube desde Ajaccio se ha quedado atascado en mitad de la vía, y como sólo hay doble vial en las estaciones, no podemos bajar. Un autobús vendrá a recogernos en un cuarto de hora. Una cincuentena de personas nos quedamos esperando junto a las terrazas de los restaurantes.
El autobús no tarda en llegar y montamos todos en él. No sobra ni un asiento, el último pasajero se sienta en la parte delantera, en el lugar que normalmente ocupa el revisor. O han tenido mucha suerte o han calculado muy bien el número de pasajeros. Todos vamos hasta Ajaccio, así que no hacemos paradas intermedias y recuperamos el retraso en la bajada, por una carretera llena de curvas, y con unos paisajes igual de espectaculares que en la subida en tren. Pocos metros después de arrancar, vemos las marcas rojas y blancas del GR20, que atraviesan la carretera. Es la segunda vez que nos cruzamos con el sendero corso por excelencia.
Sobre las 10.00 h. (la hora prevista) vamos llegando a las afueras de Ajaccio, una ciudad bastante fea desde aquí. Es el único lugar en todo el viaje donde sentimos la presión de la construcción, con algunos barrios de torres altas en las laderas de las montañas que rodean la ciudad.
Ajaccio es la capital de Corse du Sud, uno de los 2 departamentos en los que el Gobierno francés decidió dividir administrativamente la isla, para disminuir la presión nacionalista. El otro departamento es Haute Corse, con capital en Bastia. La ciudad más poblada de Córcega siempre ha sido vista también como la más “francesa”. El hecho de que Napoleón Bonaparte naciera aquí y de que Ajaccio lo muestra de forma abierta y orgullosa puede ayudar a dicha impresión.
Una vez atravesados los poco apetecibles barrios periféricos, lo que queda de la parte vieja es interesante. Separadas del mar por el macizo edificio de la Ciudadela (normalmente cerrado al público), las sombreadas callejuelas de esta zona de la ciudad están pobladas de agradables terrazas al más puro estilo parisino; calles que se estiran hasta el puerto, a través de amplias plazas adornadas por palmeras.
El autobús nos deja en la estación de tren. A esta hora hace ya calor en la costa, un calor que habíamos olvidado los últimos días. Caminamos hacia la estación de autobuses, a 5 minutos de allí, en un edificio compartido con la terminal de ferrys. Queremos comprar los billetes para salir esta tarde hacia Sartène. Hay varias compañías que viajan hacia el Sur de la isla, con líneas que terminan en Bonifacio, Porto-Vecchio o Zonza. Los horarios y precios son similares, pero en esta época no todas las compañías cuentas con autobuses diarios.
Nos decidimos por la compañía Alta Rocca, entre las 2 que salen hoy a la misma hora (la otra compañía es Eurocorse Voyages), más que nada por que la chica del stand se ofrece a guardarnos las mochilas sin ni siquiera habérselo pedido. Compramos 2 billetes hasta Sartène (10,70 € cada uno) para las 16.00 h. y dejamos las mochilas dentro de su kiosco.
Ya sin peso nos dedicamos a aprovechar las horas centrales del día en Ajaccio y alrededores. Pasamos por el mercado que se instala diariamente (hasta las 14.00 h, salvo los lunes) en la plaza Campinchi, frente a la oficina de turismo. Los puestos de fruta y verdura dan un gran colorido al mercado. Hay muchos stands de productos gastronómicos con productos regionales y es posible comer muy barato en algunos puestos a base de pequeñas pizzas, buñuelos, crêpes,...
Entramos en la oficina de turismo. Queremos comprobar los horarios de los autobuses urbanos que van hacia las playas de la Ruta de los Sanguinarios, al Oeste de la ciudad. Nos dan un plano con las rutas de autobuses y sus horarios. Comprobamos que sale uno cada hora, desde la cercana plaza Foch. El siguiente es a las 11.05 h., falta un cuarto de hora. Saludamos allí mismo al chico bretón que conocimos en el autobús de Corte a Galeria. Está navegando en un ordenador con conexión a Internet, que la Oficina de Turismo pone a disposición del público de forma gratuita.
Nos dirigimos tranquilamente hacia la plaza, que es enorme. Hay bastantes paradas de autobús en las calles que la rodean, pero no encontramos la que corresponde a la línea nº 5, que es la que tenemos que coger. Al final, el camarero de una de las terrazas de la plaza se apiada de nosotros y nos envía detrás de un gran edificio en uno de los laterales de la plaza, ya en el muelle Napoleón, y allí vemos por fin aparcado nuestro autobús, al que nos subimos un minuto antes de la hora de salida.
El billete cuesta 1,20 € sea cual sea el destino, lo que nos facilita bastante la tarea, puesto que aún no sabemos donde nos vamos a bajar del autobús. Preguntamos al chofer por una playa que esté bien, y éste, sorprendido, dice que podemos bajarnos en Barbajola o en Marinella. Mientras el bus arranca consultamos la guía y nos decidimos por esta última.
La Route des Sanguinaires es la ruta que une Ajaccio con la Torre de la Parata, una torre genovesa en el extremo Norte del golfo de Ajaccio. La carretera sigue la costa, separada casi siempre por bosques de pinos de las playas de arena de esta costa. O más bien de la playa, ya que se trata de una única y larga franja, en la que cada 100 m. hay un chiringuito que da nombre a su trozo de playa. Al Norte de la carretera, una cadena de montañas anuncia buenas posibilidades para practicar senderismo, como el Chemin des Crêtes, pero hoy no tendremos tiempo de recorrer sus senderos.
El chofer nos indica que hemos llegado a la playa Marinella, tras 10 minutos de recorrido. Hay varios hoteles en esta zona, todos en el lado de la carretera opuesto a la playa. Las únicas construcciones en la playa son los restaurantes, que en las noches de verano se transforman en discotecas.
Bajamos por unas escaleras hacia la playa, invisible desde la carretera. Kilómetros de arena dorada, agua transparente, entrada tranquila, con poca inclinación, hacia el mar. Hay gente en la playa, pero sin agobios. Disfrutamos un rato del mar y del sol.
Nos duchamos en la única ducha que veremos en las playas corsas y entramos en el Ariadne, uno de los restaurantes de playa en esta zona. Una enorme ensalada griega, unos mejillones al pastisse (buenos) con patatas fritas (congeladas) y un pichet de ½ litro de rosado nos cuesta 30 €.
Salimos del restaurante con tiempo de coger el bus que sale de la Torre de Parata a las 13.25 h. y volvemos al centro de Ajaccio. Pasamos las 2 horas que nos quedan hasta la hora del autobús paseando por la parte vieja. Estrechas y sombreadas calles de casas señoriales de varios pisos. Un par de iglesias con interesante decoración interior.
Y, sin esperarlo, la visita a la ciudadela. Normalmente solo se puede entrar en visita guiada una vez por semana. Pero cuando pasamos junto a la puerta vemos entrar a todo el mundo libremente. Los militares que atienden allí nos explican que este fin de semana son las Jornadas del Patrimonio y que abren las puertas a todo el mundo.
Dentro hay varias exhibiciones de artes marciales, vehículos y armas de guerra y demás parafernalia militar. Incluso la cantina de los soldados está abierta al público. Lo más interesante, además del edificio en sí mismo, son unas galerías subterráneas donde han montado una galería de arte, y una de las torres de vigilancia, justo encima de la playa de la ciudad. Aquí no se aburrirán los centinelas...
Antes de ir a la estación de autobuses, tenemos tiempo de tomar una Pietra en una de las terrazas de la animada calle del Cardenal Fesch, y de comprar en una librería un par de mapas que nos guiarán en la travesía que pretendemos comenzar mañana por la Alta Rocca, en las montañas del Sur de la isla.
A las 16.00 h. arranca el minibús, lleno hasta arriba. El recorrido es un continuo sube y baja, subiendo a pequeños puertos de montaña a veces, desviándose hacia el mar casi seguido. Nos llama la atención Olmeto, un precioso pueblo de montaña con grandes casas de piedra, que el minibús atraviesa de una punta a otra.
La mayoría de los pasajeros se bajan al llegar a Propriano, un pueblo costero con varias playas en sus alrededores. Las calles por donde pasamos en su parte vieja están bastante animadas. Seguimos hacia el interior, el conductor nos deja en la carretera, kilómetro y medio antes de entrar en Sartène, frente al hotel U Listincu, al que llamamos ayer para reservar una habitación (49 € la doble con baño). Salvo una única habitación en una casa particular en el centro de la ciudad (que ya estaba ocupada), es el alojamiento más barato de Sartène. Aparte de un par de hoteles caros, tampoco hay mucha más elección.
Los 15 minutos a pie que lo separan de la ciudad son el único inconveniente del hotel. Las habitaciones son modernas, espaciosas, con buenas vistas. El dueño es simpático y dispuesto a resolver las dudas que podemos tener. Nos duchamos rápidamente y subimos caminando hacía la ciudad.
Sartène se ha ganado el tópico de ser la ciudad más corsa entre las ciudades corsas. Más que por motivos políticos, la fama proviene por haber sido el escenario de crueles vendettas hasta hace no mucho tiempo. Y también por mantener algunas de sus antiguas tradiciones, de origen medieval, como la procesión del Catenacciu (Encadenado) en Semana Santa. Al entrar en la ciudad, damos un pequeño rodeo para dirigirnos hacia la plaza Porta (rebautizada como Plaza de la Liberación), el centro neurálgico de Sartène. Tétricas calles con grandes edificios de piedra, de hasta 6 plantas; contraventanas cerradas y ropa tendida. En la plaza destaca la silueta de la Iglesia de Santa María, completamente diferente de las iglesias que hemos visto hasta ahora (desgraciadamente está cerrada). De las paredes de piedra de la iglesia salen contrafuertes que la unen con las calles que la rodean, hacia el barrio de Santa Anna, formando estrechos pasadizos. Los contrafuertes, los portalones y las típicas escalinatas de acceso a la primera planta (símbolo de antiguas vendettas) forman auténticos laberintos en 3 dimensiones, y contribuyen a dar a esta zona un toque completamente medieval. Algunos de estos rincones, como el Impasse Carababa, un callejón sin salida, son especialmente bellos.
Volvemos a la plaza, desde el amplio mirador contemplamos el anochecer sobre el valle del Rizzanese. Buscamos un restaurante para cenar. Hay unos cuantos en el corso Soeur Amelia. Tras examinar un rato los menús en el exterior de algunos de ellos, entramos en el Restaurant du Cours.
Compartimos un lomo de cordero asado (extraordinario), un enorme escalope con jamón y queso, la habitual bandeja de quesos y un litro de tinto sartenais en pichet, excelente, todo por 43,50 €. El camarero invita a un par de chupitos de aguardiente para terminar. De nuevo hemos cenado de maravilla.
Para hacer la digestión, nos dedicamos a recorrer las calles de Sartène por la noche. Subimos por las oscuras escaleras que llevan a la parte superior de la ciudad, esperando que aparezca súbitamente el fantasma de algún bandido. Volvemos al barrio de Santa Anna y sus callejuelas, aún más espectaculares con la iluminación nocturna.
Para llegar hasta la carretera que nos lleva hacia el hotel, bajamos por unas escalinatas, esculpidas en las rocas que mantienen la ciudad. Seguimos la carretera, poco iluminada, pensando con pena que nos hemos quedado con las ganas de conocer mejor esta bella ciudad.
Oracio
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Oracio Holiveira
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Domingo 16 setiembre. Caminando por la Alta Rocca.
Recorrido a pie: Ste. Lucie de Tallano - Serra di Scopamène. Tiempo según la topoguía: 5 horas. Tiempo real: ¾ h. hasta el cruce hacia Ste. Lucie + 4 ½ h. de etapa + 1 ½ h. de parada para comer y bañarse en el río.
Nos levantamos a las 07.00 h. y desayunamos en la habitación. Fruta y yogur, como de costumbre. Hoy comenzaremos una pequeña travesía de 2 días recorriendo las montañas y los pueblos de la Alta Rocca, siguiendo parte del sendero Mare a Mare Sud.
Este sendero se puede realizar completamente en 5 ó 6 etapas. Comienza en las alturas de Porto-Vecchio en la costa Este y termina en Burgu, a pocos km. de Propriano en la costa Suroeste. Nosotros queremos hacer un par de etapas de su parte central, caminando en sentido contrario al habitual, iniciando la travesía en Ste. Lucie de Tallano y terminándola en Zonza, desde donde pensamos bajar en autobús hasta Porto-Vecchio.
Estos 2 días corresponden al paso del sendero por la Alta Rocca. Esta región de profundos valles y tupidos bosques es una de las micro-regiones más características de Córcega. Está salpicada de varios pueblos con casas de granito, en la ladera de la montaña más alta del Sur de Córcega, el monte Incudine, que junto con el perfil en diente de sierra de las Aiguilles de Bavella, conforman los paisajes mas reconocibles de la Alta Rocca. Pueblos de granito que inspiraron a Merimée para escribir Colomba, la más famosa novela de venganzas en la isla.
Lo primero que debemos hacer estas mañana es llegar hasta Ste. Lucie de Tallano, a unos 20 km. de Sartène. No hay posibilidad de hacer el trayecto en transporte público. Ayer le preguntamos al dueño del hotel por un taxista que pudiera llevarnos hasta allí, pero nos dijo que nos cobrarán al menos 60 €. Eso si conseguimos encontrar a alguien que quiera llevarnos un domingo por la mañana. Nos recomendó que lo intentemos haciendo autostop. Bajando 4 km. por la carretera hacia Propriano, se llega al cruce con la que va hacia Ste. Lucie de Tallano y toda la Alta Rocca . Allí no deberíamos tener problemas para que nos paren hasta el inicio de nuestra travesía.
Así que, poco después de las 08.00 h. comenzamos a caminar carretera abajo, haciendo el gesto internacional con el dedo a los coches que pasan. Es domingo y a esas horas no pasa casi nadie, así que 45 minutos más tarde llegamos caminando hasta el cruce. Como no queremos pasarnos todo el día aquí esperando, nos ponemos el tope de las 10.00 h. para que alguien nos pare. En caso contrario, descenderemos los 5 km. que nos separan de Propriano, pasaremos allí el día y pillaremos el autobús de la tarde hasta Zonza.
Hoy hace de nuevo un día espléndido, y el sol comienza a calentar en esta hora temprana de domingo, en un cruce en mitad de la nada. Pero no han pasado ni 10 minutos cuando nos para un coche, una pareja de franceses que también están de vacaciones en Córcega. Llevan ya un par de semanas por aquí y mañana terminan su viaje por la isla. En 15 minutos llegamos a Ste. Lucie de Tallano, la puerta Oeste de la Alta Rocca.
Ste.Lucie de Tallano (450 m.) es un compacto pueblo que forma una bella estampa en la ladera de la montaña, sobre todo cuando se admira desde arriba y sus tejados de tejas anaranjadas destacan sobre el gris del granito de las paredes y el verde intenso de los bosques que rodean al pueblo.
En el pueblo compramos pan, llenamos las botellas de agua en la fuente, nos damos un paseo por las calles alrededor de la iglesia. Son ya las 10 de la mañana cuando comenzamos a subir hacia su parte superior. Varias personas nos dan ánimos al cruzarnos con ellos, un señor nos indica la dirección a seguir cuando nos ve buscando las marcas naranjas, un anciano nos hace saber que ya andamos con retraso empezando a caminar tan tarde...
Subimos por un sendero entre huertas hacia el barrio de Altagène (650 m.). Desde aquí arriba, las vistas sobre Ste. Lucie de Tallano son espectaculares. Pasamos junto a la bonita iglesia de Altagène y nos desviamos hacia una pista sin desnivel que sigue todo el rato junto al cementerio. La estructura de este último es muy curiosa. Durante más de un kilómetro se sucede una hilera de pequeños mausoleos, paralela a la pista, todos con la fachada hacia el valle de la Rizzanese. Muertos sí, pero con una estupenda vista del valle...
Seguimos subiendo suavemente, a veces en medio del maquis, otras veces con vistas al valle. Hasta que llegamos al col de Tavara (720 m.), el punto más alto de la primera parte de la etapa de hoy. Desde aquí comienza una abrupta bajada por el bosque hasta el cauce de la Rizzanese. A través de alguno de los claros del bosque, comenzamos a ver algunos de los pueblos que visitaremos entre hoy y mañana: Serra di Scopamène, Quenza, Zonza, que parecen medio suspendidos en la ladera de las montañas.
Una pasarela cruza el río a 385 m. altura. Como de costumbre, justo al lado encontramos unas cuantas piscinas naturales con sus cascadas correspondientes. Paramos aquí para tomarnos unos cuantos baños y comer nuestra ración diaria de queso y embutidos. Alargamos el descanso, como si quisiéramos retrasar los 500 m. se subida que nos quedan por subir hasta Serra di Scopamène, nuestro destino de hoy.
Al fin nos decidimos a ponernos las mochilas a la espalda y comenzar la subida. Son las 2 de la tarde y aún hace calor. La subida en zigzag, sin ninguna sombra, se hace dura. Las moscas, atraídas por nuestro sudor, se ponen pesadas. Sedientos, tenemos que controlar el agua. Nos acordamos del consejo del guarda del refugio A Sega, que decía que los embutidos no son buenos para comer en verano en la montaña, que es mucho mejor una ensalada...
Tardamos más de hora y media en llegar a las primeras casas del pueblo (880 m.). Preguntamos a una señora dónde encontrar una fuente. Nos debe ver bastante asfixiados, ya que nos coge un par de botellas y entra a su casa a llenarlas. Las bebemos sin moderación...
Más tranquilos, continuamos el camino de bajada por la carretera hasta la parte del pueblo donde se encuentra el gîte d’étape (850 m.). Nos cruzamos con un señor que nos indica el camino, y que luego resulta ser el dueño del gîte. Éste se encuentra justo en el piso superior de la central de bomberos de la comarca, así que estaremos protegidos contra los incendios... Antes de subir nos refrescamos en una deliciosa fuente que hay en justo al lado.
En la puerta del gîte un cartel anuncia que abre a las 16.30 h. Son las cuatro de la tarde, nos instalamos en una de las terrazas y comenzamos a dejar alguna ropa airearse en los tenderetes. Enseguida se abre la puerta y nos instalan en una habitación de 6 literas, inmaculada, al igual que los baños comunes en el pasillo. El precio es de 35 € / persona en media pensión, obligatoria.
Nos instalamos y tras la ducha pasamos un rato más en una de las soleadas terrazas del gîte, tomando una Pietra y leyendo un rato. A lo lejos se llega a divisar el perfile de las Aiguilles de Bavella. Qué bien se está aquí! Qué tranquilidad se respira!
Vemos llegar al resto de los senderistas que dormirán esta noche aquí. Tan solo una pareja de París, que están haciendo un circuito de 10 días combinando los Mare a Mare y el GR20 (hemos coincidido con ellos en el río este mediodía), y una pareja de Montpellier, recién jubilados (se les nota la alegría cuando hablan de ello), que recorren el Mare a Mare Sud en el sentido habitual. Los dueños no se enrollan mucho y nos instalan a todos en el mismo dormitorio, dejando vacíos todos los demás.
Antes de cenar vamos a dar una vuelta por el pueblo. Serra di Scopamène esta formado básicamente por una bonita iglesia y un conjunto de casas tradicionales de piedra, que rodean la plaza donde ésta se encuentra. Desde la plaza hay buenas vistas de todo el valle, de los pueblos cercanos y de las Aiguilles de Bavella. En la carretera que pasa justo al lado: el gîte, el bar, la panadería y la épicerie. Eso es todo. Se respira un tranquilo ambiente rural.
A las 19.00 h. estamos todos instalados en la mesa del gran salón/comedor, que hace las veces de estancia común para los huéspedes. Cenamos crema de tomate, guisado de cerdo salvaje con arroz, queso, y flan de castaña con natillas. En el precio de la media pensión está incluido un cuartillo de vino por persona. Al igual que en el gîte de Girolata, nuestro anfitrión ameniza la cena con sus historias, y su mujer es responsable de la cocina. Hemos cenado de forma excelente.
Alargamos todos la sobremesa con alguna que otra jarra de vino. Cuando los dueños del gîte se retiran, nos instalamos en los sofás del salón, sin hora límite. Los franceses (los 4) están interesados en realizar alguna travesía en el sur de España y les contamos nuestras experiencias en las Alpujarras y el Cabo de Gata. Apunto sus direcciones e-mail para pasarles la información que tengo.
La conversación acaba derivando curiosamente hacia el tema de los insectos. Los parisinos se encontraron con algunos bichos no identificados en el gîte de Burgu, y tienen el cuerpo lleno de marcas rojas, sobre todo ella. Todos contamos nuestros encuentros con mosquitos, arañas, garrapatas, ratas, serpientes,... Terminamos hablando del mosquito que transmite la chikungunya, que, según cuenta estos días la prensa local, ha decidido dejar las islas del Indico y este verano se ha instalado ya en Italia y el Sur de Francia.
Oracio
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« Última modificación: Diciembre 18, 2007, 08:11:59 por Oracio Holiveira »
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Oracio Holiveira
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Lunes 17 setiembre. Bajando de nuevo hacia el mar.Recorrido a pie: Serra di Scopamène - Quenza - Zonza. Tiempo según la topoguía: 4 horas. Tiempo real: 4 h. caminando + ½ h. de visita en Quenza + 1 h. de parada para comer y bañarse en el río.Como cada día, toca diana a las 07.00 h. Media hora más tarde estamos todos en la mesa del comedor desayunando. La mermelada de higo casera está muy buena, y además del clásico desayuno de siempre, tenemos derecho a un yogur. A las 08.30 h. comenzamos a caminar, tras llenar las botellas en la fuente junto al gîte. Hay varias posibilidades (todas ellas dentro del Mare a Mare Sud) para llegar hoy hasta Zonza. Seguiremos el itinerario principal hasta Quenza, eludiendo una variante que alarga la marcha en 1 hora, y luego nos desviaremos por otra variante hasta Zonza. Por allí pasa hoy a las 18.00 h. un autobús en dirección a Porto-Vecchio. Comenzamos la subida desde Serra por una zona de escasa vegetación, con buenas vistas de los alrededores. Las Aiguilles de Bavella se van haciendo cada vez más nítidas en el horizonte. Llegamos a la aldea de Jallicu, un trozo de fin del mundo a más de 1.000 m. de altura. Hasta aquí sólo se puede llegar caminando, o por una estrecha y bacheada carretera de montaña. Vemos un centro ecuestre y una granja de cerdos, donde ofrecen habitaciones a quien quiera aislarse completamente del mundo. Varias vacas se pasean por la carretera. Las esquivamos, vamos dejando la aldea detrás nuestro y llegamos hasta un poste indicador, que indica el inicio del sendero que baja por el bosque hasta Quenza. Más abajo nos cruzamos con los primeros senderistas del día: 3 chicas que miran asustadas a un enorme cerdo que, desde el exterior de una valla, echa espuma por la boca, provocando ferozmente a las cerdas que se encuentran en el interior de la granja. Tanto ellas (las senderistas) como nosotros nos alejamos de allí intentado no llamar la atención del marrano. Seguimos bajando por el sendero hasta que llegamos a Quenza, otro bonito pueblo de casas de piedra, que vive un poco a la sombra del éxito de su vecino Zonza. Paramos allí un rato para visitar el pueblo. La fuente de la plaza está seca. Entramos en una tienda a comprar pan y la señora que atiende nos explica dónde hay otra fuente, a pesar de que tiene a la vista las botellas de agua que también vende. La encontramos a las afueras, en la parte baja del pueblo y llenamos de nuevo las botellas. Volvemos a la plaza. La iglesia está cerrada y nos sentamos en un banco al sol, disfrutando de tranquilidad y de las vistas de Bavella. Desde Quenza seguimos un rato la carretera y pasamos junto a un bonito castillo. Poco después un sendero por el bosque nos baja hasta una pasarela que atraviesa un río. Como siempre, parada para comer y bañarse. Aquí hay grandes y profundas piscinas naturales, que permiten hacerse unos largos nadando. Cruzamos la pasarela, uno después de otro, con miedo, faltan unos cuantos tablones de madera e incluso alguna de las vigas de hierro de la estructura. Ya sólo nos falta media hora de subida para llegar a Zonza, el final de esta segunda travesía. Zonza es el pueblo más visitado de la Alta Rocca. Miles de turistas paran cada día en el pueblo cuando suben en dirección al col de Bavella. La afilada forma de las Aiguilles se ve perfectamente desde el pueblo. El ritmo de visitas ha hecho florecer muchos comercios de productos corsos, y varios restaurantes de menús corsos, todos concentrados alrededor de la rotonda donde se encuentran las 4 carreteras que llegan al pueblo. Llegamos sobre las 14.00 h. El pueblo está a rebosar de visitantes. Demasiado para nosotros, sobre todo tras haber disfrutado de la tranquilidad del resto de los pueblos de la zona. No nos apetece mucho quedarnos aquí hasta las 18.00 h., cuando pasa el autobús para Porto-Vecchio. Además, nuestra idea es pasar por el pueblo mañana a una hora mucho más temprana. Así que decidimos hacer autostop hasta Porto-Vecchio. Salimos hacia las afueras del pueblo, pasamos junto a su curiosa iglesia, que nace desde una plataforma hundida varios metros con respecto a su entorno. Paramos en la carretera de salida hacia Porto-Vecchio, dejamos las mochilas junto a un murete y nos ponemos a esperar alguien que nos pare. Un anciano llega junto a nosotros, se sienta en el muro a nuestro lado y comienza a conversar con nosotros. Enseguida, el grupo que le acompaña, todos bastante mayores, se acerca hacia nosotros. Nos explican que son belgas (valones), que están de turismo por aquí. Comienzan un largo interrogatorio sobre nuestro itinerario en Córcega y nuestra forma de movernos por la isla. Les hace mucha gracia... Con todo el grupo en el borde de la carretera es imposible que nos pare nadie, así que nos resignamos y decidimos concentrarnos en la conversación con los belgas. Son encantadores los viejos! Nos hacen sonreír con sus ocurrencias durante casi media hora. Al fin se deciden a ir a sus coches, que han aparcado justo al lado. Se van con pena de no poder bajarnos a Porto-Vecchio, ellos van en dirección contraria. No pasan ni 5 minutos cuando para el primer coche, una pareja de jubilados franceses que van hasta Porto-Vecchio y que nos avisan que van a hacer alguna que otra parada por el camino para disfrutar del paisaje. Perfecto! En el coche comienza la conversación. Son de un pueblo entre Lyon y Ginebra. Hace años me tocó visitar a mí esa zona por trabajo. Seguimos concretando detalles y al final llegamos a la conclusión de que él trabajaba en la misma empresa donde a mí me tocó pasar una temporada hace 10 años. Si los cálculos no nos fallan incluso deberíamos haber participado juntos en alguna reunión de trabajo! Al parar en el primero de los miradores en la carretera, nos bajamos y al mirarnos confirmamos que efectivamente ya nos hemos visto antes. Qué pequeño es el mundo! La segunda parada es junto a la presa de Ospedale. El nivel del agua es bastante bajo y en la parte que no está cubierta por el agua se pueden ver miles de pinos cortados a pocos centímetros de su base. La imagen impresiona, da una idea exacta de la cantidad de bosque que tuvo que desaparecer para construir la presa. Nos dejan junto a las murallas que rodean la parte antigua de Porto-Vecchio. Esta minúscula ciudad amurallada, que siempre ha dado la espalda al mar, casi a un kilómetro de distancia, se ha convertido en los últimos años en la principal base del turismo balneario en Córcega. El principal motivo son las largas playas de arena dorada que se suceden hacia el Norte y hacia el Sur de la ciudad. Nos damos un paseo por la ciudad amurallada. Calles casi peatonales muy bien cuidadas, mucho comercio y mucho bullicio. Pero no llega a agobiar. No se está mal. Nos sentamos un rato al sol en unos bancos junto a la iglesia, que ocupa buena parte de la ciudadela. Ayer hicimos un par de llamadas para confirmar el alojamiento y el transporte en la zona para los dos próximos días. Por una parte llamamos al grupo de franceses que conocimos en Girolata para confirmar que su invitación de alojarnos seguía en pie. Respuesta positiva. Nos dicen que llamemos en cuanto lleguemos esta tarde a la playa de St. Cyprien. Por otra parte llamamos a Location Magliolo http://pagesperso-orange.fr/garage.magliolo. En Internet habíamos visto que era el sitio más barato con diferencia para alquilar un coche en la ciudad. Ayer fue domingo y tenían cerrada la oficina, pero se puso una señora que nos dijo que no tendríamos ningún problema para alquilar un coche cuando llegásemos a Porto-Vecchio. Nos confirmaron que tienen coches a 68 € / día. Antes de salir de viaje, mirando precios en Internet, era la única agencia de Porto-Vecchio que nos daba precios inferiores s 100 €. Pero al llegar a la agencia, nos dicen que ya no tienen ningún coche disponible. Así que empezamos a llamar al resto de las agencias. En National/Citer nos ofrecen un Citroen C3 por 88 € / día. Les decimos que en un cuarto de hora estamos allí. Bajamos por la carretera que une la parte vieja y el puerto, donde se encuentra la agencia, y cogemos el coche para 2 días. Más adelante nos arrepentiremos de no preguntar precios en Europcar, que es la única que tiene agencia en Bonifacio, y que nos hubiera simplificado bastante la llegada hasta allí pasado mañana, ya que además no se suele pagar suplemento por dejar el coche en otra ciudad. Nos ponemos en marcha en dirección de St. Cyprien. Paramos a la salida de Porto-Vecchio, en el supermercado de la cadena Hyper-U, donde compramos unas botellas de vino para agradecer la invitación de nuestros futuros anfitriones. St. Cyprien (o Sant Ciprianu) es una larga playa en forma de media luna, unos 15 km. al Norte de Porto-Vecchio. Un pequeño pueblo de casas de veraneo se extiende unos centenares de metros hacia el interior. Llegamos a la playa. Dejamos el coche en el parking. Llamamos a los franceses y quedamos con ellos a las 19.30 h. en el pueblo, frente a la Poste. Falta casi una hora. Aprovechamos para pegarnos un baño en las tranquilas aguas de la playa. Hay un chiringuito junto al parking. En el resto de la playa solo arena y pinos que llegan casi hasta el mar. Vamos hacia el centro del pueblo. Mientras esperamos, tomamos una cerveza en el bar frente a la Poste. Llega el grupo de franceses, nos saludamos y vamos todos hasta la casa que han alquilado para 2 semanas. Es una casa con 4 habitaciones (una de ellas la tienen libre, es la que ocuparemos nosotros) y una gran terraza con vistas al mar y a un canal que desemboca en él. Un sendero lleva hasta la playa, a 100 m. de allí. Nos invitan a quedarnos a cenar. Así que nos instalamos, nos duchamos, y metemos la ropa sucia en la lavadora. Y después aperitivo en la terraza, ensalada, carne a la barbacoa (tienen una parrilla de leña en la terraza), bastantes botellas de vino y conversación que se alarga hasta medianoche. Oracio
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Oracio Holiveira
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Martes 18 setiembre. Haciendo el tarzán en el cañón del Polischellu.
Hoy no madrugamos. Nos levantamos sobre las ocho de la mañana. Desayunamos todos juntos en el comedor. Normalmente se debería ver desde aquí la figura de las Aiguilles de Bavella, pero hoy las nubes no dejan ver nada.
El grupo de franceses han previsto hacer una caminata por la zona de Quenza, por donde nosotros anduvimos ayer. Nosotros queremos visitar el col de Bavella y el cañón del Polishellu. Así que tras quedar de nuevo para esa tarde, nos separamos.
Subimos por la carretera por donde bajamos ayer desde Zonza. A la altura de la presa de l’Ospedale la niebla no deja ver nada y hace bastante fresco. No sabemos si hoy será un buen día para remontar las cascadas de un río.
Pero cuando llegamos a Zonza, parece que el cielo comienza a abrirse. Paramos un rato allí, hay mucha menos gente que ayer. Visitamos su curiosa iglesia: bellas vidrieras, paredes pintadas con motivos kitsch, esculturas de santos del mismo estilo. Entramos en un par de tiendas de productos típicos. Nada interesante: los mismos productos que vimos ayer en el Hyper-U, a precios bastante más caros.
Seguimos por la carretera que sube hasta el Col de Bavella, a 1.055 m. de altitud. Antes de llegar hay un par de miradores con fantásticas vistas de las Aiguilles. En el puerto cruzamos por tercera y última vez las marcas del GR20. También aquí han montado unos cuantos comercios que viven de los senderistas hambrientos del GR20, y de los autobuses de excursiones, desde donde los turistas bajan con ropa de playa del autobús, hacen la foto rápida de una gran estatua de una virgen con las agujas de fondo y, ya muertos de frío, entran rápido en alguno de los bares/restaurantes del puerto de montaña.
Nos alejamos un poco, caminando, apenas 300 m. desde la carretera, y ya nos encontramos completamente solos, y con vistas aún mejores. Estamos un rato contemplando la cresta de afilados picos. Aquí arriba hace bastante fresco, aunque las nubes ya casi han desaparecido.
Nuestro siguiente objetivo es el cañón del Polischellu, a algo más de 9 km. desde el puerto, en la carretera que baja havia Solenzara en la costa Este. El sendero comienza justo a la izquierda de la carretera tras pasar el puente sobre el Polischellu, detrás de un panel de información del Parque Natural, a unos 470 m. de altura.
Aparcamos el coche justo enfrente. Fuera se nota el descenso en la altitud. Hace ya 28 ºC, perfecto para comenzar una caminata por el agua. El sendero se introduce cuesta arriba por un bosque cerrado, pero enseguida un desvío baja a la izquierda hasta el lecho del río. A partir de aquí comienza el espectáculo.
Hay que seguir por el cauce del río hasta llegar a la primera cascada, que cae en 2 grandes escalones sobre una gran piscina natural. Aquí nos damos el primer baño. Para continuar subiendo, damos un rodeo por la izquierda a través del bosque, bastante cerrado por la vegetación y ayudándonos con las manos para avanzar.
Bajamos de nuevo hasta el río y llegamos a la segunda de las piscinas naturales. Una cascada baja haciendo una especie de tobogán por la izquierda. Aquí nos pegamos el segundo baño del día. Pasa por allí un grupo haciendo descenso de cañones, todos vestidos con trajes de neopreno, saltando de poza en poza, dirigidos por un monitor. Al ver que cubre lo suficiente les imito y me lanzo de cabeza desde lo alto de la cascada.
La única forma de cruzar esta piscina natural es nadando. Así que dejamos la mochila junto a unas piedras, y tras cruzarla, trepamos por la pared derecha. Enseguida llegamos hasta la tercera cascada. Otro nuevo baño. Seguir subiendo parece ya más complicado. Consigo escalar las paredes junto a la cascada, y llegar hasta la cuarta. Pero la Sra. Holiveira no lo ve tan claro. Intentamos rodear la cascada por la derecha pero lo único que conseguimos es arañarnos con la vegetación. Decidimos comenzar el camino de vuelta. Más tarde nos explicarán que existe un camino que dan un rodeo por la izquierda y llega hasta la cuarta cascada. Con tiempo, es posible seguir hacia arriba el curso del río, pasando por hasta 17 cascadas y sus piscinas naturales correspondientes!
Bajamos disfrutando del agua, saltando en cada poza, saturándonos del frescor y de la transparencia de esta agua tan pura. En la cascada inferior hay un doble salto, uno de 2 metros por un tobogán, donde una pequeña charca consigue pararme antes de dar el siguiente salto, de unos 5 metros de altura. Cuando volvemos al coche nos damos cuenta de que han pasado más de 3 horas desde que salimos.
Un consejo si alguien pretende hacer el recorrido. Llevad solamente puesto el bañador, unas sandalias, y si acaso una camiseta que no os importe mojar (nosotros llevamos una mochila pequeña y lo único que hizo fue estorbarnos). Si lleváis cámara, llevadla dentro de alguna funda impermeable, que se pueda sumergir en el agua y que no os moleste para nadar (la nuestra se cayó al agua y aquí se acabaron las fotos del viaje, aunque afortunadamente al resto de las fotos no les pasó nada). Conviene empezar el camino bien temprano, es increíble lo rápido que pasa el tiempo mientras se avanza de cascada en cascada.
Y ya sólo queda disfrutar del cañón, para mí uno de los puntos fuertes en un viaje a Córcega. El mayor problema es dónde llevar algo de comida si se quiere pasar buena parte del día por allí. La única solución puede ser llevar una mochila totalmente impermeable, de las que se usan para hacer descenso de cañones.
Cuando arrancamos el coche son ya más de las 13.30 h. Y nos toca encontrar un lugar donde comer algo a esa hora tardía. Seguimos bajando hasta la costa Este y paramos en un chiringuito al borde del río Solenzara, junto a otra zona de baño formada por dos grandes piscinas naturales. Comemos allí 2 enormes ensaladas con todo tipo de charcutería (de calidad bastante justa) y ½ litro de rosado por 21 €.
Bajamos hacia la costa, atravesamos el pueblo de Solenzara y seguimos hacia el Sur, hacia la playa de Pinarellu. Al llegar a ella, nos desviamos de la carretera principal, y seguimos durante un rato la que discurre paralela a la playa. Dejamos el coche en la carretera y caminamos por el bosque de pinos hasta una zona tranquila.
La playa de Pinarellu es una larga y recta franja de arena dorada de varios kilómetros, que acaba en una península y después en una isla dominada por una torre genovesa. Entre el mar y la carretera que circula paralela a ella, solo existe la arena y bosques de pinos. Absolutamente nada más. Ni falta que hace!
En la playa se ven algunos bañistas, pero sin agobios. Entre cada grupo hay al menos 50 metros de arena. Nos quedamos allí un buen rato descansando y disfrutando de las tranquilas aguas del mar de color turquesa.
Más tarde volvemos al coche, seguimos la carretera en dirección a St. Cyprien, lo pasamos de largo y paramos en el Hyper-U. Hacemos algunas compras para traer de vuelta a casa, sobre todo algunas botellas de vino. Compramos también lo necesario para preparar esta noche un par de tortillas de patatas para todos, a lo que nos comprometimos ayer.
Volvemos a “nuestra casa” de St. Cyprien. De nuevo aperitivo en la terraza, donde nos contamos nuestras respectivas jornadas. Las tortillas, por supuesto, son un éxito. Y la sobremesa y el vino se vuelven a alargar hasta medianoche. No hay manera de llevar antes a la cama a esta pandilla de jubilados!
Oracio
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Oracio Holiveira
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Miércoles 19 setiembre. Las playas del “caribe corso”.Nos levantamos sin prisa, desayunamos, cambiamos direcciones con todos, nos prometemos visitarnos mutuamente y nos despedimos. Hemos pasado 2 agradables veladas en compañía de este simpático grupo. El plan para hoy era visitar el grupo de playas al Sur de Porto-Vecchio, para volver a media tarde hasta la ciudad, dejar el coche y pillar el autobús de las 19.00 h. hacia Bonifacio. Pero cambiaremos ligeramente de planes. Ayer llamamos a varios hoteles de Bonifacio. Los 2 hoteles más económicos nos dijeron que estaban completos para varios días. Y lo más económico que encontramos por teléfono fue un hotel donde nos daban un precio de 108 € por una habitación que ellos mismos consideraban como demasiado ruidosa! Así que hemos decidido acercarnos esta mañana hasta Bonifacio en coche, arreglar el tema del alojamiento para los 2 próximos días, dejar allí nuestras mochilas y volver poco a poco hasta Porto-Vecchio, parando en las playas de este tramo de costa. Comenzamos a arrepentirnos de no haber preguntado precios de alquiler de coches en Europcar, que son los únicos que tienen agencias tanto en Porto-Vecchio como en Bonifacio. Al llegar a Bonifacio recorremos algunos hoteles, tampoco hay muchos en la ciudad. Todo parece completo hoy. En un hotel nos ofrecen una doble para mañana por 80 €. Como dudamos, dicen que nos la guardan por una hora... Al final encontramos sitio en un bungalow en el camping L’Araguina www.campingaraguina.fr, en la carretera de entrada al pueblo, a apenas 200 m. del puerto, en la parte baja de la ciudad. Nos cuesta 78 € por una noche, y la amable recepcionista nos dice que hasta mañana por la mañana no debemos confirmarle si nos quedamos una noche más. Los bungalows son casetas prefabricadas, con materiales de mala calidad, pero funcionales, con pequeña cocina equipada de nevera, saloncito, cuarto de baño minúsculo, habitación donde cabe poco más que la cama, y pequeña terraza en el exterior. Son las 10 de la mañana y aún no está preparado nuestro bungalow, pero podemos dejar allí nuestras mochilas. Dejamos la ciudad por el momento, su parte alta solo la hemos visto, espectacular, desde el puerto. Pero ya volveremos esta tarde. Ahora vamos a disfrutar de las que dicen son las mejores playas de Córcega. Primera parada en Rondinara, una magnífica playa de 2 ó 3 km. en forma de concha. Es complicado llegar hasta aquí. Se accede por una carretera semi-asfaltada y con bastantes baches, un continuo sube y baja que se alarga más de 15 minutos en coche, se pasa junto a un austero camping que se encuentra a 500 m. de la playa, y se llega por fin a un parking. Se pagan 3,50 € por dejar el coche allí, dinero que en teoría se gasta en el mantenimiento del entorno. Pocas veces habré pagado tan a gusto por aparcar un coche! Y es que tras caminar 2 ó 3 minutos desde el coche, se llega a una playa realmente espectacular. Al inicio, un chiringuito (los franceses que nos han alojado nos dijeron que se come bien y barato). Y ningún otro edificio a la vista. Cuesta realmente imaginarse que cosas así puedan existir aún en pleno centro del Mediterráneo. Nos descalzamos y caminamos por la fina arena blanca, junto al mar, recorriendo todo el perímetro de la playa. A mitad de camino, unos salientes rocosos nos obligan a ponernos las sandalias para atravesarlos. Continuamos a ratos por un sendero, a ratos por pequeñas calas escondidas, ahora ya de guijarros. De vez en cuando encontramos algún que otro bañista tumbado en la arena, o nos cruzamos con un pequeño grupo de ellos. Llegamos al final de la playa y subimos a un pequeño promontorio que la cierra por uno de sus bordes. Desde un pequeño mirador se contempla la playa en su integridad. Estamos completamente solos. Las vistas son espléndidas. En el camino de vuelta nos pegamos un buen baño en las aguas cristalinas. A nuestro alrededor sólo vemos bosques de pinos que casi llegan hasta el mar. Nos secamos caminando, mientras volvenos hacia nuestro coche. Volvemos a la carretera principal y continuamos en dirección Norte, hacia Porto-Vecchio. Poco más tarde llegamos a Santa-Giulia. Se trata de una larga lengua de tierra que se interna en un bahía. A un lado de la lengua, una marina con su puerto deportivo, al otro lado una larga playa en forma de media luna. De nuevo un bosque de pinos separa los dos lados de la lengua de tierra, y al principio de la playa, en la arena, el restaurante del hotel Santa-Giulia (el hotel está situado en la marina). Como casi siempre, es la única construcción que se ve desde la playa. Ya es hora de comer y decidimos hacerlo aquí. 2 ensaladas y una botella de ½ litro de tinto Porto-Vecchio por 31 €. La ensalada corsa está mejor que la ensalada del mar, pero ambas no dejan de ser comida de chiringuito cara. Siguiente parada, la playa de Acciaju, otra pequeña playa de arena con un par de chiringuitos y aguas tranquilas. Parking de pago, aunque gratis a partir del 2 de setiembre. La recorremos totalmente, caminando descalzos por la arena. Llegamos al final de la playa. Seguimos descalzos por un sendero arenoso entre unas grandes rocas totalmente lisas que separan la playa de Acciaju de la de Palembaggia. Pequeñas calas entre las rocas. Por momentos nos creemos en la Anse Source d’Argent, la idílica playa en la isla de La Digue, en las Seychelles. Nos topamos con un inglés que no para de exclamar “ It’s nice!” a todo el que se le cruza. La playa de Palombaggia es una larga y bellísima franja de arena blanca, parcialmente a la sombra de espléndidos pinos, que hacen la misma función que las palmeras en las playas tropicales. Al final de la playa (al inicio desde donde llegamos nosotros) está el que dicen ser el chiringuito más chic de Córcega, el Tamariccio, con enormes tumbonas de teka sobre la arena, y que da nombre también a su trocito de playa particular. Se supone que la Palombaggia es la playa más concurrida de toda Córcega, pero hoy no se ve mucha gente. Paseamos de una punta a otra, unos 3 ó 4 km.. Se ha levantado un poco de viento y nos bañamos entre las olas. Vamos volviendo poco a poco, recorriendo de nuevo toda la playa y pasando de nuevo por el sendero que lleva a la de Acciaju, donde tenemos el coche. Seguimos ya hasta Porto-Vecchio. Paramos el coche junto a la agencia Trinitours, desde donde salen los autobuses de la compañía Eurocorse Voyages a Bonifacio. Son las 17.00 h. y queremos comprar los billetes para el bus que sale a las 19.00 h., entregar el coche, y dar un último paseo por la Ciudadela. Pero allí nos enteramos que el bus que queremos coger no existe desde primeros de setiembre. Es la línea que viene desde Ajaccio, que en verano pasa por Porto-Vecchio antes de tirar hacia Bonifacio, pero en estas fechas, la línea se divide en 2 a partir de Pianotolli, un pueblecito cercano al aeropuerto de Figari, desde donde un autobús sigue hasta Porto-Vecchio y otro lleva directamente a los pasajeros que van a Bonifacio. Cosas que pasan por no confirmar con antelación los horarios en la misma agencia... El siguiente bus para Bonifacio, sale mañana al mediodía. Y nuestras mochilas están en Bonifacio! Nos dicen que un trayecto en taxi nos costará entre 50 y 60 € (son 25 km). Nos volvemos a acordar de no haber alquilado el coche en Europcar. Pero vamos a intentar ahorrarnos unos eurillos. National/Citer, tiene agencia en el aeropuerto de Figari. Llamamos a la agencia en el puerto y nos dicen que no hay suplemento por dejar el coche en el aeropuerto. Aún estamos a tiempo de llegar allí, pillar un taxi hasta Pianotolli y coger allí el autobús. Conducimos los 25 km. que nos separan del aeropuerto. Paramos en Figari pueblo para llenar el depósito. La gasolinera es curiosa. Son un par de surtidores en la calle central del pueblo, con coches aparcados donde se supone que hay que ponerse a llenar el depósito. Algunos locales que están sentados en una terraza cercana nos informan de cómo funciona el sistema. Hay que entrar en un bar cercano a la gasolinera, encontrar allí a los dueños de los coches que han aparcado, pedir al camarero que ponga en marcha los surtidores, y esperar un rato a que todo esté disponible. Como para ir con prisa al aeropuerto! En el aeropuerto pillamos un taxi hasta Pianotolli. El taxista no está nada contento de que le toque un trayecto tan corto y lo expresa abiertamente durante el recorrido, de forma bastante desagradable. Acaba de aterrizar un avión y tiene prisa por volver al aeropuerto. Nos propone dejarnos en un cruce anterior al pueblo, donde según él se hace el cambio de autobuses. Por no aguantarle más tiempo aceptamos. Aún así nos sale la carrera 12 € por unos 5 km. Así que allí nos encontramos, en un cruce de carreteras en mitad de la nada, la tarde ya cayendo, cuando falta media hora para que pase nuestro autobús. Y esperando que esta vez no haya ningún fallo en los horarios... Llega primero un autobús vacío desde Bonifacio, que da la vuelta allí mismo. Es el que va a llevar a los pasajeros que cambian de autobús para ir a Bonifacio. Subimos y pagamos el billete (7,50 € / persona por unos 25 km). Se extraña mucho de vernos allí, hasta que le explicamos la movida con el taxista. Cinco minutos después llega el autobús que viene de Ajaccio. Suben los pasajeros hasta Bonifacio y seguimos la carretera de bajada hasta la ciudad. Por el camino vemos una bonita puesta de sol cuando pasamos por algunas zonas donde se ve el mar. Bonifacio es una auténtica joya. Su único problema proviene de su éxito. Todo el mundo quiere conocerla. El lugar donde se extiende la ciudad es ya de por si espectacular. Casi en el extremo sur de Córcega, una pequeña y alargada península se alza sobre unos verticales acantilados que dan hacia el mar. En la parte opuesta, se dibuja un estrecho puerto natural. Ya en el siglo IX se construyo un castillo en lo alto de la península, aprovechando las defensas naturales de la zona. Actualmente la ciudad se divide en 2 partes: la Ciudad Alta, en lo alto de la península, buena parte de ella amurallada, y la Marina, justo debajo de ella, que se extiende alrededor del puerto y en las rampas de acceso a las murallas, donde se sitúan prácticamente todos los alojamientos de la ciudad. La comunicación entre las 2 partes de la ciudad se realiza por un par de sinuosas carreteras, y varias escalinatas, que dan acceso a las puertas de entrada a la Ciudad Alta. El autobús nos deja en el puerto. Son ya más de las 19.00 h. Cogemos la llave de nuestro bungalow en la recepción del camping. Nos duchamos, quitándonos por fin la sal y la arena de las playas corsas. Salimos directamente a cenar, junto al puerto, en el restaurante Cantina Grill. Unas berenjenas a la bonifacienne, pescado del día con verduras, surtido de quesos y un litro de tinto en pichet por 41 €. Buen servicio y excelente comida. Después de cenar, ya de noche, comenzamos nuestro descubrimiento de Bonifacio. A estas horas hay muy poca gente paseando. Todos los visitantes del día se han marchado (tanto los que la visitan como parte de un circuito port Córcega,, como los que vienen desde Cerdeña en ferry a pasar el día, sobre todo italianos). Y como hemos podido comprobar, los alojamientos que hay en la ciudad no son suficientes para saturarla de gente. Salvo un par de opciones que se llenan en seguida, es realmente caro dormir en la ciudad, pero es totalmente recomendable quedarse a dormir y visitar la ciudad por la noche. Paseamos por la marina. Yates y veleros espectaculares amarrados en el puerto. Uno de los veleros es enorme, todo de madera, y lo que se ve de su parte interior es bastante lujoso. Subimos unas escaleras que nos llevan a la Ciudad Alta. Calles estrechas y oscuras con edificios de hasta 5 pisos, apretadas las unas contra las otras, como queriendo sostenerse entre ellas para no caer al mar. Algunas de ellas cuelgan literalmente del vacío. Las fachadas, como casi siempre en Córcega, no están lucidas. La mayoría de los portales no tienen siquiera puerta de entrada. Jugamos un buen rato a encender las luces de la escalera en algunas de ellas y a mirar en su interior. Es realmente flipante, en todas ellas hay una única escalinata que sube hasta el quinto piso, casi vertical, sin recodos. Escaleras de madera, de piedra, de granito, algunas de ellas están bastante decrépitas, con solo una cuerda que sirve de barandilla, algunas otras son preciosas. Pero todas ascendiendo directamente hasta la parte superior. Muy curioso. Nos asomamos a los miradores sobre los acantilados. Sobre la oscuridad de la noche solo destaca la blancura de las paredes de los acantilados debajo nuestro, y las luces de la isla de Cerdeña enfrente. Sólo se oye el chocar de las olas contra los acantilados. Tras recorrernos casi toda la ciudad, llegamos a la Puerta Genovesa, antiguamente la única puerta de entrada a la Ciudad Alta. Se observan aún los mecanismos de contrapesos que permitían hacerla funcionar. Descendemos la gran escalinata que lleva hasta el puerto y poco a poco nos dirigimos a nuestro bungalow. Oracio
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Oracio Holiveira
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Jueves 20 setiembre. Bonifacio y los acantilados de la punta Sur.Recorrido a pie: Bonifacio - Faro de Pertusato - Bonifacio. Tiempo real: 2 ½ h. + parada en la playa junto al faroA las 08.00 h,. cuando nos despertarnos en nuestro bungalow, ya hemos decidido que esta noche no dormiremos en Bonifacio. Emplearemos todo el día en visitar la ciudad y sus alrededores, pero por la tarde cogeremos el barco que nos llevará hasta Cerdeña, desde donde mañana cogeremos el vuelo de vuelta hasta Girona. Pero antes de confirmar nuestra partida en la recepción del camping, queremos hacer algunas gestiones. Bajamos a desayunar al puerto. Paramos en la terraza del chiringuito Coté Fruits, donde pagamos 6 € / persona por un completo desayuno, a base de zumo de pomelo recién exprimido, croissant, pan con mermelada y mantequilla, y café o infusión. Entramos luego en una librería cercana. Hojeamos la guía LP de Cerdeña que tienen allí expuesta para comprobar qué posibilidad de alojamiento existe en Santa Teresa di Gallura. Llamamos a uno de los teléfonos que allí aparecen y confirmamos que tenemos alojamiento para esta noche. Por último, nos acercamos hasta la punta del puerto, en la terminal marítima, donde compramos los billetes del barco hasta Santa Teresa para esta tarde a las 17.00 h., con la compañía Moby Line www.moby.it (15,70 € / persona). Curiosamente, las 2 compañías de transporte entre Bonifacio y Santa Teresa son italianas. Con todo atado, volvemos al camping y pagamos la cuenta en Recepción, donde la amable señora que lleva el camping nos permite dejar las mochilas hasta la tarde. Al pasar de nuevo por el puerto, vemos partir a los barcos que organizan excursiones a los acantilados y a las islas Lavezzi. Sólo hay grandes barcos cargados de gente en plan latas de sardinas. La visita a las islas Lavezzi puede ser interesante si se decide quedarse allí un buen rato entre barco y barco, pero para eso hace falta el día entero. Decidimos no hacer ninguna excursión en barco. Volvemos a subir a la Ciudad Alta, esta vez a la luz del día. Junto a nosotros, han aparecido ya varios grupos de turistas, y han aparecido también las tiendas de souvenirs, aunque a esta hora temprana no nos pegamos los unos contra los otros. Recorremos la parte Oeste de la península, fuera de las murallas, donde se levantan unos antiguos barracones militares y la iglesia de Saint-Dominique, una curiosa iglesia gótica, construida por los templarios. Pasamos intramuros, donde se empieza a acumular bastante gente. Admiramos ahora nítidamente las verticales escaleras interiores de los edificios, desde sus entradas sin puerta. Desde los miradores que cuelgan de los acantilados se ve el caos de blancas paredes y de grandes rocas caídas al mar, mostrando el peligro que tienen las casas al borde del acantilado. La última cayó al mar en 1966, muriendo dos de las personas que la ocupaban. Hay un camino barrenado con escalones que baja casi hacia el mar, pero cobran entrada por utilizarlo y además hay cola. Así que volvemos hacia las calles interiores: casas estrechas de varios pisos, fachadas sin lucir, ropa tendida en las ventanas, ahora ya muchos turistas. Entramos en la iglesia de Santa Maria Maggiore, perfectamente integrada entre las casas que la rodean y muy curiosa por dentro. Paredes descascarilladas, bellos y antiguos cuadros tapados por estatuas de santos y vírgenes colocados justo delante. Salimos de nuevo por la Puerta Genovesa y bajamos las escaleras que llevan hasta un pequeño colado. Desde aquí las vistas sobre las casas colgando de los blancos acantilados y de las olas rompiendo contra ellos son impresionantes Comenzamos una caminata siguiendo un camino enlosado junto a los acantilados, dándonos la vuelta de vez en cuando para contemplar las vistas de las paredes blancas y la Ciudad Alta. Seguimos, a veces por una estrecha carretera, a veces por estrechos senderos poco marcados. Pero no hay pérdida, la dirección que hay que seguir está clarísima, viendo siempre el faro, que es nuestro destino. Además hay bastante gente haciendo el circuito. El faro está en lo alto de un promontorio, desde donde se contemplan perfectamente las rocosas islas Lavezzi, y al fondo la silueta de Cerdeña. Desde aquí se distingue, junto al mar, debajo nuestro, una pequeña cala de arena blanca. Un camino baja drásticamente la vertical ladera hasta ella, pero preferimos dar un pequeño rodeo y bajar por un camino más sencillo. En la bajada nos cruzamos con una pareja de franceses que vienen de la playa. Nos dicen que tengamos cuidado con las medusas. La playa es una gozada, apenas una docena de personas. Vemos unas cuantas medusas, bastante pequeñas, pero el agua es tan cristalina que nos permite tomar nuestros últimos baños en Córcega, viendo siempre por donde andan las medusas y controlándolas un poco. Pasamos allí un buen rato, hasta que a las 13.30 h. decidimos que hay que volver a la ciudad si queremos comer. Tardamos algo más de una hora en hacer el recorrido de vuelta. La vista se fija continuamente en la Ciudad Alta sobre acantilados, ahora todo el rato frente a nosotros. Esa imagen de las casas integrándose perfectamente en el paisaje impregna completamente la retina y queda en la memoria durante horas y horas (y por mucho más tiempo en la tarjeta de memoria de la cámara). Son más de las 2 y media de la tarde cuando paramos a comer algo, en el mismo chiringuito donde hemos desayunado, el Coté Fruits, que también prepara crêpes y galettes. Pedimos cada uno una Pietra, un crêpe bien abundante y completo y 2 bolas de helado. Nos sale por 22 € y hemos calmado completamente el hambre. Los crêpes son enormes. Volvemos al camping, recogemos las mochilas y nos dirigimos tranquilamente hacia la terminal marítima. A las 17.00 h. sale puntual nuestro barco. Nos sentamos en cubierta, en la parte posterior, mirando hacia la popa del barco, mientras probamos la primera cerveza sarda, la Ichnos, que compramos en el bar del barco, una cerveza rubia sin carácter que nos hace añorar la Pietra. Vemos primero alejarse la ciudad de Bonifacio y luego la isla de Córcega entera. Al llegar a la costa sarda (una hora para recorrer los 12 km), aun nos parece contemplar las casas colgando sobre los acantilados. O es nuestro cerebro que no puede hacer desaparecer su imagen? Desde el centro de Santa Teresa vamos caminado hasta el centro de la ciudad, acostumbrando nuestros oídos a una nueva lengua por las calles, el italiano. En 5 minutos llegamos a la pensión Scano www.albergoscano.it, a 2 minutos de la plaza central. Según la LP de Cerdeña, es el alojamiento más barato en la ciudad. Pagamos 60 € por una habitación doble desayuno incluido. La habitación, con amplia terraza y amplio baño, está recientemente renovada y nos parece que todo brilla tal es la sensación de nuevo y limpio. Lo que no añoramos son las habitaciones corsas! Salgo a comprobar el horario del autobús de mañana al aeropuerto de Alghero. En la oficina de turismo, en la plaza central de la ciudad, me indican la hora de salida (las 16.00 h.), y el lugar (la terminal de autobuses, una especie de parking al aire libre que se encuentra enfrente de la oficiona de corros, junto al hotel Maggiore). Los billetes se compran en el mismo autobús. Asegurada nuestra conexión de mañana, nos damos un paseo por el centro de la ciudad. Santa Teresa di Gallura es un bonito pueblo costero de calles cuidadas y casitas bajas e inmaculadas, pintadas de alegres tonos pastes. Vamos, exactamente lo contrario a cualquier pueblo o ciudad corsa. Es increíble el contraste, a una distancia de apenas 12 km. Su mayor problema es que ha crecido demasiado hacia la zona donde se encuentra una bonita playa de arena, ahora totalmente rodeada de casas de hormigón, eso sí, de bonitas casas de hormigón. Parece otro país. Es otro país. Tomamos una cerveza en un bar de la plaza y comprobamos con horror que el precio del alterne es aún más caro que en Córcega. 3,5 € por una caña de cerveza rubia local! Cenamos en la pizzería Bape Satán, que también recomienda LP y que tiene carteles anunciándose por toda la ciudad. Las pizzas están buenas, pero el servicio y el ambiente en los patios al aire libre le dan al lugar un aire a fábrica de turistas. 2 pizzas, 1 litro de vino tinto del país y 1 expreso nos cuestan 33 €, incluyendo 2 € de cubierto por persona. El tinto es aceptable, pero nos hace añorar el vino corso. El café en cambio es excelente, no añoramos en absoluto el café corso, ni el café de toda Francia. Damos un paseo de noche por las calles del pueblo, nos asomamos a un mirador que da a la playa, y nos vamos aproximando hacia el hotel. Oracio
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Oracio Holiveira
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Viernes 21 setiembre. De playa en Cerdeña y final del viaje.Nos levantamos tarde, desayunamos muy bien en la pensión: un plato lleno de mantequillas y mermeladas, pan a voluntad. Se acabó el racionamiento corso, se acabó también la calidad de las mermeladas en el desayuno. Cómo bien nos había indicado el forero abeiro, hacia Capo Testa, a 3 km. de la ciudad, hay una zona de calas apartadas. Pero hoy estamos vagos y decidimos pasar la mañana en la playa de la ciudad. Dejamos las mochilas en la recepción de la pensión y bajamos hacia la playa. Aún no hay mucha gente. La pequeña bahía donde se sitúa la playa es un lugar muy bonito, pero seguro que hace 20 años era mucho mejor, antes de que la bahía fuera rodeada y finalmente conquistada por cientos de casas de hormigón. Poco a poco empieza a llegar la gente a la playa. Y también los vendedores de todo tipo de cosas inútiles, que van recorriendo la playa, buscando a las italianas de bien que finalmente (e inexplicablemente) rodean sus puestos en su ansia de comprar más que la vecina de al lado. Y también los grupitos de italianos posando impecables en bañador junto al mar, sacándose fotos con el último modelo de micro-cámara, con el fondo de Córcega 12 km. detrás de ellos, engominándose el pelo con agua de mar y abrillantándose la piel con la misma sustancia. Nada de esto vimos en las tranquilas playas de Córcega, que también empezamos a añorar. Al menos nos echamos unas buenas risas viendo toda esta parafernalia, acompañados por nuestros vecinos de playa alemanes, que flipan lo mismo que nosotros viendo todo lo que nos rodea. En el horizonte aún se puede observar a lo lejos la silueta de las casas de Bonifacio. O es nuestro cerebro, donde aún perdura su imagen, un día más tarde? Nos entra morriña... de Córcega! Nos damos un paseo hasta la Torre Genovesa que domina uno de los extremos de la bahía, recorriendo los bonitos y bien preparados senderos que recorren los acantilados sobre la playa. Entre las rocas alguna gente improvisa incluso una zona nudista. Nos damos los últimos baños en el mar y volvemos a la ciudad. Cerca del hotel hemos visto un pequeño restaurante que nos ha gustado, La Griglia. Anoche vimos que solo entraba gente con pinta de locales. Compartimos una ensalada mixta, una dorada, una lubina, las dos muy bien preparadas, un litro de vino blanco en jarra muy aceptable, agua, helados y cafés, todo por 54 €. Todo está excelente. El ristretto para terminar la comida me hace recordar la temporada que pasé en la Suiza italiana. Pasamos por la pensión a recoger las mochilas y nos encaminamos hacia la terminal de autobuses. Compramos el billete hasta el aeropuerto de Alghero al conductor (15 € / persona). El autobús sale a su hora y tarda 2 ½ horas en recorrer los 135 km. De lo que vemos por el camino, solo nos gusta un espectacular pueblecito costero, Castelsardo, encaramado en un promontorio junto al mar. El paisaje es bastante árido, y en la zona de Porto Torres, bastante industrial en el sentido menos estético del término. Vamos, que no dan muchas ganas de venir a visitar esta zona. En el aeropuerto de Alghero, que se sitúa en la localidad vecina de Fertilia, pasamos como podemos las 3 horas que nos separan del despegue del avión. Las colas para todo hacen que el tiempo avance: cola para facturar, cola para pasar nosotros mismos el equipaje facturado por un scanner, cola para pasar el control de policía, cola para comprar unos sándwiches en un pequeño kiosco de souvenirs, el único lugar tras el control donde es posible comer algo (4 € por cada unidad de una especie de crêpe relleno de casi nada). El vuelo de Ryanair sale a su hora, las 21.50 h., con destino al aeropuerto de Girona, donde uno de nuestros amigos nos espera para llevarnos hasta Cadaqués, donde pasaremos las siguientes tres noches, antes de volver a casa. Pero eso es ya otra historia. Espero hacer un pequeño resumen en el hilo de Cap de Creus, en el foro de Rutas por España. www.viajerosolidario.com/foro-de-viajes/index.php/topic,817.0.html Oracio
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« Última modificación: Enero 11, 2008, 02:14:52 por Oracio Holiveira »
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